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Políticamente incorrecto

Adversus populus 19

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I

Entre la sinfonía de voces (que más pareciera un escándalo), que se pronuncian a favor de votar, y los que invitan a no hacerlo, me inclino por lo segundo.

Diré por qué, ciertamente, pero antes tengan a bien hacerme una concesión. Esta consiste en aceptar como premisa que todas las personas, absolutamente todas, pensamos y por tanto actuamos políticamente: Piensa y actúa políticamente el franelero que resiste a los inspectores de reglamentos que intentan retirarlo o reubicarlo, ya sea porque de ello dependa alimentar a su familia o poder tomarse unas chelas al final de la jornada. Piensa y actúa políticamente el automovilista que se dice a favor de que el franelero sea retirado o reubicado, ya sea porque defienda el espacio público agandallado por el franelero o porque diga simplemente que no debe estar allí. Piensa y actúa políticamente el ciclista urbano que se enfrenta al automovilista que invade las vías, muy pinches por cierto, que se han dispuesto para la movilidad alternativa, si es que las hay siquiera. Piensan y actúan políticamente los editores de una revista digital, que teniendo los recursos para ofrecer una edición impresa de sus contenidos deciden no hacerlo.

De esto se desprende que la nuestra, como muchas otras, es una sociedad politizada. De tal forma que, en esta dinámica es prácticamente imposible sostener una posición, por decirlo de alguna manera, congruente. Es decir, no hay quién tenga una forma de pensar y actuar políticamente “pura”, pasamos todo el tiempo de posiciones liberales humanistas a democráticas populares, pasando por posturas más bien conservadoras, por no decir mochas, hasta llegar a otras francamente autoritarias. Pero si ustedes, amables lectores, creen que esto no es así, que conocen a alguien, o conocen a alguien que conoce a alguien, o alguna o alguno de ustedes piensa y actúa congruentemente con un núcleo de ideas o valores, que llamaremos aquí con el genérico de ideología, entonces no pierdan su tiempo, pasen a otras lecturas y ubíquense, a gusto personal, entre las bestias salvajes o los dioses de algún olimpo.

II

«Pensar» políticamente los problemas actuales, resultará tan útil para ésta y para las siguientes generaciones como lo ha sido para nosotros saber si los ángeles son o no seres sexuales, o si Eva o Adán tenían ombligo. Se debe señalar, y quiero ser enfático en esto, que cuando hablo de nuestro modo de pensar y actuar no lo hago desde un aspecto cognitivo, no hablo de problemas de tipo psicológico o filosófico, que parten de la experiencia individual. Por el contrario, defiendo la idea de que nuestras formas de pensamiento diferenciadas provienen de una construcción socio-histórica, que más o menos comenzó hace 200 años, pongan ustedes la fecha: 1776, año de la revolución norteamericana; 1789, año de la revolución francesa; 1795, año de la insurrección e independencia de esclavos negros en Haití; 1810 ó 1821, años en los que aún no nos hemos puesto de acuerdo en señalar como de la independencia de México. Cualquier fecha es válida si nos ayuda a establecer el origen del pensamiento político moderno. El pensamiento político moderno, sea cual sea su aliento ideológico, parte de la pretensión de que es posible conducir el curso de la historia, señalar el camino que como sociedad hemos de seguir, emplazado por un horizonte utópico.

Pero resulta que la innovación del pensamiento político moderno, respecto a las formas de pensamiento anteriores, no fue resultado de «pensar» políticamente la «realidad». En ello confluyeron varios factores, como los cambios en aspectos productivos y tecnológicos fundamentalmente. Estos cambios condujeron a la formulación de preguntas sobre sus antecedentes, implicaciones y las visibles transformaciones que acarreaban. Alguien, muy lúcido, propuso que «no es la conciencia de los hombres la que determina la realidad, por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia»; sí, tienen razón, se trataba del buen amigo Carlos, Carlos Marx.

Esta idea ha logrado trascender en el tiempo no por obstinación, ni por añoranzas de marxistas trasnochados, sino que ha dejado de ser una idea abstracta para erigirse como una respuesta concreta a un fenómeno social, como lo es el cambio en las estructuras de la sociedad. Sin pretender reducir el planteamiento, ni mucho menos desprenderlo de todo su contenido o limitaciones, me limitaré a señalar que existe una clara relación entre la economía y la política; de toda forma que cualquier transformación que pretendamos hacer de nuestra realidad social, no sólo derivará de pensar políticamente la realidad, sino que se sostendrá de nuestra capacidad de transformar la manera en la que socialmente producimos la riqueza y, más aún, de cómo la distribuiremos.

