Más mexicano que el nopal

A don Eutilio Santos Esqueda, In Memoriam

El próximo domingo 26 de noviembre, en punto de las 12:30 horas, en la plaza cívica de la Delegación de San Esteban, municipio de Zapopan, Jalisco, tendrá lugar la primera de una serie de presentaciones del libro: Crónicas de San Esteban.

Esta obra forma parte de un programa más amplio que, bajo el título de «Más mexicano que el nopal», fue impulsado en el año 2015 por la agencia Kaliopeo S.C., que dirige la socióloga Zafiro Rizo, con la intención de brindar a los habitantes de San Esteban, una mejor comprensión sobre ellos mismos entorno a los procesos sociales y económicos en los que se encuentran inmersos.

En algún momento de la década de 1970, la comunidad de San Esteban, ubicada en la zona norte del municipio de Zapopan, Jalisco, se encontraba inmersa en una crisis económica, inducida por la caída de los precios de sus productos agrícolas, como el maíz y el mango [¡sí!, en San Esteban, un microclima, se produce mango], así como por las dinámicas migratorias de los jóvenes, quienes buscaban mejores condiciones de vida en la capital de Jalisco: Guadalajara; o bien, en los Estados Unidos. Y fue ahí, en ese momento, donde el nopal verdura hizo su aparición.

No se cuenta con fuentes oficiales o documentales de ningún tipo, en las que se constate cómo es que esta comunidad comenzó a vocacionarse como una de las principales productoras de nopal verdura en Jalisco. Lo cierto es que la memoria colectiva reconoce a Jaime Alvarado como el autor de haber introducido el cultivo en la zona. El testimonio de varios de sus habitantes, como lo es don Eutilio Santos Esqueda de 75 años de edad, sostiene que, en aquel entonces, el joven Jaime Alvarado traía el nopal de Ziracuaretiro, Michoacán, con la intención de comercializarlo en los mercados de Guadalajara, como el Mercado Felipe Ángeles. Para después, caer en cuenta, de que el nopal podía cultivarse en sus propias huertas; lo demás, como se dice, es historia. Una historia que es narrada en Crónicas de San Esteban.

José Antonio Poblano, productor de nopal, en compañía de su hijo Antonio. Fotografía: Raúl Valencia Ruiz.

Sin embargo, más que una obra anecdótica o testimonial, Crónicas de San Esteban aborda la problemática que hoy en día afrontan sus habitantes; quienes se encuentran al borde de una nueva crisis social y económica, pero esta vez, inducida por el crecimiento urbano del Área Metropolitana de Guadalajara (AMZ), que ya ha alcanzado a la comunidad y ha comenzado a imponer transformaciones en el uso de suelo agrícola hacia el residencial; por la contaminación que dicha expansión urbana acarrea y amenaza sus fuentes de agua para la producción agrícola y el consumo humano.

Además de la valiosa colaboración y el entusiasmo de los habitantes de San Esteban, para su publicación, Crónicas de San Esteban ha contado con la participación de un equipo interdisciplinario de jóvenes profesionistas convocados por Kaliopeo S.C. y con el apoyo de instituciones, como la Secretaría de Cultura en Jalisco, a través del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC).

«Más mexicano que el nopal» está conformado por Zariá Casillas, Brenda Solorio, Luis Arreola y Rigo Castillo en investigación; Ana Sánchez y Raúl Valencia Ruiz en el trabajo de campo y Crónicas de San Esteban contó con la participación de José Ramón Cervantes Arciniega, Cecilia Scarlett Delgadillo Gómez, Diana Margarita García Alcalá, María de Lourdes López Mendoza y Manuel Ruelas Zepeda en la coordinación editorial, así como un espléndido trabajo fotográfico de Alethia García y de Jonathan Cuevas en el diseño y concepto editorial. En palabras de todos ellos, esta obra es en beneficio de los habitantes de San Esteban.

Equipo de «Más mexicano que el nopal». Fotografía: Jonathan Cuevas.
Equipo de «Más mexicano que el nopal». Fotografía: Jonathan Cuevas.
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La ciudad y los pájaros

Para mi amigo Luis Julián Castillo Murguía.

Hubo un tiempo en el que la convivencia entre los habitantes de Lagos de Moreno y las aves que se posan en los cables de la zona centro de la ciudad era aceptable. En parte, porque se trataba de un fenómeno estacional y, quizá, porque las aves en cuestión eran las golondrinas inmortalizadas por Gustavo Adolfo Bécquer: «Volverán las oscuras golondrinas // en tu balcón sus nidos a colgar, // y otra vez con el ala a sus cristales // jugando llamarán […]» y es sabido, por todo el mundo, que los laguenses gustamos de la poesía.

Era tal su aceptación, que la ciudad y los pájaros se convertían en único atractivo para los visitantes durante el otoño. Así, poco a poco, pese a las «molestias» que ocasionaban, las golondrinas fueron adoptadas como símbolo de la ciudad, pues figuraban en los carteles del festival Otoño en Lagos, que organiza el Centro Universitario de los Lagos, en las postales, camisas, tasas y demás souvenirs que algunos comerciantes ofrecen a los turistas, al igual que fueron incorporadas a la imagen de algunos establecimientos, o de las Fiestas de Agosto en Lagos. Con excepción de algunos de los residentes en la zona centro, a nadie parecía inquietar su arribo a la ciudad.

