La ciudad y los pájaros

Para mi amigo Luis Julián Castillo Murguía.

Hubo un tiempo en el que la convivencia entre los habitantes de Lagos de Moreno y las aves que se posan en los cables de la zona centro de la ciudad era aceptable. En parte, porque se trataba de un fenómeno estacional y, quizá, porque las aves en cuestión eran las golondrinas inmortalizadas por Gustavo Adolfo Bécquer: «Volverán las oscuras golondrinas // en tu balcón sus nidos a colgar, // y otra vez con el ala a sus cristales // jugando llamarán […]» y es sabido, por todo el mundo, que los laguenses gustamos de la poesía.

Era tal su aceptación, que la ciudad y los pájaros se convertían en único atractivo para los visitantes durante el otoño. Así, poco a poco, pese a las «molestias» que ocasionaban, las golondrinas fueron adoptadas como símbolo de la ciudad, pues figuraban en los carteles del festival Otoño en Lagos, que organiza el Centro Universitario de los Lagos, en las postales, camisas, tasas y demás souvenirs que algunos comerciantes ofrecen a los turistas, al igual que fueron incorporadas a la imagen de algunos establecimientos, o de las Fiestas de Agosto en Lagos. Con excepción de algunos de los residentes en la zona centro, a nadie parecía inquietar su arribo a la ciudad.

Sin embargo, algo cambió. En los último años no sólo las golondrinas han encontrado refugio en los cables de luz, sino que otras aves han convertido a la ciudad en su hábitat, para instalarse en las copas de los pocos árboles que pueblan las plazas públicas y el malecón del río de Lagos, o en las torres de las iglesias (que son muchas). En su mayoría, los recién llegados, son tordos, pero también los acompañan palomas, torcacitas, zanates y una cantidad impresionante de garzas. Al cuestionarse sobre la presencia de todos estos pájaros, se podría decir que «uno no tiene la culpa de que los animales busquen su acomodo», Juan Rulfo dixit. Pero también es cierto que debido a la buena cantidad de guano que producen, su presencia puede llegar a constituir un riesgo a la salud pública pese a que, hay que decirlo, las autoridades sanitarias en el municipio se han mantenido ajenas a la situación.

Sería largo enumerar y detallar aquí todas las enfermedades que los desechos de plumas y excremento de los pájaros pueden producir, acaso las más comunes pueden ser las alergias, pero también la salmonelosis, la toxoplasmosis, la coccidia, la encefalitis y la enfermedad del Nilo son posibles, así como la presencia de parásitos en el ambiente como lo son las garrapatas. El efecto más notorio de la presencia de todos estos pájaros, es el penetrante aroma a amoniaco en las inmediaciones del templo y rinconada de la Merced, que puede ocasionar intoxicación por nitrógeno ureico. Hasta ahora, la única acción visible que se ha tomado por parte de las autoridades del municipio, ha sido la poda de algunos árboles. Pero, cualquier acción que se emprenda, necesariamente conlleva cuestionarnos las causas que dan lugar a este fenómeno.

En algún momento, sobre este tema, un especialista en la radio se limitó a decir que los pájaros tenían derecho a estar ahí. Me hizo imaginar una asamblea, en la que las aves debatían los puntos de su programa de acción para «ocupar» la ciudad y conformar un comité, un frente o alguna otra organización en defensa de sus intereses de especie.

Luego de dar rienda suelta a la imaginación, pensé en la probabilidad de que la cada vez mayor presencia de aves en la ciudad, corresponde a la alteración de nuestro ecosistema. Pese a su alto grado de contaminación, el río Lagos constituye una fuente alimentación para distintas especies, ya sea por la proliferación de insectos, roedores e, incluso, la materia orgánica de nuestros drenajes. Aunado al hecho de que otras fuentes de agua, como lo son la laguna del pueblo de San Juan Bautista de la Laguna o los bordos de las rancherías, se encuentran avenados durante largos periodos de tiempo.

Por otra parte, tan sólo en este año (2017), Jalisco ha sido la segunda entidad del país con el mayor número de superficie afectada por incendios forestales. Entre los meses de enero y marzo, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), se registraron 106 incendios forestales, muchos de los cuales ocurrieron en la sierra de Comanja, visibles a simple vista desde distintos puntos de la ciudad.

Más allá de si los pájaros tienen derecho o no a estar aquí, lo cierto es que su presencia corresponde al colapso de su hábitat por causas naturales o, más probable aún, por el impacto que la actividad humana tiene en el ecosistema. Esta hipótesis se apuntala en el crecimiento de la marcha urbana en Lagos de Moreno y León de los Aldama, por la presencia de los campos eólicos en Ojuelos, en fin, por la profusión de la actividad humana en espacios que, hasta hace poco, se mantenían al margen del «desarrollo».

Sería un error considerar que los efectos del cambio climático sólo son observables durante las inundaciones o periodos prolongados de sequía, por los huracanes o los terremotos, así como negar que las acciones inmediatas de nuestra actividad también acarrean otro tipo de alteraciones en el ecosistema del que somos parte. Para darse cuenta de esto, basta con contemplar a la ciudad y los pájaros.

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Los insurgentes

Adversus populus

I

Cuando niño, aprender a conducirme bajo los preceptos de la doctrina católica era la razón por la que me enviaban a la escuela y al catecismo; porque, hay que decirlo, fui educado bajo un sistema que juzgaba inconcebible la distinción entre las creencias religiosas y la vida en sociedad. Nací y crecí en una región a la que se le atribuía ser un bastión del catolicismo, quizá siga siendo así.

Los libros de texto gratuitos, aquellos que aún despiertan gran animadversión entre algunos sectores de la población (no sólo católicos, conste), nunca los consulté. Algunas veces nos eran dados para colocarlos sobre o dentro de nuestros mesa-bancos, con el propósito de simular ante el inspector de zona de la SEP que el colegio cumplía con la exigencia de emplear esos materiales en las clases; para después confinarlos nuevamente en el almacén de la escuela.

El colegio al que asistí no era el único en su tipo, pero sí el más radical. Durante algún tiempo creí que el nombre Insurgentes le había sido dado en honor a los héroes de la independencia. Después comprendí que ese nombre se refería a los niños, y solamente niños pues las niñas asistían a colegios exclusivos para ellas, que habrían de convertirse en los nuevos defensores de las «libertades» de la Iglesia católica. Puesto que el Insurgentes había sido fundado en la década de los años 50 del siglo XX, en el contexto del fin del modus vivendi entre la Iglesia y el Estado en México; un periodo en el que, en palabras del profesor Roberto Blancarte, la Iglesia superó la situación defensiva en la que se encontraba para erigirse, nuevamente, como una fuente autónoma de poder.

