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La frontera de lo humano

[pensamientos sueltos]

No son los cielos o los océanos las fronteras del ser humano, son las emociones. Por mucho tiempo lo he pensado, mejor dicho, lo he sentido. En momentos me olvido de ello; pero, en situaciones como esta, vuelve la sensación y me proyecta como un cohete a ningún lado o me lleva al abismo de donde no creo salir. En algún lugar de éste o aquel sitio me encuentro.

En lo esencial, en aquello que alimenta el espíritu o lo mina hasta casi acabarlo, es donde deben buscarse las respuestas. En tanto, resulta apremiante contar con las preguntas que se desea sean respondidas, resueltas. Por eso siento que más allá de la ciencia o de las religiones, nada más importa que lo humano. La razón o la creencia son una parte, pero en ambas subyace lo humano. El experimento logrado o el amor fallido son actos de creación, de exaltación y de consumación que nos conducen a un nuevo principio que habrá, lo queramos o no, a un nuevo final.

En celebración

Estás sentado en una silla, nada te toca, sientes cómo se vuelve el viejo un ser más viejo, imaginas sólo la paciencia del agua, el fastidio de la piedra. Piensas que el silencio es la página de más, piensas que nada es bueno, ni malo, ni siquiera la sombra que invade la casa mientras tú miras, sentado, cómo la invade. Otras veces la has visto. Tus amigos pasan tras la ventana, en sus rostros la marca de la pena. Quisieras saludarlos pero no puedes ni alzar la mano. Estás sentado en una silla. Te vuelves hacia la yerbamora que extiende sobre la casa su red ponzoñosa. Pruebas la miel de la ausencia. Es lo mismo. Donde quiera que estés, es lo mismo que se pudra la voz antes que el cuerpo o que se pudra el cuerpo antes que la voz. Sabes que el deseo lleva a la pena, la pena a la consumación, la consumación al vacío. Sabes que esto es diferente, esto es la celebración, la única celebración, sabes que si te das entero a la nada habrás sanado. Sabes que hay alegría en sentir cómo tus pulmones preparan su futuro de ceniza, y así esperas, miras y esperas: el polvo se establece. Rondan la sombra las horas milagrosas de la infancia.

—Mark Strand

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Corazón de cacto

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Presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, 2012 | ¿2018?: «Peña que cae»

Naturaleza en mono

Pensémoslo

En 1965 Pablo González Casanova advirtió que el país se encontraba al borde de una represión fascista; demostró la imposibilidad de una revolución y llamó a las distintas fuerzas políticas contrarias al régimen a encausar sus esfuerzos a la construcción de una democracia. Sin embargo, pocos lo escucharon. Tres años después ocurriría la masacre de Tlatelolco.

Hoy en día, luego de la fallida democracia que supuestamente había llegado al país con el triunfo de la oposición electoral, de la sistemática acción de los gobiernos locales, estatales y federal en contra del interés público y una larga lista de agravios, ¿hacia dónde hay qué mirar?, ¿qué voces hay qué escuchar? Esto es ¿el principio de un fin? ¿de un cambio? ¿cuál? Pensémoslo

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Don Martín

De la serie «cristero y federal»

 

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