Más mexicano que el nopal

A don Eutilio Santos Esqueda, In Memoriam

El próximo domingo 26 de noviembre, en punto de las 12:30 horas, en la plaza cívica de la Delegación de San Esteban, municipio de Zapopan, Jalisco, tendrá lugar la primera de una serie de presentaciones del libro: Crónicas de San Esteban.

Esta obra forma parte de un programa más amplio que, bajo el título de «Más mexicano que el nopal», fue impulsado en el año 2015 por la agencia Kaliopeo S.C., que dirige la socióloga Zafiro Rizo, con la intención de brindar a los habitantes de San Esteban, una mejor comprensión sobre ellos mismos entorno a los procesos sociales y económicos en los que se encuentran inmersos.

En algún momento de la década de 1970, la comunidad de San Esteban, ubicada en la zona norte del municipio de Zapopan, Jalisco, se encontraba inmersa en una crisis económica, inducida por la caída de los precios de sus productos agrícolas, como el maíz y el mango [¡sí!, en San Esteban, un microclima, se produce mango], así como por las dinámicas migratorias de los jóvenes, quienes buscaban mejores condiciones de vida en la capital de Jalisco: Guadalajara; o bien, en los Estados Unidos. Y fue ahí, en ese momento, donde el nopal verdura hizo su aparición.

No se cuenta con fuentes oficiales o documentales de ningún tipo, en las que se constate cómo es que esta comunidad comenzó a vocacionarse como una de las principales productoras de nopal verdura en Jalisco. Lo cierto es que la memoria colectiva reconoce a Jaime Alvarado como el autor de haber introducido el cultivo en la zona. El testimonio de varios de sus habitantes, como lo es don Eutilio Santos Esqueda de 75 años de edad, sostiene que, en aquel entonces, el joven Jaime Alvarado traía el nopal de Ziracuaretiro, Michoacán, con la intención de comercializarlo en los mercados de Guadalajara, como el Mercado Felipe Ángeles. Para después, caer en cuenta, de que el nopal podía cultivarse en sus propias huertas; lo demás, como se dice, es historia. Una historia que es narrada en Crónicas de San Esteban.

José Antonio Poblano, productor de nopal, en compañía de su hijo Antonio. Fotografía: Raúl Valencia Ruiz.

Sin embargo, más que una obra anecdótica o testimonial, Crónicas de San Esteban aborda la problemática que hoy en día afrontan sus habitantes; quienes se encuentran al borde de una nueva crisis social y económica, pero esta vez, inducida por el crecimiento urbano del Área Metropolitana de Guadalajara (AMZ), que ya ha alcanzado a la comunidad y ha comenzado a imponer transformaciones en el uso de suelo agrícola hacia el residencial; por la contaminación que dicha expansión urbana acarrea y amenaza sus fuentes de agua para la producción agrícola y el consumo humano.

Además de la valiosa colaboración y el entusiasmo de los habitantes de San Esteban, para su publicación, Crónicas de San Esteban ha contado con la participación de un equipo interdisciplinario de jóvenes profesionistas convocados por Kaliopeo S.C. y con el apoyo de instituciones, como la Secretaría de Cultura en Jalisco, a través del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC).

«Más mexicano que el nopal» está conformado por Zariá Casillas, Brenda Solorio, Luis Arreola y Rigo Castillo en investigación; Ana Sánchez y Raúl Valencia Ruiz en el trabajo de campo y Crónicas de San Esteban contó con la participación de José Ramón Cervantes Arciniega, Cecilia Scarlett Delgadillo Gómez, Diana Margarita García Alcalá, María de Lourdes López Mendoza y Manuel Ruelas Zepeda en la coordinación editorial, así como un espléndido trabajo fotográfico de Alethia García y de Jonathan Cuevas en el diseño y concepto editorial. En palabras de todos ellos, esta obra es en beneficio de los habitantes de San Esteban.