Así, por más de 40 años, varias generaciones fueron educadas en su interior bajo los principios de una moral religiosa. ¿Cuántos de estos insurgentes, de esta u otras escuelas católicas en el país, atendieron el llamado del Frente Nacional por la Familia; en lo que consideran una «cruzada» por el matrimonio, los niños y la familia [sic]?

II

Como una paradoja, de esas que abundan en las cuestiones humanas, el Insurgentes ocupaba el edificio que alguna vez fue la Casa del Agrarista en mi pueblo, inaugurada por el presidente Lázaro Cárdenas, a quien la jerarquía católica señalaba como un enemigo de la Fe, por sostener la educación socialista y los artículos 3º, 5º, 24, 27 y 130 de la Constitución.

Otra paradoja estriba en el hecho de que la disputa entre la Iglesia católica y el Estado, por las reformas constitucionales que reconocen el legítimo derecho del matrimonio entre personas del mismo sexo, ocurre bajo la supuesta laicidad del espacio público y la evidente imbricación entre la sociedad mexicana y la práctica religiosa. Dicha imbricación se articula a través del número de escuelas, asilos, orfanatos y todo tipo de organizaciones e instituciones, en las que aún pervive una visión integral e intransigente sobre los cambios de la vida en sociedad. Ciertamente no representan la totalidad de las corrientes que coexisten al interior de la Iglesia, pero sí lo son del discurso dominante representado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Legalmente, las reformas constitucionales que han dado lugar a la movilización de los sectores afines a la Iglesia, suceden en el marco legítimo y deseable de la relación entre el individuo y el Estado. Sin embargo, una perspectiva más útil para comprender la naturaleza del conflicto, es que en esa relación individuo-Estado debemos considerar la estructura de grupos y asociaciones que se sitúan en un lugar intermedio de esos extremos.

Es decir (y aquí nada tiene que ver el dogma), cualquiera que sea la capacidad del Frente Nacional por la Familia, en términos de movilización, se trata de un poder corporativo sustentado en el amplio y diverso número de organizaciones presentes en la estructura social mexicana; de aquella que reivindica un sistema de valores emplazado por una visión religiosa de la vida en sociedad.

III

En este sentido, una hipótesis sugiere que la pretendida laicidad de la educación, y en general del espacio público, ha fracasado. O, por lo menos, las instituciones del Estado se encuentran fuertemente disminuidas; a tal grado que un poder corporativo, como el de la Iglesia católica, es capaz de desafiarlo puesto que, después de todo, ¿quién puede negar la existencia legal de esas organizaciones y su derecho a manifestarse? Además, ¿no han sido algunas de estas organizaciones un contrapeso a los excesos o a las ausencias del Estado de Derecho en nuestro país?

Nos encontramos ante una encrucijada. Ante una situación que recuerda un pasaje de El luto humano; en el que, en medio de la noche, aparece la fuerza de un río desbordado como metáfora de la vida, acaso de la historia; en donde, para poder sobrevivir, un cristero, un agrarista y un puñado de miserables, se ven entre sí como necesarios, como los únicos artífices de su propia redención, desprovistos del manto protector de la Iglesia y el Estado que uno y otro defendían.

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Sinarcópolis

Adversus populus

Archivo UNS –RVR

I

El canon popular sugiere que lo que se ve no se pregunta. Pero no todo lo que se nos presenta como obvio o evidente debe pasar desapercibido ni, mucho menos, evita que nos formulemos ciertas consideraciones sobre los hechos que dan forma a lo cotidiano. Esto me parece particularmente válido si contemplamos que, desde hace varios años, el intercambio (si es que se le puede llamar así) entre las ciudades de Lagos de Moreno, Jalisco, y León de los Aldama, Guanajuato, está dando origen a la cristalización de un espacio o, por decirlo en términos metafísicos, a un «ente» que no había existido antes. A esa creación es a la que me refiero como «Sinarcópolis».

El origen de la palabra no es remoto, surge en el contexto de la lucha política que, en la década de los años treinta del siglo XX en México, llevó a los católicos inconformes con los arreglos entre la Iglesia católica y el Estado mexicano (para poner fin a la guerra que conocemos como la cristiada) a fundar la Unión Nacional Sinarquista (UNS). Dado que la UNS surge en la ciudad de León, Guanajuato, el 23 de mayo de 1937 (día de la Santísima Trinidad) y fue ahí donde contó con su mayor y más aguerrido número de militantes, los miembros de esa organización contrarrevolucionaria se referían a aquella ciudad como Sinarcópolis.

II

Sin entrar en detalles sólo diré que sinarquismo significa «con orden o con autoridad». Sus críticos y adversarios, entre quienes destaca Vicente Lombardo Toledano, la denunciaron como una organización fascista en México. No obstante que otro observador de la época como Nemesio García Naranjo, en 1946 se refería al sinarquismo como una ideología netamente mexicana:

«El sinarquismo no fue traído del exterior: nació en el Bajío que es la comarca más mexicana de México. Sus fundadores no eran gente conocida, ni rica, ni de gran prestigio intelectual. El grupo empezó a crecer, no obstante de que se procuró aplastarlo con el mote de “reaccionario.” A pesar de la hostilidad oficial, siguió progresando hasta causarle inquietudes al gobierno. Este lo declaró ilegal y ordenó su disolución; pero la condenación resultó inútil: el sinarquismo continuó moviéndose con vitalidad siempre mayor».

Cabe señalar que «el fin último» del sinarquismo sí era derrocar al régimen revolucionario e instaurar, en cambio, un orden social cristiano.

Como antecedente, la existencia de una ciudad conocida como Sinarcópolis sólo corresponde al ámbito de la «política-ficción». Acaso una quimera por la que los militantes sinarquistas asimilaron el declive del movimiento y la institucionalización de la Revolución mexicana que aborrecían.

No es mi propósito abonar al imaginario sinarquista, que aún existe, como tampoco sugiero un descabellado cambio en las nomenclaturas de Lagos de Moreno y León de los Aldama. La existencia real, jurídica, geográfica, comercial y administrativa de estas dos ciudades no es el objeto al que me refiero, aunque el fenómeno al que aludo puede llegar a transformar dichos ámbitos. Hablo del proceso de integración que están experimentando y que pareciera ser una obviedad para gobernados y gobernantes en ambas ciudades.

III

El empleo del término Sinarcópolis me parece adecuado debido a que, al igual que en el Bajío guanajuatense, en los Altos de Jalisco el sinarquismo también logró una amplia y favorable recepción por parte de sus habitantes. Desde luego, ya en otro tiempo hubo alguna intención por conformar una entidad política a partir de la integración de estos espacios, pero fue el sinarquismo el primero que tuvo lugar bajo el sistema político actual.