III

En algún momento, durante la administración federal del alcohólico de Felipe Calderón (afirmación que no discutiré aquí), se nos invitó a participar en el concurso «El trámite más inútil». Aunque la merecida ganadora fue una derechohabiente del IMSS, hay quien dijo que el trámite más inútil es el voto, hoy en día no podría estar más de acuerdo. Ningún gobernador, diputado federal o local, presidente municipal, regidor o quien sea, tiene la facultad o la atribución de decidir en política económica, y mucho menos en el tipo de economía política que como país nos define ante el sistema económico internacional. Quien diga que, de votar por ella o por él, mejorará tu situación económica, que las tortillas no faltarán en la mesa, que tendrás un mejor empleo o que resolverá la pobreza, habla para no decir nada. La Constitución política no brinda ningún margen de acción para que algún «representante popular» decida en economía. Todo político en México actúa en los márgenes que le proporciona la política económica nacional. Que aunque es política de Estado, el Estado mexicano no gobierna; podría, si nuestros representantes así lo quisieran. Obviamente se discute y acuerda en el idílico mundo del trabajo legislativo, ¿quiénes?, claro está que los «representantes populares», pero resulta que éstos no deciden en base a una voluntad popular.

Se me dirá que por esta misma razón es importante «ciudadanizar» la política, de tal forma que el voto es fundamental, que todo avance o retroceso en este tema es propio de la democracia, de sus tiempos. Pero, lo que no nos detenemos a contemplar, es que así como la «democracia» en México ha dado lugar a la participación de candidatos como Pedro Kumamoto, de quien sólo puedo expresar respeto y admiración, ni aún así votaría por él. Esto, en total desconfianza a las bondades de la «democracia» mexicana, que también ha dado lugar a la participación de candidatos como el ciudadano Guillermo Cienfuegos, «el payaso Lagrimita», a quien no le guardo respeto alguno, ni mucho menos a los artífices de su campaña y sus defensores, entre quienes cuento, desde luego, con sus justas excepciones, a los funcionarios del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

IV

En tanto, lo que debiéramos aprestarnos a discutir no es el sentido de nuestro voto, o si se debiera anular. Cualquier cambio que nos propongamos realizar tiene que ver con discusiones que se nos han dicho superadas. ¿Quién, quiénes y por qué decidieron que ya no se valía discutir la base de la propiedad privada? ¿Por qué un tema como este sólo se discute en foros especializados, a los que asistimos con el propósito de recabar evidencia de nuestra «productividad académica»? ¿De verdad resulta tan aberrante o herético hoy en día discutir si la riqueza es una construcción social y que por tanto su distribución no debe ser por un principio de propiedad privada? ¿Cuándo comenzaremos a discutir, democráticamente, el sentido de lo que producimos?

Aunque todo lo dicho sólo es una forma de pensar y, quizá, de actuar políticamente incorrecto.

Críticas, comentarios y donaciones de cualquier ejemplar de la Contribución a la crítica de la economía política a v4l3nc14@gmail.com

El río Lagos, «una represa de cagada»

El «recurso» más importante con el que contamos los habitantes de Lagos de Moreno es el río «Lagos». Es increíble que durante más de 400 años hubo un uso responsable de él y había cierto equilibrio entre las actividades productivas y el ecosistema que del río dependía.

En los últimos años lo hemos convertido en vertedero de todo tipo de desechos, domésticos e industriales. No han faltado los «bienintencionados» que lo han querido entubar, hacerlo un estacionamiento o convertirlo en una represa de cagada (pienso en la pequeña Venecia).

Al día de hoy carecemos de un plan, de un programa o de algún proyecto para que sea saneado, minimizar nuestro impacto en él y recuperar el ecosistema del que formábamos parte.

Nadie informa sobre las acciones que, en este momento, se realizan en el lecho del río. Políticos y formadores de «opinión pública» están más interesados en convencernos de su gran labor o en la descalificación mutua. Es nuestro recurso más importante y a nadie parece importarle.

Algo sobre la Iglesia católica en México

Adversus populus

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Parroquia de la Asunción en Lagos de Moreno, Jalisco, México. Foto: Aracely González Cruz (†)

I

Hacia 1934, a la luz de una profunda crisis económica a escala mundial y de la creciente lucha ideológica que acarreó a los grandes movimientos de masas a definir los bandos de la guerra que estaba por comenzar, Antonio Gramsci (Cerdeña, 1891-1937) dedicó especial atención al rol que la Iglesia católica desempeñaba en ese momento:

«Ya no es la Iglesia la que determina el terreno y los medios de la lucha; ella, por el contrario, debe aceptar el terreno que le imponen sus adversarios o la indiferencia y servirse de armas tomadas en préstamo del arsenal de sus adversarios (la organización política de masas). Esto es, la Iglesia está a la defensiva, ha perdido la autonomía de los movimientos y de las iniciativas, no es ya una fuerza ideológica mundial, sino sólo una fuerza subalterna» (Cuadernos de la cárcel, volumen 6, p.17).