Equipo de «Más mexicano que el nopal». Fotografía: Jonathan Cuevas.
Equipo de «Más mexicano que el nopal». Fotografía: Jonathan Cuevas.
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La ciudad y los pájaros

Para mi amigo Luis Julián Castillo Murguía.

Hubo un tiempo en el que la convivencia entre los habitantes de Lagos de Moreno y las aves que se posan en los cables de la zona centro de la ciudad era aceptable. En parte, porque se trataba de un fenómeno estacional y, quizá, porque las aves en cuestión eran las golondrinas inmortalizadas por Gustavo Adolfo Bécquer: «Volverán las oscuras golondrinas // en tu balcón sus nidos a colgar, // y otra vez con el ala a sus cristales // jugando llamarán […]» y es sabido, por todo el mundo, que los laguenses gustamos de la poesía.

Era tal su aceptación, que la ciudad y los pájaros se convertían en único atractivo para los visitantes durante el otoño. Así, poco a poco, pese a las «molestias» que ocasionaban, las golondrinas fueron adoptadas como símbolo de la ciudad, pues figuraban en los carteles del festival Otoño en Lagos, que organiza el Centro Universitario de los Lagos, en las postales, camisas, tasas y demás souvenirs que algunos comerciantes ofrecen a los turistas, al igual que fueron incorporadas a la imagen de algunos establecimientos, o de las Fiestas de Agosto en Lagos. Con excepción de algunos de los residentes en la zona centro, a nadie parecía inquietar su arribo a la ciudad.

Sin embargo, algo cambió. En los último años no sólo las golondrinas han encontrado refugio en los cables de luz, sino que otras aves han convertido a la ciudad en su hábitat, para instalarse en las copas de los pocos árboles que pueblan las plazas públicas y el malecón del río de Lagos, o en las torres de las iglesias (que son muchas). En su mayoría, los recién llegados, son tordos, pero también los acompañan palomas, torcacitas, zanates y una cantidad impresionante de garzas. Al cuestionarse sobre la presencia de todos estos pájaros, se podría decir que «uno no tiene la culpa de que los animales busquen su acomodo», Juan Rulfo dixit. Pero también es cierto que debido a la buena cantidad de guano que producen, su presencia puede llegar a constituir un riesgo a la salud pública pese a que, hay que decirlo, las autoridades sanitarias en el municipio se han mantenido ajenas a la situación.

Sería largo enumerar y detallar aquí todas las enfermedades que los desechos de plumas y excremento de los pájaros pueden producir, acaso las más comunes pueden ser las alergias, pero también la salmonelosis, la toxoplasmosis, la coccidia, la encefalitis y la enfermedad del Nilo son posibles, así como la presencia de parásitos en el ambiente como lo son las garrapatas. El efecto más notorio de la presencia de todos estos pájaros, es el penetrante aroma a amoniaco en las inmediaciones del templo y rinconada de la Merced, que puede ocasionar intoxicación por nitrógeno ureico. Hasta ahora, la única acción visible que se ha tomado por parte de las autoridades del municipio, ha sido la poda de algunos árboles. Pero, cualquier acción que se emprenda, necesariamente conlleva cuestionarnos las causas que dan lugar a este fenómeno.

En algún momento, sobre este tema, un especialista en la radio se limitó a decir que los pájaros tenían derecho a estar ahí. Me hizo imaginar una asamblea, en la que las aves debatían los puntos de su programa de acción para «ocupar» la ciudad y conformar un comité, un frente o alguna otra organización en defensa de sus intereses de especie.

Luego de dar rienda suelta a la imaginación, pensé en la probabilidad de que la cada vez mayor presencia de aves en la ciudad, corresponde a la alteración de nuestro ecosistema. Pese a su alto grado de contaminación, el río Lagos constituye una fuente alimentación para distintas especies, ya sea por la proliferación de insectos, roedores e, incluso, la materia orgánica de nuestros drenajes. Aunado al hecho de que otras fuentes de agua, como lo son la laguna del pueblo de San Juan Bautista de la Laguna o los bordos de las rancherías, se encuentran avenados durante largos periodos de tiempo.