Es muy probable que no exista en alguna otra parte del país un empleo tan exacerbado de símbolos religiosos como en Los Altos de Jalisco y el Bajío guanajuatense, con el propósito de recrear un imaginario colectivo tan vehementemente conservador. Además, todo ese simbolismo abona a la preservación de uno de los factores de poder en México, como lo es la Iglesia católica y las élites que la respaldan. Con la integración de estas regiones, a partir del crecimiento urbano de León que ha ocasionado el corredor industrial, Sinarcópolis habrá de dar cabida al surgimiento de un nuevo espacio de poder político, con nuevas élites económicas y nuevas dinámicas de relaciones sociales, pero subjetivamente orientadas por una visión religiosa, algo así como el orden social sinarquista.

IV

Por otra parte, cuando cuestionamos el empleo del término «intercambio» para referirnos a la dinámica que entre Lagos y León está ocurriendo, lo hacemos desde la evidente desigualdad que subyace en esa relación. Buena parte de los recursos naturales, como lo son los bancos de arena o las aguas del río Verde que serán captadas por la presa El Zapotillo por la que se pretende inundar a Temacapulín, son sólo una muestra de que Sinarcópolis dista, por mucho, de ser una entidad distinta a las urbes que ya existen en el país. Los Altos Norte de Jalisco se han convertido en depositarios de muchos de los desechos que produce León, una de las cinco ciudades más contaminadas de México según la Organización Mundial de la Salud.

El establecimiento de fraccionamientos y zonas residenciales en los límites entre Lagos y León también dan cuenta de la desigualdad en su relación. Con la autorización de esos asentamientos, que han sido una necesidad impuesta por la metrópoli guanajuatense, Lagos de Moreno, como administración pública, adquiere compromisos para los que su infraestructura administrativa no está preparada. Dichos compromisos van desde el alumbrado público, la recolección y manejo de residuos domésticos, el agua potable y el alcantarillado, la seguridad pública, etcétera, que, de por sí, son prestaciones que varias delegaciones como Betulia o Los Azulitos en el norte del municipio reciben, si es que reciben, de manera defectuosa.

«Lo más bonito de Lagos es León», me dice sin pensarlo dos veces un comerciante en Lagos de Moreno. En su lógica tiene razón. Buena parte de los bienes de consumo que se producen en Lagos tienen como destino la ciudad de León. Pero esto también ocurre en sentido inverso, puesto que muchos de los servicios que proporciona aquella ciudad guanajuatense son consumidos por mis paisano en Lagos.

Quienes habitamos y, de cierta manera, nos beneficiamos de la dinámica entre Lagos y León, obviamos la naturaleza de esa relación. Cuando debiéramos cuestionarnos sus alcances, las implicaciones y los riesgos que conllevan. Los costos socioambientales por el surgimiento de una megalópolis, a la que aquí me he estado refiriendo como Sinarcópolis, son demasiado altos para una región en la que los recursos no abundan. Desde luego, la integración es un hecho y está ocurriendo, lo que no se ve, por ninguna parte, es la implementación de un plan o un proyecto que evite la depredación de los recursos y la corrupción que ello implica.

V

Además, al igual que el poeta Javier Sicilia, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, boicotear las elecciones, detener la construcción de la presa El Zapotillo, devolverle su programa a Carmen Aristegui y exhumar e identificar los cuerpos de las fosas de Tetelcingo.

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El río Lagos, «una represa de cagada»

El «recurso» más importante con el que contamos los habitantes de Lagos de Moreno es el río «Lagos». Es increíble que durante más de 400 años hubo un uso responsable de él y había cierto equilibrio entre las actividades productivas y el ecosistema que del río dependía.

En los últimos años lo hemos convertido en vertedero de todo tipo de desechos, domésticos e industriales. No han faltado los «bienintencionados» que lo han querido entubar, hacerlo un estacionamiento o convertirlo en una represa de cagada (pienso en la pequeña Venecia).

Al día de hoy carecemos de un plan, de un programa o de algún proyecto para que sea saneado, minimizar nuestro impacto en él y recuperar el ecosistema del que formábamos parte.

Nadie informa sobre las acciones que, en este momento, se realizan en el lecho del río. Políticos y formadores de «opinión pública» están más interesados en convencernos de su gran labor o en la descalificación mutua. Es nuestro recurso más importante y a nadie parece importarle.

Más que una petición, una exigencia: ¡Liberen a Semeí Verdía! #Ostula

Adversus populus 20

Semei Verdia
Semeí Verdía Zepeda, líder de los grupos de autodefensa del municipio de Aquila, Michoacán
I

El domingo 19 de julio comenzaron las fiestas del lugar donde vivo, «la subida» le decimos los habitantes de Lagos de Moreno, en Jalisco. Una amiga y yo, poco antes del acto, nos encontramos para tomar el fresco, comer una «panocha», beber un «aguanieve» y ver cómo sucedían los últimos preparativos, detalles que no les compartiré aquí.

Antes de que comenzara la fiesta nos retiramos. Nos despedimos y volvimos a nuestros quehaceres. Los míos no eran tantos, así que opté por dedicar la tarde al ocio de las redes sociales. La primera actualización en mi time line en Facebook fue la del colectivo Proyecto ambulante, una agencia autónoma de información cuyo eslogan es «construyendo contrainformación», el tema del que daba cuenta lo compartían otras agencias y colectivos como Subversiones y Desinformémonos, todo mi reconocimiento a quienes los hacen posibles y a la labor, a veces peligrosa e ingrata, que cotidianamente realizan.

II

El tema en cuestión era la agresión por parte de la Policía Federal y el Ejército mexicano en contra de los habitantes de la comunidad nahua de Santa María de Ostula, quienes habían bloqueado la carretera costera, para más seña la carretera federal México 200, en protesta por la detención del comandante de su Policía Comunitaria, Semeí Verdía Zepeda, la mañana de ese domingo 19 de julio. La respuesta del Ejército y la Policía Federal fue la violencia en extremo, nadie asume la responsabilidad de la orden, pero lo cierto es que la orden fue dada y sus efectivos abrieron fuego en contra de la población, ocasionado la muerte del menor Idelberto Reyes García e hiriendo de gravedad a otros menores y adultos presentes en el bloqueo carretero. Pueden consultar la versión de los hechos, por parte de los habitantes de Ostula, en la página del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez A.C. en esta liga.

Como muchas personas conozco la zona, como muchos de ustedes, en más de una ocasión, he disfrutado de las playas de San Juan de Alima, La Ticla en Aquila, El Faro de Bucerías, Maruata, entre otras. Pero también, en este 2015, por invitación del doctor en antropología Carlos Lucio, quien se dedica al desarrollo cooperativo de proyectos económicos para que comunidades indígenas y campesinas impulsen sus propias estrategias de crecimiento, tuve la oportunidad de conocer el poblado de Santa María Ostula y a algunos de sus habitantes, como Agustín Vera, quien ahora ha sido designado vocero de la comunidad en esta difícil situación. La agencia autónoma de comunicación Subversiones nos ofrece esta crónica y análisis de la lucha que, desde hace más de cinco años, han sostenido los pueblos nahuas en Michoacán: Embestida del ejército contra la comunidad de Santa María Ostula.