Sin embargo, algo cambió. En los último años no sólo las golondrinas han encontrado refugio en los cables de luz, sino que otras aves han convertido a la ciudad en su hábitat, para instalarse en las copas de los pocos árboles que pueblan las plazas públicas y el malecón del río de Lagos, o en las torres de las iglesias (que son muchas). En su mayoría, los recién llegados, son tordos, pero también los acompañan palomas, torcacitas, zanates y una cantidad impresionante de garzas. Al cuestionarse sobre la presencia de todos estos pájaros, se podría decir que «uno no tiene la culpa de que los animales busquen su acomodo», Juan Rulfo dixit. Pero también es cierto que debido a la buena cantidad de guano que producen, su presencia puede llegar a constituir un riesgo a la salud pública pese a que, hay que decirlo, las autoridades sanitarias en el municipio se han mantenido ajenas a la situación.

Sería largo enumerar y detallar aquí todas las enfermedades que los desechos de plumas y excremento de los pájaros pueden producir, acaso las más comunes pueden ser las alergias, pero también la salmonelosis, la toxoplasmosis, la coccidia, la encefalitis y la enfermedad del Nilo son posibles, así como la presencia de parásitos en el ambiente como lo son las garrapatas. El efecto más notorio de la presencia de todos estos pájaros, es el penetrante aroma a amoniaco en las inmediaciones del templo y rinconada de la Merced, que puede ocasionar intoxicación por nitrógeno ureico. Hasta ahora, la única acción visible que se ha tomado por parte de las autoridades del municipio, ha sido la poda de algunos árboles. Pero, cualquier acción que se emprenda, necesariamente conlleva cuestionarnos las causas que dan lugar a este fenómeno.

En algún momento, sobre este tema, un especialista en la radio se limitó a decir que los pájaros tenían derecho a estar ahí. Me hizo imaginar una asamblea, en la que las aves debatían los puntos de su programa de acción para «ocupar» la ciudad y conformar un comité, un frente o alguna otra organización en defensa de sus intereses de especie.

Luego de dar rienda suelta a la imaginación, pensé en la probabilidad de que la cada vez mayor presencia de aves en la ciudad, corresponde a la alteración de nuestro ecosistema. Pese a su alto grado de contaminación, el río Lagos constituye una fuente alimentación para distintas especies, ya sea por la proliferación de insectos, roedores e, incluso, la materia orgánica de nuestros drenajes. Aunado al hecho de que otras fuentes de agua, como lo son la laguna del pueblo de San Juan Bautista de la Laguna o los bordos de las rancherías, se encuentran avenados durante largos periodos de tiempo.

Por otra parte, tan sólo en este año (2017), Jalisco ha sido la segunda entidad del país con el mayor número de superficie afectada por incendios forestales. Entre los meses de enero y marzo, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), se registraron 106 incendios forestales, muchos de los cuales ocurrieron en la sierra de Comanja, visibles a simple vista desde distintos puntos de la ciudad.

Más allá de si los pájaros tienen derecho o no a estar aquí, lo cierto es que su presencia corresponde al colapso de su hábitat por causas naturales o, más probable aún, por el impacto que la actividad humana tiene en el ecosistema. Esta hipótesis se apuntala en el crecimiento de la marcha urbana en Lagos de Moreno y León de los Aldama, por la presencia de los campos eólicos en Ojuelos, en fin, por la profusión de la actividad humana en espacios que, hasta hace poco, se mantenían al margen del «desarrollo».

Sería un error considerar que los efectos del cambio climático sólo son observables durante las inundaciones o periodos prolongados de sequía, por los huracanes o los terremotos, así como negar que las acciones inmediatas de nuestra actividad también acarrean otro tipo de alteraciones en el ecosistema del que somos parte. Para darse cuenta de esto, basta con contemplar a la ciudad y los pájaros.

El Congreso Nacional Indígena (CNI) y la lucha electoral

Adversus Populus

«Los espejos se han roto —decía Manuel Vázquez Montalbán en 1995—, los imaginarios se han esfumado y las razones que generaron las ideas sobreviven, pero, desorientados entre puntos cardinales trucados, ninguna respuesta nos cabe esperar de los horizontes donde en otro tiempo permanecían las siluetas que daban sentido a la Historia y a nuestra historia».

Es muy probable que, bajo esta premisa, la decisión que la asamblea constitutiva del Consejo Indígena de Gobierno (CIG) del Congreso Nacional Indígena (CNI), por la que se determinó nombrar a la indígena náhuatl María de Jesús Patricio Martínez como vocera y representante de los pueblos originarios del CIG para el proceso electoral del año 2018, no sea bien recibida por líderes y militantes de la «izquierda» partidista en México.

María de Jesús Patricio Martínez, vocera y representante de los pueblos originarios del CIG para el proceso electoral del año 2018. Fotografía: Víctor Camacho.

Hay quienes consideran que la participación de una candidata indígena —e independiente— a la presidencia del país, abona a los intereses de la clase política en México y a los del gran capital internacional que la controla, en demérito del «proyecto de nación» del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), liderado por Andrés Manuel López Obrador. Para algunos más, el sólo hecho de la participación electoral brinda de legitimidad al sistema político mexicano que se sostiene, en parte, gracias al modelo extractivo que afecta a la totalidad de los territorios indígenas concesionados o en vías de serlo al gran capital internacional.

