De las páginas de «Tres días y un cenicero»

Sentado a la orilla de la laguna pienso en las páginas de Tres días y un cenicero, de Juan José Arreola, en lo mucho que su obra me remite a lugares lejanos, que ya no existen y que, sin embargo, siempre vuelvo a ellos.

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[…] Aquí entre mazorcas y blandos juncos de tule, donde los indios tejen petates, amarran tapeistes y urden sillas frescas con armazón de palo blanco o pintado de azul celeste con flores rosas amarillas de cempasúchil, agria flor que huele a fermentos de vida y de muerte como tú… Aquí entre gallaretas, corvejones, sapos, ranas, cucarachas de agua y cucharones. Entre tepalcates, golondrinos y sambutidores pipiles. Bajo el vuelo rasante de agachonas y el rápido altísimo geométrico de zopilotillos vespéridos. Entre tuzas chatas y murciélagos agudos. Aquí te hallé última forma de soñar despierto. […]

Juan José Arreola —Tres días y un cenicero

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