En algún lugar leí que «Se puede ver parte de la verdad y no reconocerla. Pero es imposible contemplar el mal y no reconocerlo», y lo que ocurre en estos momentos en aquella región de la costa en Michoacán, por decirlo así, es la manifestación «pura» del mal. Por ello, la manera en la que podemos manifestar nuestro apoyo a la comunidad y, de alguna manera, solidarizarnos con Semeí Verdía es apoyando las peticiones que para su liberación se han impulsado en las plataformas Change.org y la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos. Todos los Derechos para Todas y Todos [haz clíck en las ligas respectivas para firmar las peticiones].

III

En el encabezado de esta crónica sostengo que más que una petición, la liberación de Semeí Verdía es una exigencia, es cierto. La Procuraduría General de la República, a cargo de Arely Gómez González, ejerce acción penal en contra de Semeí Verdía acusándolo del delito de portación de armas de fuego y explosivos, de uso exclusivo del ejército; así como de haber cometido delitos electorales, concretamente la destrucción de material electoral [puedes leer al respecto en La Jornada].

Bajo una supuesta acción apegada al estado de derecho, en apego a la «ley», es que Semeí fue detenido y trasladado al Centro Federal de Readaptación Social número 4, ubicado en el municipio de Tepic, en el estado de Nayarit. Seamos claros, por supuesto que en apego al derecho es inadmisible que particulares se armen y tomen control de territorios o ejerzan funciones en la impartición de justicia, cuya atribución es exclusiva del Estado mexicano y sus instituciones. Pero, y se trata de un pero nada trivial, el surgimiento de los grupos de autodefensa y la reactivación de las policías comunitarias en varias partes del país, ocurrió, justamente, por el abandono del Estado mexicano a sus atribuciones en la impartición de justicia y, lo que es más grave e inadmisible aún, por su evidente respaldo, fomento o complicidad con organizaciones criminales dedicadas a la producción, trasiego y distribución de narcóticos; dedicadas por igual a la extorsión, secuestro y desapariciones forzadas; responsables del desplazamiento de comunidades enteras a causa de los asesinatos y el terror en general.

La de Semeí y demás habitantes de Santa María de Ostula no era otra cosa que la defensa legítima de su persona, sus familias, sus bienes y su comunidad. Insisto, en el idílico país en el que viven los funcionarios al más alto nivel, tanto federal como estatales, el estado de derecho es una realidad; pero, frente a ello, existe una realidad contraria, brutal, perversa. Aún clamamos por conocer el paradero de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa y una larga y dolorosa lista de agravios que nos estremecen e indignan. Indignémonos, pues, y clamemos por la liberación de Semeí Verdía.

Además, al igual que el poeta Javier Sicilia, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés; detener la guerra; liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas, a Nestora Salgado, a Mario Luna y a todos los presos políticos; hacer justicia a las víctimas de la violencia; juzgar a gobernadores y funcionarios criminales; boicotear las elecciones, y devolverle su programa a Carmen Aristegui.

Críticas y comentarios a v4l3nc14@gmail.com

Casa Serrano: El espacio de libertad para la ciencia y el arte que fue

Adversus populus (16)

Casaserrano
Para leer el artículo de Baudelio Lara haz click en la imagen

I

Si se dejan de lado las memorias y numeralias que, como el presente escrito, despiertan siempre ciertas suspicacias, el estado de Casa Serrano no ha suscitado muchas reflexiones, al menos no en su inminente cierre. Sin embargo, desde su apertura el 28 marzo de 2003, como un homenaje por parte de la Universidad de Guadalajara a la fundación de Lagos de Moreno, gracias a una constante programación de actividades académicas, científicas y culturales, de entonces a la fecha, este espacio logró posicionar al Centro Universitario de los Lagos y a Lagos de Moreno en el panorama científico y cultural de Jalisco y el país.

II

La creación de la Red Universitaria de Jalisco, desde el año de 1994, constituye uno de los grandes logros de la Universidad de Guadalajara. Son innegables los beneficios que ha aportado a la sociedad jalisciense en su conjunto, el que la máxima casa de estudios en el estado ofrezca programas de pregrado y posgrado, junto con la infraestructura a su disposición, através de los seis centros temáticos de la Zona Metropolitana de Guadalajara, los, ahora, nueve centros regionales, el Sistema de Educación Media Superior y el Sistema de Universidad Virtual. Además de los beneficios académicos, la presencia universitaria en las regiones, contribuye al desarrollo de una sociedad del conocimiento extramuros, respaldada en una estrategia de extensión y divulgación; misma que, en el caso de Lagos de Moreno, se impulsaba desde la Casa Serrano.

El próximo mes de marzo, el espacio de libertad para la ciencia y el arte Casa Serrano, cumpliría once años. Digo cumpliría pues, al parecer, ha dejado de figurar en los planes de extensión del Centro Universitario de los Lagos; esto pese a que, insisto, el conocimiento, la transmisión de ese conocimiento, las expresiones artísticas y las expresiones de la cultura en general que durante más de diez años albergó la Casa Serrano, justifican su continuidad y respaldo institucional. Con el cierre de ese espacio, la Universidad de Guadalajara pierde un importante referente de divulgación en la región, muestra de sus logros como una red universitaria y, lamentablemente, pierde la ciudad de Lagos de Moreno.

III

No bastaría la página dedicada a esta colaboración para enumerar todas y cada una de las actividades que en Casa Serrano tuvieron lugar. Nombre usted las suyas. Baste mencionar algunas: Por igual, las salas de la vieja casa neoclásica fungieron como sedes, por mencionar algunas, de las representaciones diplomáticas de las embajadas de Israel, Irán o Bolivia, a través de sus embajadores David Dannon, Mohammad Hassan Ghadiri Abyaneh y Jorge Mansilla Torres respectivamente; como aulas para cátedras de Marcelino Cereijido, Rafael Ángel Barrio Paredes, Ruy Pérez Tamayo o José Antonio de la Peña; sus muros exhibieron obra de Vicente Rojo, Julín Contreras o la fotografía de José Hernández-Claire; en la música contó con una larga lista de géneros e intérpretes, los amplios programas de los miércoles de concierto de música clásica dan muestra de ello.

Casa Serrano
Sesión solemne del Consejo de Rectores de la Universidad de Guadalajara en 2009, como respuesta a la violación de la autonomía universitaria por la irrupción de inspectores municipales a un taller de dibujo al desnudo en Casa Serrano. Fotografía: Archivo Husocrítico.