Sin embargo, la defensa de sus territorios y, junto con ello, el de sus formas de organización social estrechamente vinculadas a la naturaleza, encuentra en la competencia electoral el último de sus recursos. Como lo ha señalado Víctor Toledo, «intentar una transformación de las sociedades mediante la vía de las armas es el acto más descabellado que se conoce» (La Jornada 2016/03/15), de tal forma que, en su propósito, los pueblos indígenas representados por el CNI, apelan a la capacidad de la sociedad civil en México para organizarse y sentar las bases de un nuevo modelo de sociedad.

No se trata, desde luego, del viejo dilema entre reforma y revolución, sino de un llamado a la movilización pacífica emplazada por un horizonte completamente distinto al que nos advirtió Vázquez Montalbán; se trata de comenzar a construir las bases de un mundo que es a la vez biológica y culturalmente diverso.


El Congreso Nacional Indígena, desde su constitución en 1996, ha insistido en un concepto de autonomía basado en la comunidad y el municipio como espacios privilegiados para la toma de decisiones en asuntos que les son inherentes, como el derecho sobre la tierra o las formas de representación. Un principio que se encuentra garantizado en el Artículo 115 de nuestra Constitución, en el que se señala que la célula básica del pacto federal es el municipio que, no obstante, siempre ha estado subordinado a los dos órdenes superiores de gobierno, como son los estados y la federación.

Compartimos con los pueblos indígenas las ideas y los conceptos que les motivan a la competencia electoral, por lo que, de cierta manera, su agenda es la nuestra. Se trata de una apuesta arriesgada, pero, en las circunstancias actuales, respaldar esta iniciativa de los pueblos originarios es un acto más allá de lealtades ideológicas, sino de congruencia con nuestra propia humanidad.

Los insurgentes

Adversus populus

I

Cuando niño, aprender a conducirme bajo los preceptos de la doctrina católica era la razón por la que me enviaban a la escuela y al catecismo; porque, hay que decirlo, fui educado bajo un sistema que juzgaba inconcebible la distinción entre las creencias religiosas y la vida en sociedad. Nací y crecí en una región a la que se le atribuía ser un bastión del catolicismo, quizá siga siendo así.

Los libros de texto gratuitos, aquellos que aún despiertan gran animadversión entre algunos sectores de la población (no sólo católicos, conste), nunca los consulté. Algunas veces nos eran dados para colocarlos sobre o dentro de nuestros mesa-bancos, con el propósito de simular ante el inspector de zona de la SEP que el colegio cumplía con la exigencia de emplear esos materiales en las clases; para después confinarlos nuevamente en el almacén de la escuela.

El colegio al que asistí no era el único en su tipo, pero sí el más radical. Durante algún tiempo creí que el nombre Insurgentes le había sido dado en honor a los héroes de la independencia. Después comprendí que ese nombre se refería a los niños, y solamente niños pues las niñas asistían a colegios exclusivos para ellas, que habrían de convertirse en los nuevos defensores de las «libertades» de la Iglesia católica. Puesto que el Insurgentes había sido fundado en la década de los años 50 del siglo XX, en el contexto del fin del modus vivendi entre la Iglesia y el Estado en México; un periodo en el que, en palabras del profesor Roberto Blancarte, la Iglesia superó la situación defensiva en la que se encontraba para erigirse, nuevamente, como una fuente autónoma de poder.

Así, por más de 40 años, varias generaciones fueron educadas en su interior bajo los principios de una moral religiosa. ¿Cuántos de estos insurgentes, de esta u otras escuelas católicas en el país, atendieron el llamado del Frente Nacional por la Familia; en lo que consideran una «cruzada» por el matrimonio, los niños y la familia [sic]?

II

Como una paradoja, de esas que abundan en las cuestiones humanas, el Insurgentes ocupaba el edificio que alguna vez fue la Casa del Agrarista en mi pueblo, inaugurada por el presidente Lázaro Cárdenas, a quien la jerarquía católica señalaba como un enemigo de la Fe, por sostener la educación socialista y los artículos 3º, 5º, 24, 27 y 130 de la Constitución.

Otra paradoja estriba en el hecho de que la disputa entre la Iglesia católica y el Estado, por las reformas constitucionales que reconocen el legítimo derecho del matrimonio entre personas del mismo sexo, ocurre bajo la supuesta laicidad del espacio público y la evidente imbricación entre la sociedad mexicana y la práctica religiosa. Dicha imbricación se articula a través del número de escuelas, asilos, orfanatos y todo tipo de organizaciones e instituciones, en las que aún pervive una visión integral e intransigente sobre los cambios de la vida en sociedad. Ciertamente no representan la totalidad de las corrientes que coexisten al interior de la Iglesia, pero sí lo son del discurso dominante representado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Legalmente, las reformas constitucionales que han dado lugar a la movilización de los sectores afines a la Iglesia, suceden en el marco legítimo y deseable de la relación entre el individuo y el Estado. Sin embargo, una perspectiva más útil para comprender la naturaleza del conflicto, es que en esa relación individuo-Estado debemos considerar la estructura de grupos y asociaciones que se sitúan en un lugar intermedio de esos extremos.