Por otra parte, tan sólo en este año (2017), Jalisco ha sido la segunda entidad del país con el mayor número de superficie afectada por incendios forestales. Entre los meses de enero y marzo, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), se registraron 106 incendios forestales, muchos de los cuales ocurrieron en la sierra de Comanja, visibles a simple vista desde distintos puntos de la ciudad.

Más allá de si los pájaros tienen derecho o no a estar aquí, lo cierto es que su presencia corresponde al colapso de su hábitat por causas naturales o, más probable aún, por el impacto que la actividad humana tiene en el ecosistema. Esta hipótesis se apuntala en el crecimiento de la marcha urbana en Lagos de Moreno y León de los Aldama, por la presencia de los campos eólicos en Ojuelos, en fin, por la profusión de la actividad humana en espacios que, hasta hace poco, se mantenían al margen del «desarrollo».

Sería un error considerar que los efectos del cambio climático sólo son observables durante las inundaciones o periodos prolongados de sequía, por los huracanes o los terremotos, así como negar que las acciones inmediatas de nuestra actividad también acarrean otro tipo de alteraciones en el ecosistema del que somos parte. Para darse cuenta de esto, basta con contemplar a la ciudad y los pájaros.

De las páginas de «Tres días y un cenicero»

Sentado a la orilla de la laguna pienso en las páginas de Tres días y un cenicero, de Juan José Arreola, en lo mucho que su obra me remite a lugares lejanos, que ya no existen y que, sin embargo, siempre vuelvo a ellos.

· · ·

[…] Aquí entre mazorcas y blandos juncos de tule, donde los indios tejen petates, amarran tapeistes y urden sillas frescas con armazón de palo blanco o pintado de azul celeste con flores rosas amarillas de cempasúchil, agria flor que huele a fermentos de vida y de muerte como tú… Aquí entre gallaretas, corvejones, sapos, ranas, cucarachas de agua y cucharones. Entre tepalcates, golondrinos y sambutidores pipiles. Bajo el vuelo rasante de agachonas y el rápido altísimo geométrico de zopilotillos vespéridos. Entre tuzas chatas y murciélagos agudos. Aquí te hallé última forma de soñar despierto. […]

Juan José Arreola —Tres días y un cenicero

El Congreso Nacional Indígena (CNI) y la lucha electoral

Adversus Populus

«Los espejos se han roto —decía Manuel Vázquez Montalbán en 1995—, los imaginarios se han esfumado y las razones que generaron las ideas sobreviven, pero, desorientados entre puntos cardinales trucados, ninguna respuesta nos cabe esperar de los horizontes donde en otro tiempo permanecían las siluetas que daban sentido a la Historia y a nuestra historia».

Es muy probable que, bajo esta premisa, la decisión que la asamblea constitutiva del Consejo Indígena de Gobierno (CIG) del Congreso Nacional Indígena (CNI), por la que se determinó nombrar a la indígena náhuatl María de Jesús Patricio Martínez como vocera y representante de los pueblos originarios del CIG para el proceso electoral del año 2018, no sea bien recibida por líderes y militantes de la «izquierda» partidista en México.

María de Jesús Patricio Martínez, vocera y representante de los pueblos originarios del CIG para el proceso electoral del año 2018. Fotografía: Víctor Camacho.

Hay quienes consideran que la participación de una candidata indígena —e independiente— a la presidencia del país, abona a los intereses de la clase política en México y a los del gran capital internacional que la controla, en demérito del «proyecto de nación» del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), liderado por Andrés Manuel López Obrador. Para algunos más, el sólo hecho de la participación electoral brinda de legitimidad al sistema político mexicano que se sostiene, en parte, gracias al modelo extractivo que afecta a la totalidad de los territorios indígenas concesionados o en vías de serlo al gran capital internacional.