En lo personal, de capital importancia en la historia de la Casa Serrano, figura la sesión del Consejo de Rectores de la Universidad de Guadalajara, el 16 de febrero de 2009, en apoyo a la autonomía universitaria y solidaridad con las actividades artísticas y culturales que habían sido censuradas por una de las administraciones más cuestionable, por no decir corrupta, que ha tenido la ciudad de Lagos de Moreno. En aquella ocasión, la administración municipal de Francisco Rafael Torres Marmolejo, Paco Torres, había amagado con el cierre y clausura del espacio, así como «regular» la agenda de las actividades universitarias.

Ahora, algunos años después, lo que la censura y la intolerancia a las expresiones artísticas no lograron, ocurre por la indiferencia y la falta de reconocimiento a la trayectoria de un espacio que, vuelvo a insistir, rebasó el ámbito de lo regional, universitario y estatal, para proyectar a la Universidad de Guadalajara y a la ciudad de Lagos de Moreno, en el panorama de la ciencia y el arte en México.

Cualquier espacio que supla a la Casa Serrano es bienvenido; sin embargo, mejor sería preservarla, renovarla sí, pero no renunciar a los logros que éste recinto alcanzó y al posicionamiento que obtuvo en la agenda cultural y científica de la ciudad, en mi opinión, la principal afectada por su cierre.

IV

El miércoles 8 de octubre, en el marco del Festival Cultural Otoño en Lagos 2008, fue inaugurada la exposición «Los poderes de la Iguana. La medicina tradicional, psíquica y la herbolaria del istmo de Tehuantepec», de la pintora oaxaqueña Julín Contreras. Además de la obra plástica, la invitada se hizo acompañar por una curandera tehuana que ofreció limpias con ramas de árbol de pirul a los asistentes a la inauguración. Pese al escepticismo inicial, en pocos minutos el espacio reservado para ello se vio rebasado; después, ante el anuncio de que no había más limpias pues no había más pirul, en minutos, alguien irrumpió en la casa con una rama gigantesca de ese árbol. Las limpias debieron de seguir.

Al día siguiente, la ciudad despertaba con la noticia de que varios policías estatales habían sido masacrados a tiros en la gasolinera de estación San Pedro. La inseguridad y el miedo hicieron suponer la clausura de las actividades de aquella edición del Festival; sin embargo continuaron, desde la Casa Serrano se anunció que el arte y la cultura en las calles serían, por mucho, la mejor manera de afrontar, como institución, el miedo que produce el narcotráfico.

Críticas, comentarios y anécdotas a: v4l3nc14@gmail.com

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del sábado 1º de marzo de 2014 [haz click en la imagen]
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El día que nos despedimos de Gelman

Adversus populus (12)

juan gelman

Para Alejandra Aguiñaga Torres

I

Hay quienes acusan a algunos poetas como panfletarios para después enaltecerlos. Ocurre con cierta frecuencia; una vez que el autor abandona este mundo tienden a mostrarlo como «inocuo», se intenta convertirlo en un icono inofensivo, canonizarlo, por decirlo así. Se evoca parte de su obra, la que resulta «cómoda», para después ignorar la denuncia y la crítica que en vida le caracterizó. Quienes en algún momento le acusaron de «radical», «socialista», «comunista» o «anarquista», prefieren ocultar la dignidad que brinda a millones de personas actuar en contra del «orden» que legitima la injusticia.

II

Durante el diálogo de que sostuvo Juan Gelman (Buenos Aires, Argentina 1930/2013) con los asistentes al acto donde recibió el Premio Juan Rulfo en el año 2000, en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, alguien del público le preguntó qué libro, de los que hasta entonces había publicado, era para él el mejor y recomendaba a sus lectores. La respuesta sorprendió a todos, la mayoría le aplaudió y otros guardaron silencio, los editores y organizadores seguramente quedaron helados. Palabras más, palabras menos dijo: «El mejor de mis libros que usted, o quién así lo desee, puede leer, es el robado».

El que en aquella edición de la feria de libro más importante de América Latina, el homenajeado invitara, de esta manera, a leer su obra, significó problemas para los expositores. Pero también, puso en evidencia a una industria editorial que antepone el interés económico al fin que en sí debiera tener toda feria del libro, como lo es la promoción de la lectura.

A partir de esa edición de la FIL, soy el feliz poseedor de Hacia el sur y otros poemas (Espasa Calpe, 1995).

III

Juan Gelman dejó este mundo el martes 14 de enero en la Ciudad de México, apenas el domingo anterior hablábamos de él. Entre los bolillos, el vino y demás comestibles que llevábamos en la canasta, tuvimos el cuidado de no olvidar la poesía, su poesía. Me gustaría decir que acampamos frente a un lago, pero la verdad es que fue en una presa; también quisiera decir que fue debajo de un árbol, pero nos cubrimos de la lluvia y el frío en la cajuela de mi auto. Podría ser más poético lo primero que lo segundo, pero es como fue, como debió haber sido.

Así, rodeados de agua, luego de comer tortas y mientras bebíamos vino, el día que nos despedimos de Gelman, te leía: «No sé por qué te amo. Sé que por eso te amo. Cae mi lengua, como la de Catulo, en su doble noche de deseo. Nadie vuelve de vos a lo que fue. Cuando callan las palabras inevitables, las repeticiones del dolor y los huecos de la tiniebla alta, conozco tu pacto que sucede de pronto. Nacer es el apetito que das. Caballa de la boca».

IV

En la película Underground (1995) dirigida por Emir Kusturica, en una escena por demás dramática, los hermanos Marko e Ivan se reencuentran, luego de muchos años de no verse, durante un enfrentamiento entre bosnios y servios. Marko es un traficante de armas e Ivan es una víctima de ellas. Decepcionado y ofendido, Ivan comienza a golpear a Marko quien yace indefenso en una silla de ruedas, éste último le amenaza y después le implora que por favor deje de hacerlo, ¡porque es su hermano! Ivan no le escucha. Antes del último golpe, las últimas palabras de Marko son: «¿Te volviste loco? ¡Matar a tu hermano es pecado! Ninguna guerra es guerra hasta que un hombre mata a su hermano».

Aunque se empeñen en negarlo, lo que ocurre en Michoacán y otros Estados del país, es una guerra.