Es decir (y aquí nada tiene que ver el dogma), cualquiera que sea la capacidad del Frente Nacional por la Familia, en términos de movilización, se trata de un poder corporativo sustentado en el amplio y diverso número de organizaciones presentes en la estructura social mexicana; de aquella que reivindica un sistema de valores emplazado por una visión religiosa de la vida en sociedad.

III

En este sentido, una hipótesis sugiere que la pretendida laicidad de la educación, y en general del espacio público, ha fracasado. O, por lo menos, las instituciones del Estado se encuentran fuertemente disminuidas; a tal grado que un poder corporativo, como el de la Iglesia católica, es capaz de desafiarlo puesto que, después de todo, ¿quién puede negar la existencia legal de esas organizaciones y su derecho a manifestarse? Además, ¿no han sido algunas de estas organizaciones un contrapeso a los excesos o a las ausencias del Estado de Derecho en nuestro país?

Nos encontramos ante una encrucijada. Ante una situación que recuerda un pasaje de El luto humano; en el que, en medio de la noche, aparece la fuerza de un río desbordado como metáfora de la vida, acaso de la historia; en donde, para poder sobrevivir, un cristero, un agrarista y un puñado de miserables, se ven entre sí como necesarios, como los únicos artífices de su propia redención, desprovistos del manto protector de la Iglesia y el Estado que uno y otro defendían.

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Temacapulín y el arte de la resistencia

Adversus populus

Temaca resiste

I

Cuando la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) anunció en el año 2005 la edificación de una presa en Los Altos de Jalisco, y que esta obra implicaría la afectación y el desplazamiento de los habitantes de las comunidades de Temacapulín, Acasico y Palmarejo; probablemente, supuso que la población alteña recibiría esta decisión con beneplácito y que daría por zanjado el conflicto que ocasionó la primera intención de construir la presa en San Gaspar de los Reyes, una delegación del municipio de Jalostotitlán.

A diferencia de San Gaspar, Temacapulín, Acasico y Palmarejo contaban con una población relativamente menor, más dispersa e integrada en su mayoría por adultos mayores que, conjugado con otros factores, hicieron suponer que la resistencia a la realización de la obra sería menor o fácilmente acallada.

Sin embargo, ninguno de los directivos responsables de la presa como en su momento fueron el exdirector de la Comisión Estatal del Agua (CEA) César Coll Carabias o Raúl Iglesias Benítez, exdirector del organismo de la Cuenca Lerma-Santiago-Pacífico de la CONAGUA, conocían todas las potencialidades que los pobladores de estas comunidades podían desplegar para la defensa de sus territorios, de su identidad y de su historia.

II

En la última década, la estrategia que han seguido los habitantes de Temacapulín ha sido pacífica y desde distintos frentes. Por una parte ha sido legal, pues en julio de 2014 varias resoluciones judiciales, entre las que se incluye un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), determinaron la suspensión de la obra.

El fallo a favor de los argumentos de los pobladores se sostiene por las irregularidades que ha seguido el proceso de la presa, que van desde las decisiones personales de algunos funcionarios públicos, como la del exgobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, que pretendía que la altura de la cortina de El Zapotillo pasara de los 80 a los 105 metros de altura.

Así mismo, la asignación de los contratos de obra y los recursos destinados para la compra de las propiedades en las comunidades afectadas, han tenido un uso discrecional que ha sido denunciado por parte del Comité Salvemos Temaca. Pues, en el año 2015, la Comisión Estatal del Agua de Jalisco asignó un total de 56 millones 431 mil pesos para la adquisición de 14 viviendas en este poblado. La Unidad de Transparencia de esa dependencia confirma que el Estado, utilizando recursos federales, pagó en promedio cuatro millones 30 mil 785 pesos por cada casa adquirida el año pasado (El Informador, 03/05/2016).

III

Por otra parte, el Comité Salvemos Temaca, que dirige Gabriel Espinoza Íñiguez, ha establecido redes de colaboración y solidaridad con otras organizaciones y comunidades en situaciones similares a las de Temaca. De acuerdo al testimonio de sus habitantes, estas organizaciones han apoyado de manera decisiva la causa a su favor y su labor ha contribuido para que la opinión pública cuente con una versión informada de lo que ocurre entorno a El Zapotillo, así como promover actividades para la recaudación de fondos como lo son la Feria del Chile y la Carrera de los Remedios.

Para este 2016, la Feria del Chile y la Carrera de los Remedios se llevaron a cabo los días 27 y 28 de agosto. Para su realización, los habitantes de Temaca contaron con el apoyo de la Campaña Nacional en Defensa de la Madre Tierra.

IV

El cultivo del chile de árbol y la producción de salsas caceras derivadas de esta variedad del chile, han sido fuente de recursos y de identidad para la comunidad. En este sentido, podemos decir que la población de Temacapulín se ha visto en la necesidad de hacer una mirada introspectiva y encontrar aquello que les vincula les distingue respecto de otras poblaciones. Pese a que la amenaza de ser desplazados continúa, lo cierto es que los habitantes de Temacapulín han hecho de su lucha un arte, el arte de la resistencia.

