El Jardín Industrial Canadá y la Unidad Popular 40 años después

«Queremos ayudarlo, no perjudicarlo. Hizo usted un gran servicio a occidente al derrocar a Allende»

Henry Kissinger a Augusto Pinochet  en 1976

En la página 16-B del periódico jalisciense El Informador, del lunes 4 de diciembre de 1972,  puede leerse el mensaje que Salvador López Chávez (1915-1976), presidente del «Consorcio Canadá», pronunció ante los entonces presidentes de México y Chile: Luis Echeverría Álvarez y Salvador Allende respectivamente, en el marco de la inauguración del Jardín Industrial Canadá «la primera industria zapatera de Latinoamérica» que, en aquel entonces, agrupaba a más de 8 mil trabajadores y una productividad anual superior a los mil millones de pesos. Además de las palabras reverentes, propias de aquellos años, el empresario zapatero habló de su intención de colaborar en el objetivo «de llevar a México a niveles superiores en su economía y desarrollo».

Lo que vendría para México, cuatro años después, fue la primer crisis económica del siglo. A partir de entonces, comenzarían una serie de intervenciones del Fondo Monetario Internacional (FMI); el cual, elaboró un diagnostico en el que, acertadamente, detectó en el país un proceso inflacionista, provocado por un exceso de demanda,  incentivada por el gasto público e incrementos salariales por decreto. Para la recuperación, México firmó un acuerdo de estabilización en el que se comprometía a reducir el déficit público, limitar el endeudamiento externo, así como facilitar la apertura de la economía hacia el exterior. En lo político, la década de los setenta del siglo XX, enmarcaría una serie de movimientos políticos e insurgentes en contraposición a la actitud autoritaria del régimen.

Para Chile las cosas fueron todavía más difíciles. Luego de la nacionalización del cobre en julio de 1971, el gobierno del compañero Presidente Salvador Allende, se vio envuelto en una serie de presiones políticas internacionales y locales, alentadas por los intereses económicos de las oligarquías nacionales y sus socios, mismas que denunció en repetidas ocasiones; como en la de su presentación ante las Naciones Unidas el 4 de diciembre de 1972, luego de haber estado en México. En septiembre de 1973, el recién nombrado comandante en jefe del ejército chileno, Augusto Pinochet, encabezó un golpe militar que acabaría con el programa político y social de la Unidad Popular encabezada por Allende.

En ordenes distintos, México y Chile sufrieron su inclusión en una nueva fase del sistema internacional que, en términos más honestos no fue otra cosa que someterse a la transición del capitalismo industrial hacia el capitalismo financiero. En nuestro país, pese al tono popular y soberano del régimen, esta inclusión ocurrió de manera consensuada por la clase política. Para la República de Chile, en cambio, el acatamiento al canon económico significó la instauración de un régimen de terror, alentado y sostenido por los Estados Unidos. Cuarenta años después, incluso, hay quienes celebran el golpe militar y, animan a militares de otras naciones a seguir el ejemplo:

Egyptians would be lucky if their new ruling generals turn out to be in the mold of Chile’s Augusto Pinochet, who took power amid chaos but hired free-market reformers and midwifed a transition to democracy

The Wall Street Journal, July 4, 2013. Page A10.

En muchos sentidos, el mundo contemporáneo es enteramente distinto al de los años setenta del siglo XX, pero, de manera estructural, el momento es temiblemente similar. La inclusión de los Estados Árabes en la esfera de influencia del mercado internacional, respaldado por la fuerza militar de Estados Unidos y sus aliados, en términos de mercado y del acceso y tránsito a materias primas, como lo fue el cobre en Chile o el petróleo y el agua en el Cercano Oriente, forman parte de una nueva «estrategia» para resolver la crisis en la que el sistema capitalista actual se encuentra.

Cuarenta años después, el lunes 9 de septiembre de 2013 en un acto público, el actual presidente de la República de Chile, Sebastián Piñera, sin ningún empacho culpa a Allende de «quebrantar la legalidad» antes del golpe hoy hace cuarenta años:

El resquebrajamiento de la democracia y las malas políticas públicas fueron generando un creciente caos político, económico y social […].  Ello no significa, por supuesto, que todas las responsabilidades sean equivalentes, pero sí que fueron mucho más compartidas de lo que algunos todavía sostienen, […] algunos quisieran creer que toda la responsabilidad recae en quienes cometieron u ordenaron cometer las violaciones a los derechos humanos (…) también tienen responsabilidad aquellos que no respetaron el Estado de derecho y promovieron la intolerancia, el odio y la violencia.

(Milenio, Septiembre 9 de 2013)

 Mientras, los jóvenes y buena parte de la sociedad chilena, se encuentran movilizados en busca de reivindicar su derecho a hacerlo y por conocer la verdad sobre el paradero de los aún 1200 desaparecidos de la dictadura. En términos conceptuales es fácil hablar de procesos o ajustes estructurales, pero, cuando somos concientes de los costos sociales y humanos de esos procesos, la realidad se torna absurda.

Justo es, entonces, preguntarnos a nosotros mismos si reconocemos la base donde se ha construido el mundo en el que vivimos y, si somos concientes del costo humano por preservarlo.

El Jardín Industrial Canadá varios años después de haber sido cerrado por la crisis de la empresa a finales de la década de los ochenta, se convirtió en el Mercado González Gallo para; al día de hoy, dar paso al proyecto Parques Guadalajara, donde ya ha comenzado la construcción de un Sam’s Club que formará parte del área comercial. La intención de llevar a México a niveles superiores de desarrollo, quedó como eso, una intención. La Unidad Popular chilena es, hoy en día, una reivindicación necesaria para la sociedad chilena.

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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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