Gramsci consideraba que la creación de la Acción Católica había inaugurado, como de hecho lo hizo, una nueva época en la historia de la Iglesia. El campo de lo político le había sido vedado y su posición en varios países del mundo se vio reducida al ministerio religioso; es decir, sus intereses terrenales quedaban a resguardo de grupos laicos que la Acción Católica aspiraba a dirigir, pero que no pertenecían a la estructura formal del clero. Entre otras variables, este hecho condujo a la reafirmación de las tesis secularistas que sostenían que el declive del pensamiento y de las instituciones religiosas ocurre por el avance del «progreso» y de la «modernización» de las sociedades occidentales.

En México, al tiempo que Antonio Gramsci escribía sus cuadernos desde la cárcel, la relación entre el Estado y la Iglesia se encontraba visiblemente deteriorada. Pese a los «arreglos» de 1929 que habían puesto fin a la cristiada (como atinadamente fue nombrada por Jean Meyer), en varias partes del país ocurría la persecución antirreligiosa, como también operaban aún células de combatientes cristeros, a quienes la Iglesia misma había dado la espalda despojándolos, incluso, del nombre de cristeros, pues rechazaba que su lucha fuera en nombre de Cristo, con el propósito de no desafiar al naciente régimen revolucionario.

II

En La democracia en México (1965), obra fundacional de la sociología en nuestro país, Pablo González Casanova plantea que la democracia es un hecho probable, pero las contradicciones estructurales en la distribución del ingreso son uno de sus principales impedimentos, como lo son también los factores del poder; estos son: los caudillos y caciques regionales y locales, el ejército, el clero y los empresarios. De la posición defensiva en la que se encontraba la Iglesia católica en las décadas de los 20 y 30, en la década de los 60 el escenario era otro, muy distinto: «De todos los factores tradicionales de poder puede decirse que la Iglesia es el único que ha sobrevivido a las grandes transformaciones sociales y que incluso ha recuperado e incrementado parcialmente su fuerza» (La democracia en México, p.55). ¿Qué había pasado con las tesis secularistas? ¿Por qué un país que había crecido ininterrumpidamente al 6% en su economía desde el fin de la II Guerra Mundial, en vías de desarrollo y con un desigual pero visible proceso de industrialización aún se decía más de un 90% de su población como católica y con una institución eclesiástica renovada y fortalecida?

Con excepción de los estudios antropológicos, el análisis del papel de la Iglesia católica en México no hacía más que reproducir una serie de lugares comunes y de prejuicios sustentados en el contubernio entre la Iglesia y el Estado, para así mantener el control de la población. Esto es, se dedicaban más a calificarla que a analizarla. No sería hasta 1992 con la publicación de Historia de la Iglesia católica en México, 1929-1982 de Roberto Blancarte, que obtendríamos respuestas al fortalecimiento de la Iglesia católica desde los «arreglos» de 1929, hasta su posición por momentos crítica y en otras de colaboración hacia la política social y económica del régimen.

Entre otras conclusiones, Roberto Blancarte señala que la Iglesia católica y las organizaciones laicas que le brindaban apoyo en la «cuestión social», no pueden explicarse sin tomar en cuenta dos principios esenciales: «1) la imbricación entre Iglesia y sociedad y 2) la permanente diversidad de opiniones en el seno de la Iglesia» (Historia de la Iglesia católica en México, 1929-1982, p.413). No hay un discurso único al interior de la Iglesia en México, hay tendencias dominantes que, por momentos, logran imponer sus concepciones sobre temas sociales y políticos. Es decir, hay sectores del clero en nuestro país que caben en lo que llamamos «integrales» o «intransigentes» (que no son lo mismo), como también los hay «progresistas». El predominio de unos y otros ocurre en función de las condiciones sociales y políticas; pero, sobre todo, en la medida que sus acciones se vean encaminadas a preservar su doctrina.

III

Desde lo anterior, aprecio que la actual visita del Papa Francisco a nuestro país tiene un mayor peso doctrinario que implica, indudablemente, una postura política hacia lo social.

Entre otros datos, los resultados del Censo de Población y Vivienda 2010, indican que en la última década la Iglesia católica perdió terreno en todos los estados del país. Destaca el caso de Quintana Roo (el estado más significativo), donde los fieles pasaron de conformar el 73.2% de la población estatal, a sólo 64.6%. En Jalisco (entidad donde la variación ha sido menor), durante 2010 el 92% de la población es católica; en el censo de 1990 el porcentaje era del 96.5%. Esta disminución en los porcentajes de católicos en el país resulta por demás significativa para entender los intereses vaticanos en nuestro país, debido a que no sólo ha disminuido el número de católicos, sino que los porcentajes de quienes profesan otras doctrinas, como las protestantes evangélicas, se han incrementado.