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Sinarcópolis

Adversus populus

Archivo UNS –RVR

I

El canon popular sugiere que lo que se ve no se pregunta. Pero no todo lo que se nos presenta como obvio o evidente debe pasar desapercibido ni, mucho menos, evita que nos formulemos ciertas consideraciones sobre los hechos que dan forma a lo cotidiano. Esto me parece particularmente válido si contemplamos que, desde hace varios años, el intercambio (si es que se le puede llamar así) entre las ciudades de Lagos de Moreno, Jalisco, y León de los Aldama, Guanajuato, está dando origen a la cristalización de un espacio o, por decirlo en términos metafísicos, a un «ente» que no había existido antes. A esa creación es a la que me refiero como «Sinarcópolis».

El origen de la palabra no es remoto, surge en el contexto de la lucha política que, en la década de los años treinta del siglo XX en México, llevó a los católicos inconformes con los arreglos entre la Iglesia católica y el Estado mexicano (para poner fin a la guerra que conocemos como la cristiada) a fundar la Unión Nacional Sinarquista (UNS). Dado que la UNS surge en la ciudad de León, Guanajuato, el 23 de mayo de 1937 (día de la Santísima Trinidad) y fue ahí donde contó con su mayor y más aguerrido número de militantes, los miembros de esa organización contrarrevolucionaria se referían a aquella ciudad como Sinarcópolis.

II

Sin entrar en detalles sólo diré que sinarquismo significa «con orden o con autoridad». Sus críticos y adversarios, entre quienes destaca Vicente Lombardo Toledano, la denunciaron como una organización fascista en México. No obstante que otro observador de la época como Nemesio García Naranjo, en 1946 se refería al sinarquismo como una ideología netamente mexicana:

«El sinarquismo no fue traído del exterior: nació en el Bajío que es la comarca más mexicana de México. Sus fundadores no eran gente conocida, ni rica, ni de gran prestigio intelectual. El grupo empezó a crecer, no obstante de que se procuró aplastarlo con el mote de “reaccionario.” A pesar de la hostilidad oficial, siguió progresando hasta causarle inquietudes al gobierno. Este lo declaró ilegal y ordenó su disolución; pero la condenación resultó inútil: el sinarquismo continuó moviéndose con vitalidad siempre mayor».

Cabe señalar que «el fin último» del sinarquismo sí era derrocar al régimen revolucionario e instaurar, en cambio, un orden social cristiano.

Como antecedente, la existencia de una ciudad conocida como Sinarcópolis sólo corresponde al ámbito de la «política-ficción». Acaso una quimera por la que los militantes sinarquistas asimilaron el declive del movimiento y la institucionalización de la Revolución mexicana que aborrecían.

No es mi propósito abonar al imaginario sinarquista, que aún existe, como tampoco sugiero un descabellado cambio en las nomenclaturas de Lagos de Moreno y León de los Aldama. La existencia real, jurídica, geográfica, comercial y administrativa de estas dos ciudades no es el objeto al que me refiero, aunque el fenómeno al que aludo puede llegar a transformar dichos ámbitos. Hablo del proceso de integración que están experimentando y que pareciera ser una obviedad para gobernados y gobernantes en ambas ciudades.

III

El empleo del término Sinarcópolis me parece adecuado debido a que, al igual que en el Bajío guanajuatense, en los Altos de Jalisco el sinarquismo también logró una amplia y favorable recepción por parte de sus habitantes. Desde luego, ya en otro tiempo hubo alguna intención por conformar una entidad política a partir de la integración de estos espacios, pero fue el sinarquismo el primero que tuvo lugar bajo el sistema político actual.

Es muy probable que no exista en alguna otra parte del país un empleo tan exacerbado de símbolos religiosos como en Los Altos de Jalisco y el Bajío guanajuatense, con el propósito de recrear un imaginario colectivo tan vehementemente conservador. Además, todo ese simbolismo abona a la preservación de uno de los factores de poder en México, como lo es la Iglesia católica y las élites que la respaldan. Con la integración de estas regiones, a partir del crecimiento urbano de León que ha ocasionado el corredor industrial, Sinarcópolis habrá de dar cabida al surgimiento de un nuevo espacio de poder político, con nuevas élites económicas y nuevas dinámicas de relaciones sociales, pero subjetivamente orientadas por una visión religiosa, algo así como el orden social sinarquista.

IV

Por otra parte, cuando cuestionamos el empleo del término «intercambio» para referirnos a la dinámica que entre Lagos y León está ocurriendo, lo hacemos desde la evidente desigualdad que subyace en esa relación. Buena parte de los recursos naturales, como lo son los bancos de arena o las aguas del río Verde que serán captadas por la presa El Zapotillo por la que se pretende inundar a Temacapulín, son sólo una muestra de que Sinarcópolis dista, por mucho, de ser una entidad distinta a las urbes que ya existen en el país. Los Altos Norte de Jalisco se han convertido en depositarios de muchos de los desechos que produce León, una de las cinco ciudades más contaminadas de México según la Organización Mundial de la Salud.

El establecimiento de fraccionamientos y zonas residenciales en los límites entre Lagos y León también dan cuenta de la desigualdad en su relación. Con la autorización de esos asentamientos, que han sido una necesidad impuesta por la metrópoli guanajuatense, Lagos de Moreno, como administración pública, adquiere compromisos para los que su infraestructura administrativa no está preparada. Dichos compromisos van desde el alumbrado público, la recolección y manejo de residuos domésticos, el agua potable y el alcantarillado, la seguridad pública, etcétera, que, de por sí, son prestaciones que varias delegaciones como Betulia o Los Azulitos en el norte del municipio reciben, si es que reciben, de manera defectuosa.