Sin embargo, la defensa de sus territorios y, junto con ello, el de sus formas de organización social estrechamente vinculadas a la naturaleza, encuentra en la competencia electoral el último de sus recursos. Como lo ha señalado Víctor Toledo, «intentar una transformación de las sociedades mediante la vía de las armas es el acto más descabellado que se conoce» (La Jornada 2016/03/15), de tal forma que, en su propósito, los pueblos indígenas representados por el CNI, apelan a la capacidad de la sociedad civil en México para organizarse y sentar las bases de un nuevo modelo de sociedad.

No se trata, desde luego, del viejo dilema entre reforma y revolución, sino de un llamado a la movilización pacífica emplazada por un horizonte completamente distinto al que nos advirtió Vázquez Montalbán; se trata de comenzar a construir las bases de un mundo que es a la vez biológica y culturalmente diverso.


El Congreso Nacional Indígena, desde su constitución en 1996, ha insistido en un concepto de autonomía basado en la comunidad y el municipio como espacios privilegiados para la toma de decisiones en asuntos que les son inherentes, como el derecho sobre la tierra o las formas de representación. Un principio que se encuentra garantizado en el Artículo 115 de nuestra Constitución, en el que se señala que la célula básica del pacto federal es el municipio que, no obstante, siempre ha estado subordinado a los dos órdenes superiores de gobierno, como son los estados y la federación.

Compartimos con los pueblos indígenas las ideas y los conceptos que les motivan a la competencia electoral, por lo que, de cierta manera, su agenda es la nuestra. Se trata de una apuesta arriesgada, pero, en las circunstancias actuales, respaldar esta iniciativa de los pueblos originarios es un acto más allá de lealtades ideológicas, sino de congruencia con nuestra propia humanidad.

¿Quieres vivir deliciosamente?

Pero he aquí que llega Satanás, el eterno rebelde, el primer librepensador y el emancipador de los mundos. Avergüenza al hombre de su ignorancia de su obediencia animales; lo emancipa e imprime sobre su frente el sello de la libertad y de la humanidad, impulsándolo a desobedecer y a comer del fruto de la ciencia.

Dios y el Estado –Mijaíl Bakunin.

The Call of Cthulhu

 

The Thing cannot be described – there is no language for such abysms of shrieking and immemorial lunacy, such eldritch contradictions of all matter, force, and cosmic order. A mountain walked or stumbled.  If I say that my somewhat extravagant imagination yielded simultaneous pictures of an octopus, a dragon, and a human caricature, I shall not be unfaithful to the spirit of the thing. A pulpy, tentacled head surmounted a grotesque and scaly body with rudimentary wings; but it was the general outline of the whole which made it most shockingly frightful.

― H.P. Lovecraft, The Call of Cthulhu

Los insurgentes

Adversus populus

I

Cuando niño, aprender a conducirme bajo los preceptos de la doctrina católica era la razón por la que me enviaban a la escuela y al catecismo; porque, hay que decirlo, fui educado bajo un sistema que juzgaba inconcebible la distinción entre las creencias religiosas y la vida en sociedad. Nací y crecí en una región a la que se le atribuía ser un bastión del catolicismo, quizá siga siendo así.

Los libros de texto gratuitos, aquellos que aún despiertan gran animadversión entre algunos sectores de la población (no sólo católicos, conste), nunca los consulté. Algunas veces nos eran dados para colocarlos sobre o dentro de nuestros mesa-bancos, con el propósito de simular ante el inspector de zona de la SEP que el colegio cumplía con la exigencia de emplear esos materiales en las clases; para después confinarlos nuevamente en el almacén de la escuela.