En el estado de Chiapas, por ejemplo, a donde el Papa Francisco acudirá en febrero próximo, la variación de católicos resulta por demás prioritaria desde un punto de vista evangelizador. En el año 2010, el total de la población en aquel estado del sureste mexicano se estimó en 4 millones 796 mil 580 habitantes; de los cuales 2 millones 796 mil 685 dijeron ser católicos, es decir que sólo el 58.3% de los chiapanecos profesa o dice profesar la religión católica. Casi un millón de chiapanecos (921, 357) practican una doctrina protestante evangélica, lo que representa el 19.2% de la población, mientras que más de medio millón de personas (580, 690) dicen no profesar religión alguna y representan el 12.1% del total.

Al margen del debate sobre si la visita del Papa a México tiene un propósito político, de legitimación de la actual y detestable administración de Enrique Peña Nieto, no hay que olvidar que la Iglesia católica tiene su propia agenda y sus propios intereses. Podemos decir que al igual que en la década de los 30 del siglo XX, al día de hoy la Iglesia católica en México ha perdido presencia en la arena de lo social, tanto en los ámbitos urbanos y rurales. De tal suerte que su presencia en México no es tan avasalladora como nos lo han querido hacer ver.

IV

En la década de los 50 del siglo XX, coinciden González Casanova y Roberto Blancarte, ocurrió un proceso de «profanización de las costumbres» en la población de nuestro país. Una buena parte de los mexicanos comenzaban a distinguir entre sus creencias religiosas y su práctica política, lo que era muestra de cierta modernización y, más importante aún, había un acercamiento entre los distintos sectores que históricamente habían sido identificados como clientelas del sistema político o de la Iglesia.

Al día de hoy, lo que se puede observar, es que la población en México ha incrementado y sostenido esta diferenciación entre los órdenes de lo divino y lo mundano. Es por ello que para buena parte de los mexicanos, la presencia de Francisco es intrascendente. Sin embargo, para el clero católico, pareciera que su agenda se encamina justamente a contener el proceso de conversión religiosa; no de la secularización, sino del cambio de un credo religioso a otro.

Al final de cuentas, como decimos en el pueblo, la visita papal debiera ser valorada como las llamadas a misa o las mentadas de madre. Las atiende el que quiere.

Críticas, comentarios y trámites para apostatar a v4l3nc14@gmail.com

 

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Un pinche desmadre

Adversus populus

Batalla de Kursk

I

En sus condiciones actuales habitar Guadalajara –sí, Guadalajara a secas, no me acabo de creer lo de la zona metropolitana, se ha vuelto un asunto arriesgado. En cualquier lugar, a cualquier hora, automovilistas de todo tipo, motociclistas, ciclistas y peatones, sostienen una interminable, tortuosa y difícil relación que muchas veces termina en tragedia.

Hablo desde la experiencia como automovilista; por razones que no vienen al caso narrar, buena parte de mi deambular por la ciudad ocurre a bordo de mi automóvil. No daré ninguna justificación al respecto, no empleo los medios alternativos y punto. No por necio, sólo así es. Lo sé, no estoy atorado en el tráfico, ¡yo soy el tráfico!

II

Tómese en cuenta como corolario que la capital jalisciense es la ciudad más motorizada del país, con 2.4 habitantes por vehículo y contando. De ahí que las obras en las calles y avenidas casi perpetuas de ampliación, reparación, mantenimiento, etcétera, sean insuficientes. Habitamos y circulamos en un espacio que en los últimos años no sólo ha venido a tornarse hostil en cuanto a infraestructura, sino que nosotros mismos nos hemos vuelto hostiles hacia los demás, detrás del volante.

Todo esto genera un costo. En cuanto a lo económico, sólo me limitaré a decir que la mayoría de esos vehículos que engrosan la estadística del INGEGI sobre automotores en Guadalajara, requieren un mantenimiento constante que muchas veces va en detrimento de otras responsabilidades. Que pueden ser desde el gasto familiar, hasta el pago de referendos vehiculares o de los seguros. No somos ricos, pero la mayoría de los poseedores de automóviles en Guadalajara destinamos buena parte de nuestros ingresos a lo autos. Gastamos en ellos como si el dinero no fuera problema. Amén del gasto público para que las calles sean transitables. Objetivo que, a mi entender, ha fracaso miserablemente.

El costo emocional para los automovilistas también es muy alto. Buena parte de ellos experimentan una tensión constante, que más pareciera ser una psicosis. De ahí que, en medio del tráfico, la conciencia más tranquila o la persona más serena, pueda llegar a convertirse en un auténtico cafre. No pensaba José Cruz (Ciudad de México, 1955) en Guadalajara cuando escribió y musicalizó «Un medio día triste», pero hago mías sus palabras cuando dice que: «la ciudad se ha vuelto una novia amarga».