«Lo más bonito de Lagos es León», me dice sin pensarlo dos veces un comerciante en Lagos de Moreno. En su lógica tiene razón. Buena parte de los bienes de consumo que se producen en Lagos tienen como destino la ciudad de León. Pero esto también ocurre en sentido inverso, puesto que muchos de los servicios que proporciona aquella ciudad guanajuatense son consumidos por mis paisano en Lagos.

Quienes habitamos y, de cierta manera, nos beneficiamos de la dinámica entre Lagos y León, obviamos la naturaleza de esa relación. Cuando debiéramos cuestionarnos sus alcances, las implicaciones y los riesgos que conllevan. Los costos socioambientales por el surgimiento de una megalópolis, a la que aquí me he estado refiriendo como Sinarcópolis, son demasiado altos para una región en la que los recursos no abundan. Desde luego, la integración es un hecho y está ocurriendo, lo que no se ve, por ninguna parte, es la implementación de un plan o un proyecto que evite la depredación de los recursos y la corrupción que ello implica.

V

Además, al igual que el poeta Javier Sicilia, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, boicotear las elecciones, detener la construcción de la presa El Zapotillo, devolverle su programa a Carmen Aristegui y exhumar e identificar los cuerpos de las fosas de Tetelcingo.

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Más que una petición, una exigencia: ¡Liberen a Semeí Verdía! #Ostula

Adversus populus 20

Semei Verdia
Semeí Verdía Zepeda, líder de los grupos de autodefensa del municipio de Aquila, Michoacán
I

El domingo 19 de julio comenzaron las fiestas del lugar donde vivo, «la subida» le decimos los habitantes de Lagos de Moreno, en Jalisco. Una amiga y yo, poco antes del acto, nos encontramos para tomar el fresco, comer una «panocha», beber un «aguanieve» y ver cómo sucedían los últimos preparativos, detalles que no les compartiré aquí.

Antes de que comenzara la fiesta nos retiramos. Nos despedimos y volvimos a nuestros quehaceres. Los míos no eran tantos, así que opté por dedicar la tarde al ocio de las redes sociales. La primera actualización en mi time line en Facebook fue la del colectivo Proyecto ambulante, una agencia autónoma de información cuyo eslogan es «construyendo contrainformación», el tema del que daba cuenta lo compartían otras agencias y colectivos como Subversiones y Desinformémonos, todo mi reconocimiento a quienes los hacen posibles y a la labor, a veces peligrosa e ingrata, que cotidianamente realizan.

II

El tema en cuestión era la agresión por parte de la Policía Federal y el Ejército mexicano en contra de los habitantes de la comunidad nahua de Santa María de Ostula, quienes habían bloqueado la carretera costera, para más seña la carretera federal México 200, en protesta por la detención del comandante de su Policía Comunitaria, Semeí Verdía Zepeda, la mañana de ese domingo 19 de julio. La respuesta del Ejército y la Policía Federal fue la violencia en extremo, nadie asume la responsabilidad de la orden, pero lo cierto es que la orden fue dada y sus efectivos abrieron fuego en contra de la población, ocasionado la muerte del menor Idelberto Reyes García e hiriendo de gravedad a otros menores y adultos presentes en el bloqueo carretero. Pueden consultar la versión de los hechos, por parte de los habitantes de Ostula, en la página del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez A.C. en esta liga.

Como muchas personas conozco la zona, como muchos de ustedes, en más de una ocasión, he disfrutado de las playas de San Juan de Alima, La Ticla en Aquila, El Faro de Bucerías, Maruata, entre otras. Pero también, en este 2015, por invitación del doctor en antropología Carlos Lucio, quien se dedica al desarrollo cooperativo de proyectos económicos para que comunidades indígenas y campesinas impulsen sus propias estrategias de crecimiento, tuve la oportunidad de conocer el poblado de Santa María Ostula y a algunos de sus habitantes, como Agustín Vera, quien ahora ha sido designado vocero de la comunidad en esta difícil situación. La agencia autónoma de comunicación Subversiones nos ofrece esta crónica y análisis de la lucha que, desde hace más de cinco años, han sostenido los pueblos nahuas en Michoacán: Embestida del ejército contra la comunidad de Santa María Ostula.

En algún lugar leí que «Se puede ver parte de la verdad y no reconocerla. Pero es imposible contemplar el mal y no reconocerlo», y lo que ocurre en estos momentos en aquella región de la costa en Michoacán, por decirlo así, es la manifestación «pura» del mal. Por ello, la manera en la que podemos manifestar nuestro apoyo a la comunidad y, de alguna manera, solidarizarnos con Semeí Verdía es apoyando las peticiones que para su liberación se han impulsado en las plataformas Change.org y la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos. Todos los Derechos para Todas y Todos [haz clíck en las ligas respectivas para firmar las peticiones].

III

En el encabezado de esta crónica sostengo que más que una petición, la liberación de Semeí Verdía es una exigencia, es cierto. La Procuraduría General de la República, a cargo de Arely Gómez González, ejerce acción penal en contra de Semeí Verdía acusándolo del delito de portación de armas de fuego y explosivos, de uso exclusivo del ejército; así como de haber cometido delitos electorales, concretamente la destrucción de material electoral [puedes leer al respecto en La Jornada].

