Anduve

Ayer, lejos de casa, comenzó a llover. Iba en bicicleta y mi paso exaltaba la fuerza con la que el agua caía; asumí que no había de qué preocuparse, que sólo era agua, que no importaba si detenía para guarecerme de ella. Marché, la prisa tornó en calma, en precaución, en gozo. Entonces pasó, llegó…