III

Pienso todo esto luego de varios minutos completamente detenido en el «arroyo» vehicular. El motor en marcha y rodeado de otros vehículos sin orden alguno. Yo mismo comienzo a impacientarme. Para evitar ser presa de la ira y asirme del claxon, como lo han hecho otros, me imagino que la escena es otra.

Automóviles particulares, autobuses de pasajeros, camiones da carga, grúas y otros, en esta como coreografía por momentos torpe y ruidosa, recuerdan las escenas descritas por los historiadores, como Geoffrey Jukes, sobre la Batalla de Kursk. Aquellas en las que el Ejército Nazi y el Ejército Rojo desplegaron en conjunto más de tres millones de soldados y siete mil tanques.

Todos nosotros en el tráfico somos como los tanques Panzer alemanes o los T-34 soviéticos. Nos envestimos, carecemos de artillería pero se emplean los claxon como si lo fuera. «Disparamos» contra el que está adelante, contra el que nos cierra el paso, contra el que no se atreve a envestir al que está delante o al lado suyo. Maniobramos, buscamos los huecos y clavamos la delantera del auto en ellos, a la espera de que otros se muevan y salir así de la batalla. Aquello, y esto, debe ser un infierno. Al final, esta batalla de cláxones no termina; vuelve cada día a ser representada en algún lugar a cualquier hora de la ciudad.

IV

Hay quienes aseguran que todo esto es un caos, en cuanto a mí, lo dudo. Después de todo, el caos tiene la virtud de ser creador, de vitalizarse así mismo como lo hace el arte. Toda esta situación en medio del tráfico, cuando mucho, sólo se trata de un pinche desmadre.

Críticas, comentarios y vías alternas a: v4l3nc14@gmail.com

 

Proyecto Diez Un pinche desmadre

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Self fish eye

Vista desde algún lugar de los suburbios al norte
de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

 

Contra el Atlas

Adversus populus

Atlas

Para Román Villalobos

Tengo a la mano una bolsa de papel –de esas de papel de estraza, con la cual al momento de concluir este crónica, ceremoniosamente, me cubriré el rostro. Desde luego, no es literal, pero la metáfora funciona.

I

Quienes tienen el gusto –por no decir el placer, de conocer la bella ciudad de Colima pueden constatar que por el rumbo de la Comercial Mexicana –aunque por ahí no ha habido, no hay y no habrá una Comercial Mexicana, hay un anuncio de esos que llaman «espectaculares» que no he visto en ninguna otra parte, en el que puede leerse: «Porque los plazos se cumplen y los compromisos adquiridos se pagan»; a través del cual, una «empresa» dedicada a la cobranza ofrece sus servicios a quien esté dispuesto a acosar con toda la mala leche posible a los incaustos que, ¡oh tragedia!, caigan en moratoria de pago.

Pues bien, me dispongo a pagar mi deuda. Misma que adquirí al apostar a favor de mi equipo de fútbol en el reciente clásico tapatío, el sesenta y cuatro veces glorioso ¡Atlas! de Guadalajara. ¿Qué puedo hacer?, bien dicen que, después de todo, la de Atlas es la historia de un titán condenado a soportar el peso del mundo sobre su espalda. Y algo más. «Bienpensantes» y demás «bien-intencionados» absténganse, se cambia más fácil de pareja que de equipo de fútbol –conste.

II

Todo comenzó hace un par de semanas, quizá más. Me había estado vanagloriando de la penosa situación por la que atraviesa el club de fútbol Guadalajara. Si se están preguntando si me refiero a la A.C. o la S.A., es cosa que me tiene sin cuidado, como también me importa mucho menos que nada la situación sentimental y legal de sus dueños. El punto es que no faltó quién estuvo dispuesto a tasar monetariamente la rivalidad, a lo que me negué categóricamente. Después de todo, tratándose de un clásico tapatío, de lo que se trata es de hacer pasar un mal rato al rival. Y créanme, la estoy pasando mal.

¿Qué puede agraviar más a un afligido espíritu rojinegro como el mío, que el acto de hablar bien de «las Chivas»? Porque, hay que decirlo, el «rebaño sagrado» es el equipo de México. Un equipo que ha sabido obtener once títulos para la alegría de su afición. Es la representación de todo aquello que distingue a la identidad nacional, como también encarna el símbolo de la resistencia popular frente al poder central y burgués de la capital de la República y de las Águilas del América –chale. Por la boca muere el pez.