Bajo una supuesta acción apegada al estado de derecho, en apego a la «ley», es que Semeí fue detenido y trasladado al Centro Federal de Readaptación Social número 4, ubicado en el municipio de Tepic, en el estado de Nayarit. Seamos claros, por supuesto que en apego al derecho es inadmisible que particulares se armen y tomen control de territorios o ejerzan funciones en la impartición de justicia, cuya atribución es exclusiva del Estado mexicano y sus instituciones. Pero, y se trata de un pero nada trivial, el surgimiento de los grupos de autodefensa y la reactivación de las policías comunitarias en varias partes del país, ocurrió, justamente, por el abandono del Estado mexicano a sus atribuciones en la impartición de justicia y, lo que es más grave e inadmisible aún, por su evidente respaldo, fomento o complicidad con organizaciones criminales dedicadas a la producción, trasiego y distribución de narcóticos; dedicadas por igual a la extorsión, secuestro y desapariciones forzadas; responsables del desplazamiento de comunidades enteras a causa de los asesinatos y el terror en general.

La de Semeí y demás habitantes de Santa María de Ostula no era otra cosa que la defensa legítima de su persona, sus familias, sus bienes y su comunidad. Insisto, en el idílico país en el que viven los funcionarios al más alto nivel, tanto federal como estatales, el estado de derecho es una realidad; pero, frente a ello, existe una realidad contraria, brutal, perversa. Aún clamamos por conocer el paradero de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa y una larga y dolorosa lista de agravios que nos estremecen e indignan. Indignémonos, pues, y clamemos por la liberación de Semeí Verdía.

Además, al igual que el poeta Javier Sicilia, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés; detener la guerra; liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas, a Nestora Salgado, a Mario Luna y a todos los presos políticos; hacer justicia a las víctimas de la violencia; juzgar a gobernadores y funcionarios criminales; boicotear las elecciones, y devolverle su programa a Carmen Aristegui.

Críticas y comentarios a v4l3nc14@gmail.com

Wirikuta

En la geografía sagrada del pueblo Wixárika, que se encuentra distribuida en los estados de Nayarit, Jalisco, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí; Wirikuta es el espacio más importante, en él comenzó la vida.

Asentado en el territorio desértico de San Luis Potosí, cerca del municipio de Real de Catorce, el pueblo wixaritari considera que la vida y la estrecha relación que los seres humanos tenemos con ella debe mantener un equilibrio, por lo cual este pueblo conserva muchas tradiciones orales y prácticas que, a nuestros ojos, los teiwarixi (como llaman los huicholes a los hombres blancos), son inteligibles, incomprensibles, hay quienes las consideran barbaras.

El hecho es que al centro de Wirikuta, en la gran planicie desértica en la que se ubica, encontramos «el cerro del Quemado», nombre dado por las pigmentaciones que a simple vista se pueden apreciar en las laderas del cerro. Pero, para los wiraritari, «el cerro del Quemado» es el lugar donde Wirikuta reposa, razón por la que se han dado a la tarea de preservarlo y evitar que el mismo sea explotado por las minas en ésta y otras partes de la geografía sagrada Wixárika.

Les comparto una vista panorámica de Wirikuta, tomada con una cámara análoga y un rollo asa 100 en el año 2004, última vez que estuve ahí (haz click en la imagen).

 

La música de Antonio Gomezanda y Apolonio Moreno a seis cuerdas

Adversus populus (2)

I

El proyecto «Apolonio Moreno y Antonio Gomezanda en guitarra clásica 2012», beneficiado junto con otras 37 propuestas por la Convocatoria CECA Jalisco 2012, presentado por Hugo Acosta (Guadalajara, Jal. 1981), al cumplirse el 15 de octubre de 2013 el plazo para su realización, concluyó satisfactoriamente con la grabación del disco Lagos. Compuesto por 13 piezas que van de la canción ranchera a la polka, pasando por el schottisch y el vals, el disco es muestra de la versatilidad musical de los compositores nacidos en Lagos de Moreno en el siglo antepasado y de talento por parte del músico tapatío.

II

En alguna ocasión pregunté a Hugo Acosta el por qué no se aventuraba a incursionar en la composición de piezas musicales para guitarra, además, claro, de continuar con su trayectoria como intérprete. La respuesta la obtuve de una amplia conversación con él sobre el arte; de cómo el acto de creación, en ciertas circunstancias, requiere trazar senderos claros en el campo de la técnica o la interpretación. «Madurar como músico» —me dijo.

En una época como la nuestra, donde lo inmediato priva sobre el proceso, la utilidad sobre el valor, entender que la creación o innovación, al igual que todos los ámbitos de la vida cotidiana, son producto del trabajo y el esfuerzo diario, es un acto revolucionario. Sólo bajo circunstancias y por personas extraordinarias, la originalidad creativa irrumpe súbita para transformar cánones en el trabajo, la ciencia o el arte. Para deconstruir un concepto, no obsta decir que se ha hecho, requiere, previamente, demostrarlo; haber sido capaz de entenderlo y asimilarlo de la manera más amplia posible, para mostrar sus vacíos y limitaciones; entonces, desde ahí, volver a dotarlo de contenido y significado.