Críticas, comentarios y poesía a: v4l3nc14@gmail.com

 

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del sábado 18 de enero de 2014 [haz click en la imagen].
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Un café, por favor

Adeversus populus (11)

I

En algún lugar de la galaxia Gutenberg se encuentra una obra de especial importancia para la antropología mexicana. Su importancia radica en la novedad que significó dedicar atención a las características culturales, económicas, políticas y sociales de una región y las poblaciones a su interior no indígenas en el occidente mexicano. Hasta ese momento, los antropólogos habían privilegiado, de manera exclusiva, el estudio de comunidades indígenas del centro y sur del país. El trabajo de Manuel Gamio (Porrúa, 1916) y Robert Redfield (Nueva antropología, 1982) constituyen los pilares de la antropología mexicana, cuyo objetivo inicial fue el de la inclusión de los pueblos indios al proyecto nacional mexicano, en el inicio del siglo XX.

En La formación histórica de una región: Los Altos de Jalisco (CIESAS, 1986), el antropólogo Andrés Fábregas Puig describe y analiza, entre otros temas, la naturaleza de la cultura y organización social que durante mucho tiempo diferenciaron a Los Altos de Jalisco y a los alteños, respecto a otras regiones y habitantes del estado de Jalisco y el país. Algunas de las costumbres y prácticas ahí descritas aún permanecen, otras han comenzado a diluirse; otras más han sido adoptadas desde que ese estudio se realizó en la década de los setenta del siglo pasado.

 II

Entre las novedades que de entonces a la fecha podemos constatar, una tiene que ver con el café y los cafés. El número 43 de la revista Estudios jaliscienses (Febrero de 2001), editada por el Colegio de Jalisco, fue enteramente dedicado a Lagos de Moreno; Andrés Fábregas participa con un artículo titulado: «Lagos de Moreno en 1973», un texto sobre su arribo por primera vez a Lagos en aquel año. En él señala: «El personal de La troje, la cafetería-restaurante frente a un costado de la plaza, no se bastaba para atender a los juveniles parroquianos que, en su gran mayoría, consumían café y refrescos». No obstante, si bien es cierto que desde antes y entonces en Lagos, así como en otras poblaciones alteñas, existen «cafeterías-restaurantes» a dónde reunirse con propósitos varios, los cafés como espacios dedicados enteramente a esta bebida son relativamente nuevos.

Los cafés, desde que se popularizaron en Europa para convertirse en lugares donde se discutían asuntos públicos, han sido asociados a una cultura del ocio o la conspiración. El carácter conservador y tradicionalista que merecidamente hemos recibido los alteños, aunque Lagos puede ser la excepción que confirme la regla, donde el trabajo es una virtud, de alguna manera rechaza todo acto o relación que no tenga un propósito claro, definido y acorde a la costumbre, la tradición o la religión. En tanto, sugiero que el establecimiento de los primeros cafés en Lagos, además del interés comercial que los pudo impulsar, tienen que ver más con un cambio cultural y revaloración del empleo social del tiempo.

 III

Sin hacer menos a establecimientos como los restaurantes «Riviera», «El colonial», «Rapid lunch» u otros, en mi opinión el primer café que como tal abrió sus puertas en Lagos, fue impulsado por el entonces Campus Universitario de los Lagos, de la Universidad de Guadalajara, al interior de la Casa Serrano dedicado al Premio Nobel de Literatura 2002 Imre Kertész. Poco tiempo después, luego de haber sido casa de cambio y expendio de periódicos y revistas, José Delgado abrió en los arcos de los portales de la calle Benito Juárez, en el centro de la ciudad, el Brecafé, espacio que al día de hoy es un referente obligado al hablar de la vida cotidiana en nuestra ciudad. Hoy en día, Jesús Delgado «don Chuy», es quién administra el Brecafé. Entre los miembros de su equipo, mención a parte para Marco Ortiz Romo, en mi pobre opinión, el mejor barista de la ciudad.

A partir de entonces, en distintos puntos de la ciudad, la oferta de cafés se ha expandido y diversificado para beneficio de una población cada vez más amplia y con gustos varios. En ello, aprecio que no solamente en Lagos hemos adquirido gusto por el café y sus múltiples métodos de preparación; hemos cambiado sin perder aquello que nos caracteriza, lo que muestra al cambio como necesario y, hasta cierto punto, natural. En un afán por figurar a la ciudad como un destino turístico, el café y los cafés han contribuido a que los habitantes y visitantes contemos con espacios de encuentro, ocio y discusión de los asuntos públicos, todo comienza con una frase sencilla: Un café, por favor.

 IV

Hoy en día, gracias a la labor de académicos de la Universidad de Guadalajara, del Archivo Histórico Municipal de Lagos de Moreno e historiadores independientes como el maestro Carlos Gómez Mata (a quién felicito por su último libro Las torres de mi parroquia), nuestro conocimiento sobre la historia de Lagos y la región de los Altos de Jalisco se ha enriquecido; sin embargo, considero necesarios nuevos estudios sociológicos y antropológicos que den cuenta de las transformaciones y procesos socioculturales que, desde La formación histórica de una región: Los Altos de Jalisco, hasta la fecha han ocurrido. Así, tener un mayor conocimiento sobre nosotros mismos.

Críticas, comentarios y conspiraciones a: v4l3nc14@gmail.com.

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 10 de enero de 2014 [haz click en la imagen].
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Contemplaciones contra el tedio

Adversus populus (4)

I

Bajo este título, en las páginas de distintos medios impresos con sus respectivas versiones electrónicas en Jalisco, David «el Negro» Guerrero (Cd. de México, 1966/2009) daba cuenta del quehacer cultural y artístico en el estado. Además, en sus «piensos» nos compartía experiencias profesionales y personales como productor y conductor de El fonógrafo, La cuenta de los guías, La hora del Jefe o Los sueños del éter, espacios radiofónicos transmitidos, en varios momentos, por Radio Universidad de Guadalajara. Periodista cultural de los «chidos», a cuatro años de su partida, aquel jueves 29 de octubre, su ausencia aún me resulta difícil de asimilar, como también me lo parece el lamentable deceso de su compañera Frida, apenas un par de años después el primero de octubre de 2011.

II

Conocí a David en su etapa como director de la estación de radio universitaria en Lagos de Moreno; en ese momento, a petición mía, me brindó la oportunidad de iniciarme en la radio y colaborar para el noticiario conducido en aquel entonces por Celia Espinoza Serrano. Años formativos y mucho aprendizaje sucedieron entonces. El equipo de noticias era integrado por colaboradores voluntarios, entre ellos Juan Antonio Rocha (a quién agradezco la apertura para escribir en a.m.), en la jefatura de información; Héctor Chávez Villanueva y José Luis González Atilano en información; junto con varios entusiastas por contribuir en el desarrollo de un espacio de comunicación universitario, pero, sobre todo público. Concepto, éste último, de gran importancia para entender la manera en la que David ejercía el periodismo.