III

Para ser honesto, el juego ni lo vi. Sólo me enteré del resultado, un miserable 0-1 a favor de «las Chivas». Supongo que si se presta atención a las crónicas minuto a minuto de los diarios deportivos, el de anoche, fue un juego trepidante y lleno de emociones. Pero en honor a la verdad, con ese resultado, con toda seguridad fue un juego para el olvido. Pero no para mí. Esta breve crónica quedará como mi agravio personal e íntimo, como recordatorio de este día triste en el que mi ¡Atlas! me defraudó. Pero, no hay que olvidar que cada vez que el ¡Atlas! tiene la oportunidad de defraudarnos, lo hace.

Me parte el alma esto que voy a decir, pero tengo que decirlo. ¡Arriba las Chivas! –Judas.

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¿Volver a dónde?

Adversus populus 21

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I

Quienes tenemos acceso a redes sociales; o bien, a los medios masivos de comunicación, en los últimos días hemos atestiguado cierta algarabía por los treinta años del estreno de la película «Volver al futuro» (21 de octubre de 1985). La atención se ha centrado en los avances tecnológicos, propios de la ciencia ficción, que la película proyectaba hacia la fecha actual: 21 de octubre de 2015.

Sin embargo ­–con todas las reservas y consideraciones que un ejercicio de esta índole conlleva–, al momento de su lanzamiento, la primer cinta de la trilogía guarda poca relación con la fecha actual del calendario y, en cambio, resulta altamente significativa, desde un punto de vista propagandístico, con el estado de cosas que en materia cultural y política acontecía en la década de los años ochenta del siglo XX. Esta cuestión, me parece, puede ser descrita a través de un breve pasaje de la novela de George Orwell, 1984 (Destino libro 1999) en el que el autor narra y describe el riesgo de los sistemas totalitarios regidos por un pensamiento y Partido único: «“Quien controla el pasado ­–decía la consigna del Partido– controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado.” Y aún así el pasado, a pesar de ser alterable por naturaleza, nunca había sido alterado. Lo que era cierto hoy lo había sido siempre y lo sería hasta el fin de la eternidad. Era muy sencillo. Lo único que se necesitaba era una interminable serie de victorias sobre tu propia memoria. Lo llamaban “control de la realidad” y, en neolengua, “doblepensar.”» Dicho esto, veamos por qué.

II

La trama de «Volver al futuro» es como sigue. Un científico de nombre Dr. Emmett Brown, alias «Doc», convierte un automóvil DeLorean en una máquina del tiempo que, al no contar con financiamiento alguno, recurre a un grupo de terroristas libios para que ellos le proporcionaran el combustible (plutonio) necesario para que la máquina funcione. Los terroristas, al percatarse de que han sido engañados por el «Doc» quien se había comprometido con ellos a convertir su plutonio en un arma nuclear, irrumpen en el lugar de prueba, que había sido exitosa, para asesinar al científico. En ese trance Marty McFly, un adolescente amigo del «Doc» que había acudido al lugar de prueba con el propósito de filmar el experimento, huye de los terroristas en el DeLorean y, en la persecución, alcanza la velocidad necesaria para el viaje en el tiempo y súbitamente se traslada a 1955. A partir de ahí, el protagonista se avoca a «volver al futuro», pero no sin antes advertir al «Doc» sobre el peligro que en 1985 le espera y modificar algunos acontecimientos en su historia familiar que, hay que decirlo, se trataba de una familia caracterizada por la mediocridad de la clase media estadounidense.

El desenlace, como es de esperarse, es el retorno exitoso al futuro (1985), evitar el asesinato del «Doc» y el cambio radical de su familia; la cual, por la serie de acontecimientos que Marty McFly alteró en el pasado, deja la mediocridad en la que se encontraba para erigirse como una familia profesional y económicamente exitosa.

III

Desde la historia, la ciencia política o la sociología, se ha establecido formalmente el fin de la Guerra fría a partir de la desintegración de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS). No obstante que ese proceso podría remontarse, justamente, al año de 1985 cuando Mijaíl Gorbachov asumió la Secretaría General del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). En aquel año, ya como secretario del PCUS, Gorbachov implementó una serie de reformas económicas que de manera general conocimos como la «Perestroika» o la «reconstrucción» económica de la URSS. La cual ya daba trazos de desintegrarse y convertirse en la mayor catástrofe ético-política del siglo XX. La administración del presidente norteamericano Ronald Reagan, sin ninguna duda, contempló ese escenario y a partir de entonces comenzó una escalada de acciones encaminadas a acelerar ese proceso y proclamar el triunfo del «mundo libre», liderado por los Estados Unidos.