La música puede ser un claro ejemplo. Las composiciones de Apolonio Moreno (1872-1950) y Antonio Gomezanda (1894-1961), por mucho tiempo han permanecido como un mito en el imaginario colectivo. Pocas personas saben que fueron músicos de su época, herederos de otras influencias y tendencias musicales surgidas en suelo mexicano o importadas de otras latitudes para, felizmente, sintetizarlas en un género y estilo auténticamente nacional. Quienes conocen sus vidas y obras, en pocas ocasiones tienen oportunidad de vibrar de emoción ante la ejecución de una pieza orquestal en un recinto adecuado para ello; o bien, bailar y divertirse al ritmo de alguna polka de éste o aquél músico jalisciense. Quizá, porque la vida en sociedad del México de finales del siglo XIX y comienzos del XX, de manera indistinta al estatus o clase social que se tenga en mente, en este nuestro tiempo, ha perdido vigencia como espacio de recreación y celebración de todo aquello que contribuía a la construcción de una identidad nacional, el gran interés de las élites políticas e intelectuales del México de aquellos años.

Así, la música de éstos dos compositores quedó reservada para el anecdotario o el libro de efemérides. Sus nombres fueron asignados en algunas calles de su ciudad natal; o en escuelas donde no enseñan a interpretar su música por falta de interés, voluntad, ignorancia o, lo que sería peor, por no contar con los medios para hacerlo. Hay quienes afirman, sin ningún empacho, que la música de cámara o clásica, como generalmente se le clasifica, es poco atractiva para los sectores populares, que a ellos lo que hay que darles es «pan y circo». Nada más falso y alejado de la realidad.

La guitarra, como instrumento musical inició su historia fuera de las cortes y las cámaras para orquesta; fue, y sigue siendo, un instrumento popular, al alcance de quién deseé conocerla y aprender a tocarla. Puede decirse, incluso, que es un instrumento democrático. Tan es así, que es a través de la guitarra que la música de Antonio Gomezanda y Apolonio Moreno, podrá dejar el lugar monolítico donde la historia de bronce del panthĕon de músicos y compositores en nuestro país la ha confinado y, en la medida de su difusión, volver a ser escuchada en espacios públicos y hacerlo incluso, en la intimidad de los hogares gracias al esfuerzo que Hugo Acosta emprendió por transcribirla para este instrumento.

III

Para que el público pudiera acceder al trabajo documental y musical, además del apoyo económico por parte del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes Jalisco (CECA), la realización del disco contó con la participación de Aurora Martín Azores en la corrección de estilo, Eduardo Escoto Robledo en la masterización, Mariano Domz en fotografía, Rubén Díaz Barriga con dibujos y grabados y un servidor en el arte y diseño. La información sobre el disco, así como las fechas y lugares donde habrá de presentarse, puede consultarse en el sitio: www.hugoacostaguitar.com.

IV

Por mucho, celebro el lanzamiento del disco «Lagos. Música de Antonio Gomezanda y Apolonio Moreno, transcripciones para guitarra. Hugo Acosta Martín del Campo», debido a que en esa producción no sólo podremos apreciar la solides de Hugo como intérprete; en ese material, veremos la madurez que ha alcanzado como músico, al realizar un trabajo tan complejo como lo es trasladar piezas para piano y orquesta a las seis cuerdas de la guitarra. Además, sin desmerecer la calidad con la que esas piezas fueron concebidas, la música de los compositores laguenses podrá ser apreciada por quienes deseen hacerlo y, de forma especial, por sus paisanos, el pueblo de Lagos, para quienes originalmente, como ahora, fueron escritas. En palabras de Hugo: «¡Que lo disfruten!».

Críticas, comentarios e invitaciones a diseñar y reseñar discos a: v4l3nc14@gmail.com.

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 18 de octubre [haz click en la imagen].

La escritura y el deseo

El Centro Universitario de Los Lagos y Ediciones del Ermitaño pusieron en marcha el proyecto «La escritura y el deseo en Jalisco», que exhibirá las fotografías que el artista, editor y promotor cultural Alejandro Zenker tomó a 20 escritores del estado.

El objetivo es difundir la literatura que se hace en el estado a través de distintos medios. El erotismo es un pretexto para convocar a los creadores en torno de la reunión de la literatura y la fotografía.

Estas fotografías de los artistas en interacción con los modelos Carolina Borda, Asdrúbal Cavande, Laetitia Thollot, «Anaïs» y Montserrat Esparza se exhibirán en gran formato en Casa Serrano.

«La escritura y el deseo»: poesía, narrativa, prosa poética y crónica con algunos de los mejores creadores jaliscienses vivos al alcance de nuestros sentidos.

Los escritores que son parte de este proyecto hasta el momento son: Hugo Gutiérrez Vega, Raúl Bañuelos, Carmen Villoro, Patricia Medina, Arturo Suárez, Fernando Solana, Karla Sandomingo, Luis Armenta Malpica, José Miguel Becerra, Dante Alejandro Velázquez, Víctor Ortiz Partida, León Plascencia Ñol, Eugenio Partida, Abril Medina, Baudelio Lara, Felipe Ponce, Jorge Orendáin, Mauricio Montiel, Ernesto Lumbreras y Rodolfo Naró.

Fotografía y dirección del proyecto Alejandro Zenker
Asistencia de dirección Laura Rojo, Luis Alberto Pérez Amezcua, Yahaira Padilla López e Irma Guerra Márquez
Museografía: Dolores Hernández
Página web del proyecto: http://www.laescriturayeldeseo.com