El colegio al que asistí no era el único en su tipo, pero sí el más radical. Durante algún tiempo creí que el nombre Insurgentes le había sido dado en honor a los héroes de la independencia. Después comprendí que ese nombre se refería a los niños, y solamente niños pues las niñas asistían a colegios exclusivos para ellas, que habrían de convertirse en los nuevos defensores de las «libertades» de la Iglesia católica. Puesto que el Insurgentes había sido fundado en la década de los años 50 del siglo XX, en el contexto del fin del modus vivendi entre la Iglesia y el Estado en México; un periodo en el que, en palabras del profesor Roberto Blancarte, la Iglesia superó la situación defensiva en la que se encontraba para erigirse, nuevamente, como una fuente autónoma de poder.

Así, por más de 40 años, varias generaciones fueron educadas en su interior bajo los principios de una moral religiosa. ¿Cuántos de estos insurgentes, de esta u otras escuelas católicas en el país, atendieron el llamado del Frente Nacional por la Familia; en lo que consideran una «cruzada» por el matrimonio, los niños y la familia [sic]?

II

Como una paradoja, de esas que abundan en las cuestiones humanas, el Insurgentes ocupaba el edificio que alguna vez fue la Casa del Agrarista en mi pueblo, inaugurada por el presidente Lázaro Cárdenas, a quien la jerarquía católica señalaba como un enemigo de la Fe, por sostener la educación socialista y los artículos 3º, 5º, 24, 27 y 130 de la Constitución.

Otra paradoja estriba en el hecho de que la disputa entre la Iglesia católica y el Estado, por las reformas constitucionales que reconocen el legítimo derecho del matrimonio entre personas del mismo sexo, ocurre bajo la supuesta laicidad del espacio público y la evidente imbricación entre la sociedad mexicana y la práctica religiosa. Dicha imbricación se articula a través del número de escuelas, asilos, orfanatos y todo tipo de organizaciones e instituciones, en las que aún pervive una visión integral e intransigente sobre los cambios de la vida en sociedad. Ciertamente no representan la totalidad de las corrientes que coexisten al interior de la Iglesia, pero sí lo son del discurso dominante representado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Legalmente, las reformas constitucionales que han dado lugar a la movilización de los sectores afines a la Iglesia, suceden en el marco legítimo y deseable de la relación entre el individuo y el Estado. Sin embargo, una perspectiva más útil para comprender la naturaleza del conflicto, es que en esa relación individuo-Estado debemos considerar la estructura de grupos y asociaciones que se sitúan en un lugar intermedio de esos extremos.

Es decir (y aquí nada tiene que ver el dogma), cualquiera que sea la capacidad del Frente Nacional por la Familia, en términos de movilización, se trata de un poder corporativo sustentado en el amplio y diverso número de organizaciones presentes en la estructura social mexicana; de aquella que reivindica un sistema de valores emplazado por una visión religiosa de la vida en sociedad.

III

En este sentido, una hipótesis sugiere que la pretendida laicidad de la educación, y en general del espacio público, ha fracasado. O, por lo menos, las instituciones del Estado se encuentran fuertemente disminuidas; a tal grado que un poder corporativo, como el de la Iglesia católica, es capaz de desafiarlo puesto que, después de todo, ¿quién puede negar la existencia legal de esas organizaciones y su derecho a manifestarse? Además, ¿no han sido algunas de estas organizaciones un contrapeso a los excesos o a las ausencias del Estado de Derecho en nuestro país?

Nos encontramos ante una encrucijada. Ante una situación que recuerda un pasaje de El luto humano; en el que, en medio de la noche, aparece la fuerza de un río desbordado como metáfora de la vida, acaso de la historia; en donde, para poder sobrevivir, un cristero, un agrarista y un puñado de miserables, se ven entre sí como necesarios, como los únicos artífices de su propia redención, desprovistos del manto protector de la Iglesia y el Estado que uno y otro defendían.