Treinta años atrás, en la década de los cincuenta del siglo XX, el escenario era muy distinto. En 1955, año en el que Marty McFly regresa en el tiempo, tuvo lugar el Pacto de Varsovia, en el que los países de Europa del Este, junto con la URSS, establecían un frente común de defensa militar ante los países occidentales organizados en la OTAN. En ese mismo año, la URSS tomaba ventaja en la carrera armamentista con los Estados Unidos y, en general, buena parte del mundo abrazaba las ideas del marxismo-leninismo. Además, en 1955, para contrarrestar la creciente influencia del comunismo en la región, los Estados Unidos se lanzaron a la Guerra de Vietnam; la cual, se convertiría en una de las mayores derrotas militares en la historia del siglo XX y daría lugar a una serie de movimientos civiles en los Estados Unidos en desaprobación de la guerra. «Make love, not war», remember brothers and sisters?

Desde luego, nada de esto último aparece en la película o se insinúa siquiera. Es ahí donde irrumpe el aspecto propagandístico y subjetivo del filme: la idea de que el presente, retomando el pasaje de 1984 citado líneas arriba, establece los criterios desde los cuales se hace una interpretación del pasado y, con ello, apropiarse de un discurso desde el cuál es posible –o se pretende– construir el futuro. A luz del declive de la utopía soviética en 1992, la historia pertenece al bloque antagónico capitalista y liberal.

IV

Lo que en la década de los cincuenta del siglo XX pudo pensarse como el periodo de esplendor ideológico del comunismo soviético, para la década de los ochenta del mismo siglo lo fue para el liberalismo norteamericano. La metáfora, si es que luego de todo lo dicho se nos permite proponerla, consiste en el hecho de que la alteración de ciertas interpretaciones en los acontecimientos en la vida de la familia McFly condujo a un nuevo estado de cosas. La mediocridad de los padres de Marty McFly, cuya historia como familia comienza en 1955, hacia 1985 era endémica a todos sus descendientes. Pero, una breve revisión de su pasado; así como «doblepensar» el origen de esa mediocridad, llevó a Marty McFly a obtener una victoria sobre su propia memoria. Es decir, el resurgimiento del american way of life como modelo de sociedad ideológicamente dominante.

En algún lugar se dijo que la década de los ochenta fue la década perdida, sin embargo, en ese periodo de tiempo, ocurrió uno de los mayores cambios ideológicos en la historia moderna del ser humano. Aquellos que condujeron al supuesto fin de las utopías y al establecimiento de un pensamiento único, del cual, aún no hemos encontrado alternativas. Quizá, porque lo que anteriormente distinguíamos como propaganda, hoy en día, lo llamamos cine comercial o holiwudense y forma parte de nuestra cultura popular. Algo, que Antonio Gramsci, señalaría como hegemonía cultural.

Críticas, observaciones, comentarios y conspiraciones propagandísticas holiwudenses a: v4l3nc14@gmail.com

Publicado originalmente en Proyecto Diez, periodismo con memoria el miércoles 21 de octubre de 2015 [haz click en la imagen]

Publicado originalmente en Proyecto Diez, periodismo con memoria el miércoles 21 de octubre de 2015 [haz click en la imagen]

No, 2 de octubre ¡no se olvida!

Hay quienes sostienen que los antecedentes del actual sistema político en México residen en 1977, a partir de la promulgación de la Ley LOPPE. Sin embargo, un día como hoy, hace 47 años, hubo un cambio radical en las relaciones entre gobernados y gobernantes, impulsado por el terrorismo de Estado y orientado por la respuesta de amplios sectores de la población que, en algunos casos, llevó a la competencia electoral a través de los partidos políticos y, en otros, a la formación de organizaciones clandestinas, revolucionarias. No, 2 de octubre ¡no se olvida!

Más que una petición, una exigencia: ¡Liberen a Semeí Verdía! #Ostula

Adversus populus 20

Semei Verdia

Semeí Verdía Zepeda, líder de los grupos de autodefensa del municipio de Aquila, Michoacán

I

El domingo 19 de julio comenzaron las fiestas del lugar donde vivo, «la subida» le decimos los habitantes de Lagos de Moreno, en Jalisco. Una amiga y yo, poco antes del acto, nos encontramos para tomar el fresco, comer una «panocha», beber un «aguanieve» y ver cómo sucedían los últimos preparativos, detalles que no les compartiré aquí.

Antes de que comenzara la fiesta nos retiramos. Nos despedimos y volvimos a nuestros quehaceres. Los míos no eran tantos, así que opté por dedicar la tarde al ocio de las redes sociales. La primera actualización en mi time line en Facebook fue la del colectivo Proyecto ambulante, una agencia autónoma de información cuyo eslogan es «construyendo contrainformación», el tema del que daba cuenta lo compartían otras agencias y colectivos como Subversiones y Desinformémonos, todo mi reconocimiento a quienes los hacen posibles y a la labor, a veces peligrosa e ingrata, que cotidianamente realizan.