Para muchos un provocador que gustaba denostar o criticar sólo por el gusto de hacerlo; no lo sé, quienes así lo creían seguramente poca atención brindaban a sus Contemplaciones o ignoraban el contenido editorial de sus mensajes radiales, claro, tampoco era un santo. No me toca a mi decir o contradecir lo que David afirmaba o negaba; hablo de su actitud y el compromiso hacia el trabajo, la responsabilidad que advertía conlleva dirigirse a una audiencia desde un medio público y buscaba hacer patente en su ejercicio profesional. Era conocido su gusto por la obra literaria de Bertolt Brecht, en particular un pasaje de El compromiso social en literatura y el arte (Península, 1973), donde el filósofo alemán se refiere a la práctica y contenidos radiofónicos: «Un hombre que tiene algo que decir y no encuentra oyentes, está en una mala situación. Pero todavía están peor los oyentes que no encuentran quien tenga algo que decirles». Basta prestar atención a la «oferta» informativa o de entretenimiento de muchos medios, para darnos cuenta que no es tan amplia y variada como quisiéramos o quisieran hacernos creer; intereses de mercado privan sobre el interés general, del que de forma vehemente hablaba Rousseau (Taurus, 2013) hace unos siglos, tratante a la búsqueda de las mejores condiciones posibles de convivencia.

III

La incesante repetición, una y otra vez de la canción de moda, la casi ininterrumpida transmisión de mensajes en los que nos recuerdan consumir ropa, cosméticos, cerveza o fútbol, como también a estar de acuerdo con la opinión del presidente, el gobernador, el alcalde, el director técnico, de López Dóriga o quién sea, crean y dan forma al contenido mediático que consumimos. El espacio público, en tanto, es nuestro campo de acción, de resistencia ante la «normalidad» que los intereses particulares imponen; esos son los molinos gigantes contemplados por «el Negro», erigidos ahí, impávidos, garantes del tedio en el que con frecuencia incurre la vida.

En algún lugar, el historiador Fernand Braudel (FCE, 1986) dice que la humanidad se «halla algo más que sumergida en la cotidiano. Innumerables gestos heredados, acumulados confusamente, repetidos de manera infinita hasta nuestros días, nos ayudan a vivir, nos encierran y deciden por nosotros durante toda nuestra existencia»; darse cuenta de ello no es fácil, por lo regular quienes lo advierten les resulta innecesario o inútil de enfrentar, como también hay otros que actúan pero son ignorados. David encontró en la radio y el periodismo cultural una manera de confrontarlo. A cuatro años de su partida, no encuentro otra manera de conmemorarlo que recordarme y compartir con ustedes, estimados lectores, lo que entiendo fue su intención de vida: tener el valor de ir más allá de lo normal, contemplar aquello que lo sostiene y, desde nuestras respectivas trincheras, transformarlo.

IV

Por último, en estos tiempos propicios para ello, además de conmemorar a quienes fueron en vida David «el Negro» Guerrero y su compañera Frida, deseo evocar la memoria del psicólogo J. Gabriel Valencia Ruiz (Lagos de Moreno, 1974/2005), mi hermano, quién dejó una huella profunda e indeleble en mi vida y cuya ausencia, desde noviembre ocho años atrás, aún padecemos amigos y familiares y recordamos con profundo amor.

Críticas, comentarios y anécdotas sobre «el Negro» a: v4l3nc14@gmail.com

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 01 de noviembre [haz click en la imagen].
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La música de Antonio Gomezanda y Apolonio Moreno a seis cuerdas

Adversus populus (2)

I

El proyecto «Apolonio Moreno y Antonio Gomezanda en guitarra clásica 2012», beneficiado junto con otras 37 propuestas por la Convocatoria CECA Jalisco 2012, presentado por Hugo Acosta (Guadalajara, Jal. 1981), al cumplirse el 15 de octubre de 2013 el plazo para su realización, concluyó satisfactoriamente con la grabación del disco Lagos. Compuesto por 13 piezas que van de la canción ranchera a la polka, pasando por el schottisch y el vals, el disco es muestra de la versatilidad musical de los compositores nacidos en Lagos de Moreno en el siglo antepasado y de talento por parte del músico tapatío.

II

En alguna ocasión pregunté a Hugo Acosta el por qué no se aventuraba a incursionar en la composición de piezas musicales para guitarra, además, claro, de continuar con su trayectoria como intérprete. La respuesta la obtuve de una amplia conversación con él sobre el arte; de cómo el acto de creación, en ciertas circunstancias, requiere trazar senderos claros en el campo de la técnica o la interpretación. «Madurar como músico» —me dijo.

En una época como la nuestra, donde lo inmediato priva sobre el proceso, la utilidad sobre el valor, entender que la creación o innovación, al igual que todos los ámbitos de la vida cotidiana, son producto del trabajo y el esfuerzo diario, es un acto revolucionario. Sólo bajo circunstancias y por personas extraordinarias, la originalidad creativa irrumpe súbita para transformar cánones en el trabajo, la ciencia o el arte. Para deconstruir un concepto, no obsta decir que se ha hecho, requiere, previamente, demostrarlo; haber sido capaz de entenderlo y asimilarlo de la manera más amplia posible, para mostrar sus vacíos y limitaciones; entonces, desde ahí, volver a dotarlo de contenido y significado.

La música puede ser un claro ejemplo. Las composiciones de Apolonio Moreno (1872-1950) y Antonio Gomezanda (1894-1961), por mucho tiempo han permanecido como un mito en el imaginario colectivo. Pocas personas saben que fueron músicos de su época, herederos de otras influencias y tendencias musicales surgidas en suelo mexicano o importadas de otras latitudes para, felizmente, sintetizarlas en un género y estilo auténticamente nacional. Quienes conocen sus vidas y obras, en pocas ocasiones tienen oportunidad de vibrar de emoción ante la ejecución de una pieza orquestal en un recinto adecuado para ello; o bien, bailar y divertirse al ritmo de alguna polka de éste o aquél músico jalisciense. Quizá, porque la vida en sociedad del México de finales del siglo XIX y comienzos del XX, de manera indistinta al estatus o clase social que se tenga en mente, en este nuestro tiempo, ha perdido vigencia como espacio de recreación y celebración de todo aquello que contribuía a la construcción de una identidad nacional, el gran interés de las élites políticas e intelectuales del México de aquellos años.

Así, la música de éstos dos compositores quedó reservada para el anecdotario o el libro de efemérides. Sus nombres fueron asignados en algunas calles de su ciudad natal; o en escuelas donde no enseñan a interpretar su música por falta de interés, voluntad, ignorancia o, lo que sería peor, por no contar con los medios para hacerlo. Hay quienes afirman, sin ningún empacho, que la música de cámara o clásica, como generalmente se le clasifica, es poco atractiva para los sectores populares, que a ellos lo que hay que darles es «pan y circo». Nada más falso y alejado de la realidad.