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Temacapulín y el arte de la resistencia

Adversus populus

Temaca resiste

I

Cuando la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) anunció en el año 2005 la edificación de una presa en Los Altos de Jalisco, y que esta obra implicaría la afectación y el desplazamiento de los habitantes de las comunidades de Temacapulín, Acasico y Palmarejo; probablemente, supuso que la población alteña recibiría esta decisión con beneplácito y que daría por zanjado el conflicto que ocasionó la primera intención de construir la presa en San Gaspar de los Reyes, una delegación del municipio de Jalostotitlán.

A diferencia de San Gaspar, Temacapulín, Acasico y Palmarejo contaban con una población relativamente menor, más dispersa e integrada en su mayoría por adultos mayores que, conjugado con otros factores, hicieron suponer que la resistencia a la realización de la obra sería menor o fácilmente acallada.

Sin embargo, ninguno de los directivos responsables de la presa como en su momento fueron el exdirector de la Comisión Estatal del Agua (CEA) César Coll Carabias o Raúl Iglesias Benítez, exdirector del organismo de la Cuenca Lerma-Santiago-Pacífico de la CONAGUA, conocían todas las potencialidades que los pobladores de estas comunidades podían desplegar para la defensa de sus territorios, de su identidad y de su historia.

II

En la última década, la estrategia que han seguido los habitantes de Temacapulín ha sido pacífica y desde distintos frentes. Por una parte ha sido legal, pues en julio de 2014 varias resoluciones judiciales, entre las que se incluye un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), determinaron la suspensión de la obra.

El fallo a favor de los argumentos de los pobladores se sostiene por las irregularidades que ha seguido el proceso de la presa, que van desde las decisiones personales de algunos funcionarios públicos, como la del exgobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, que pretendía que la altura de la cortina de El Zapotillo pasara de los 80 a los 105 metros de altura.

Así mismo, la asignación de los contratos de obra y los recursos destinados para la compra de las propiedades en las comunidades afectadas, han tenido un uso discrecional que ha sido denunciado por parte del Comité Salvemos Temaca. Pues, en el año 2015, la Comisión Estatal del Agua de Jalisco asignó un total de 56 millones 431 mil pesos para la adquisición de 14 viviendas en este poblado. La Unidad de Transparencia de esa dependencia confirma que el Estado, utilizando recursos federales, pagó en promedio cuatro millones 30 mil 785 pesos por cada casa adquirida el año pasado (El Informador, 03/05/2016).

III

Por otra parte, el Comité Salvemos Temaca, que dirige Gabriel Espinoza Íñiguez, ha establecido redes de colaboración y solidaridad con otras organizaciones y comunidades en situaciones similares a las de Temaca. De acuerdo al testimonio de sus habitantes, estas organizaciones han apoyado de manera decisiva la causa a su favor y su labor ha contribuido para que la opinión pública cuente con una versión informada de lo que ocurre entorno a El Zapotillo, así como promover actividades para la recaudación de fondos como lo son la Feria del Chile y la Carrera de los Remedios.

Para este 2016, la Feria del Chile y la Carrera de los Remedios se llevaron a cabo los días 27 y 28 de agosto. Para su realización, los habitantes de Temaca contaron con el apoyo de la Campaña Nacional en Defensa de la Madre Tierra.

IV

El cultivo del chile de árbol y la producción de salsas caceras derivadas de esta variedad del chile, han sido fuente de recursos y de identidad para la comunidad. En este sentido, podemos decir que la población de Temacapulín se ha visto en la necesidad de hacer una mirada introspectiva y encontrar aquello que les vincula les distingue respecto de otras poblaciones. Pese a que la amenaza de ser desplazados continúa, lo cierto es que los habitantes de Temacapulín han hecho de su lucha un arte, el arte de la resistencia.

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Espera por los gusanos

El miércoles 20 de julio de 2016, un amigo y yo nos encargamos de despedir a un gato que yacía muerto a mitad de la avenida. Entre sus despojos abundaban los gusanos; así que, desquehacerado como ando, tomé un video de ellos y aquí les dejo lo que hice con el