II

El tema en cuestión era la agresión por parte de la Policía Federal y el Ejército mexicano en contra de los habitantes de la comunidad nahua de Santa María de Ostula, quienes habían bloqueado la carretera costera, para más seña la carretera federal México 200, en protesta por la detención del comandante de su Policía Comunitaria, Semeí Verdía Zepeda, la mañana de ese domingo 19 de julio. La respuesta del Ejército y la Policía Federal fue la violencia en extremo, nadie asume la responsabilidad de la orden, pero lo cierto es que la orden fue dada y sus efectivos abrieron fuego en contra de la población, ocasionado la muerte del menor Idelberto Reyes García e hiriendo de gravedad a otros menores y adultos presentes en el bloqueo carretero. Pueden consultar la versión de los hechos, por parte de los habitantes de Ostula, en la página del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez A.C. en esta liga.

Como muchas personas conozco la zona, como muchos de ustedes, en más de una ocasión, he disfrutado de las playas de San Juan de Alima, La Ticla en Aquila, El Faro de Bucerías, Maruata, entre otras. Pero también, en este 2015, por invitación del doctor en antropología Carlos Lucio, quien se dedica al desarrollo cooperativo de proyectos económicos para que comunidades indígenas y campesinas impulsen sus propias estrategias de crecimiento, tuve la oportunidad de conocer el poblado de Santa María Ostula y a algunos de sus habitantes, como Agustín Vera, quien ahora ha sido designado vocero de la comunidad en esta difícil situación. La agencia autónoma de comunicación Subversiones nos ofrece esta crónica y análisis de la lucha que, desde hace más de cinco años, han sostenido los pueblos nahuas en Michoacán: Embestida del ejército contra la comunidad de Santa María Ostula.

En algún lugar leí que «Se puede ver parte de la verdad y no reconocerla. Pero es imposible contemplar el mal y no reconocerlo», y lo que ocurre en estos momentos en aquella región de la costa en Michoacán, por decirlo así, es la manifestación «pura» del mal. Por ello, la manera en la que podemos manifestar nuestro apoyo a la comunidad y, de alguna manera, solidarizarnos con Semeí Verdía es apoyando las peticiones que para su liberación se han impulsado en las plataformas Change.org y la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos. Todos los Derechos para Todas y Todos [haz clíck en las ligas respectivas para firmar las peticiones].

III

En el encabezado de esta crónica sostengo que más que una petición, la liberación de Semeí Verdía es una exigencia, es cierto. La Procuraduría General de la República, a cargo de Arely Gómez González, ejerce acción penal en contra de Semeí Verdía acusándolo del delito de portación de armas de fuego y explosivos, de uso exclusivo del ejército; así como de haber cometido delitos electorales, concretamente la destrucción de material electoral [puedes leer al respecto en La Jornada].

Bajo una supuesta acción apegada al estado de derecho, en apego a la «ley», es que Semeí fue detenido y trasladado al Centro Federal de Readaptación Social número 4, ubicado en el municipio de Tepic, en el estado de Nayarit. Seamos claros, por supuesto que en apego al derecho es inadmisible que particulares se armen y tomen control de territorios o ejerzan funciones en la impartición de justicia, cuya atribución es exclusiva del Estado mexicano y sus instituciones. Pero, y se trata de un pero nada trivial, el surgimiento de los grupos de autodefensa y la reactivación de las policías comunitarias en varias partes del país, ocurrió, justamente, por el abandono del Estado mexicano a sus atribuciones en la impartición de justicia y, lo que es más grave e inadmisible aún, por su evidente respaldo, fomento o complicidad con organizaciones criminales dedicadas a la producción, trasiego y distribución de narcóticos; dedicadas por igual a la extorsión, secuestro y desapariciones forzadas; responsables del desplazamiento de comunidades enteras a causa de los asesinatos y el terror en general.

La de Semeí y demás habitantes de Santa María de Ostula no era otra cosa que la defensa legítima de su persona, sus familias, sus bienes y su comunidad. Insisto, en el idílico país en el que viven los funcionarios al más alto nivel, tanto federal como estatales, el estado de derecho es una realidad; pero, frente a ello, existe una realidad contraria, brutal, perversa. Aún clamamos por conocer el paradero de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa y una larga y dolorosa lista de agravios que nos estremecen e indignan. Indignémonos, pues, y clamemos por la liberación de Semeí Verdía.

Además, al igual que el poeta Javier Sicilia, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés; detener la guerra; liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas, a Nestora Salgado, a Mario Luna y a todos los presos políticos; hacer justicia a las víctimas de la violencia; juzgar a gobernadores y funcionarios criminales; boicotear las elecciones, y devolverle su programa a Carmen Aristegui.

Críticas y comentarios a v4l3nc14@gmail.com

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