La guitarra, como instrumento musical inició su historia fuera de las cortes y las cámaras para orquesta; fue, y sigue siendo, un instrumento popular, al alcance de quién deseé conocerla y aprender a tocarla. Puede decirse, incluso, que es un instrumento democrático. Tan es así, que es a través de la guitarra que la música de Antonio Gomezanda y Apolonio Moreno, podrá dejar el lugar monolítico donde la historia de bronce del panthĕon de músicos y compositores en nuestro país la ha confinado y, en la medida de su difusión, volver a ser escuchada en espacios públicos y hacerlo incluso, en la intimidad de los hogares gracias al esfuerzo que Hugo Acosta emprendió por transcribirla para este instrumento.

III

Para que el público pudiera acceder al trabajo documental y musical, además del apoyo económico por parte del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes Jalisco (CECA), la realización del disco contó con la participación de Aurora Martín Azores en la corrección de estilo, Eduardo Escoto Robledo en la masterización, Mariano Domz en fotografía, Rubén Díaz Barriga con dibujos y grabados y un servidor en el arte y diseño. La información sobre el disco, así como las fechas y lugares donde habrá de presentarse, puede consultarse en el sitio: www.hugoacostaguitar.com.

IV

Por mucho, celebro el lanzamiento del disco «Lagos. Música de Antonio Gomezanda y Apolonio Moreno, transcripciones para guitarra. Hugo Acosta Martín del Campo», debido a que en esa producción no sólo podremos apreciar la solides de Hugo como intérprete; en ese material, veremos la madurez que ha alcanzado como músico, al realizar un trabajo tan complejo como lo es trasladar piezas para piano y orquesta a las seis cuerdas de la guitarra. Además, sin desmerecer la calidad con la que esas piezas fueron concebidas, la música de los compositores laguenses podrá ser apreciada por quienes deseen hacerlo y, de forma especial, por sus paisanos, el pueblo de Lagos, para quienes originalmente, como ahora, fueron escritas. En palabras de Hugo: «¡Que lo disfruten!».

Críticas, comentarios e invitaciones a diseñar y reseñar discos a: v4l3nc14@gmail.com.

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 18 de octubre [haz click en la imagen].

Ese extraño matrimonio y una huelga como epígrafe a un amor de barro

¿Qué sería, pues, esta vida, si vida pudiese entonces llamarse, cuando quitaseis de ella el placer? Veo que habéis aplaudido. Ya sabía yo que ninguno de vosotros era bastante sensato, quiero decir bastante insensato, mas vuelvo a decir bastante sensato, para no adherirse a mi parecer

 Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura

 Cuando se me invitó participar como comentarista de Historia de un matrimonio extraño y Amada de barro, por la admiración, el respeto y aprecio que tengo por su autora, Amelia García de León o su pseudónimo, Amelia Santa Cruz, acepté sin miramientos.

Una vez formalizada la invitación, pasado un rato pensé: «¿Y qué puede decir un sociólogo sobre un trabajo literario? ¿Hacia dónde conviene orientar la lectura? Definitivamente —me dije— el valor estético o literario no son campos en los que pudiera verter una opinión ‘objetiva’; aunque la objetividad poco entiende de lo que el arte transmite». En fin, abandoné las pretensiones y me entregué a la lectura, en ella, encontré el sentido de estas palabras, cuando, casi al final de Historia de un matrimonio extraño, Desiderio y Adelita, los protagonistas de esa extrañes, ante la adversidad, evocan una máxima del teólogo holandés Erasmo de Rotterdam: «la felicidad consiste en desear ser lo que se es». Así, encontré en lo que soy, la mejor lectura que les puedo compartir: soy, somos y seremos lectores.

En algún lugar, el sociólogo Wright Mills, ante la complejidad de los cambios socioculturales ocurridos en la primera mitad del siglo XX, por efecto del capital industrial, señaló que las mujeres y hombres, como individuos, afrontan los problemas que estos cambios conllevan sin la posibilidad de comprenderlos; vivimos, dice, con la sensación de estar atrapados. Esa sensación, que va de lo general a lo particular, permea los ámbitos laborales, familiares y de convivencia. Cuando el campesino se convierte en obrero, el aristócrata es liquidado o torna en un hombre de negocios, es porque la estructura de la sociedad así lo ha determinado. Es, en esa coyuntura, cuando el drama de nuestra condición humana queda de manifiesto; es, además, el momento en el que el arte irrumpe ajeno y cómplice a la vez.

Las dos historias que conforman el libro, nos hablan de ese drama, de la transformación que está por ocurrir en la sociedad mexicana, de cómo la aristocracia rural afronta los cambios políticos, económicos y sociales; manifiestos en la toma de conciencia de la clase trabajadora, rural y urbana, que, ávida de equidad y justicia, volcó a las plazas públicas y organizó huelgas. Por momentos, aunque son historias distintas, amada de barro e historia de un matrimonio extraño podrían empatar, ocurrir de manera simultánea y convertirse en una sola historia, a la manera en la que Agustín Yáñez narró las vidas de sus personajes en Al filo del agua; comparándolas con las canicas que aún ruedan por las ferias.

Nuestra autora, con la reserva de estar equivocado, busca recuperar, retomar el género literario posrevolucionario del que Yáñez, para muchos, es iniciador. De esta manera, en ambas historias, encontramos las dos caras de ese momento de nuestra historia. Por un lado, la sociedad porfiriana, versada en la vida de grandes salones, viajes por Europa, diálogos en francés, inglés, paseos a caballo por las alamedas. Por la otra, las circunstancias de la clase trabajadora, la peonada, cuyo anhelo de ser, se ve truncado por los beneficios de la primera, en una lectura que hacemos desde el materialismo histórico.

La obra de arte literaria, es enteramente distinta en su origen a su existencia; como tal, el mundo del que se construye y en el que ocurre existe. Pero el mundo que contiene, el que significamos, no es producto de una mera interpretación o lectura personal, esto implicaría que no existe un sólo relato sino cientos, miles de relatos bajo el mismo título, autor o edición, la obra es una, original, en todos los casos irremplazable. Por tanto, las cualidades sociológicas de la obra existen, pero sólo en ella. La intencionalidad del relato se distingue en la medida que encontramos y apreciamos los objetos representados y construimos e interpretamos los esquemas que abonan a esa intencionalidad. Entre la segunda y tercer década del siglo XX, se desarrolló el trabajo del escritor chino Lu Hsun, quien sobre este debate apuntaba: “Hay quienes sostienen que la literatura tiene una gran influencia sobre la revolución. En cuánto a mí, lo dudo. La literatura es a fin de cuentas un producto del ocio que expresa la cultura de una nación”.

Lagos de Moreno, Jalisco a 25 de octubre de 2012. Casa Serrano

Amelia