El Congreso Nacional Indígena (CNI) y la lucha electoral

Adversus Populus

«Los espejos se han roto —decía Manuel Vázquez Montalbán en 1995—, los imaginarios se han esfumado y las razones que generaron las ideas sobreviven, pero, desorientados entre puntos cardinales trucados, ninguna respuesta nos cabe esperar de los horizontes donde en otro tiempo permanecían las siluetas que daban sentido a la Historia y a nuestra historia».

Es muy probable que, bajo esta premisa, la decisión que la asamblea constitutiva del Consejo Indígena de Gobierno (CIG) del Congreso Nacional Indígena (CNI), por la que se determinó nombrar a la indígena náhuatl María de Jesús Patricio Martínez como vocera y representante de los pueblos originarios del CIG para el proceso electoral del año 2018, no sea bien recibida por líderes y militantes de la «izquierda» partidista en México.

María de Jesús Patricio Martínez, vocera y representante de los pueblos originarios del CIG para el proceso electoral del año 2018. Fotografía: Víctor Camacho.

Hay quienes consideran que la participación de una candidata indígena —e independiente— a la presidencia del país, abona a los intereses de la clase política en México y a los del gran capital internacional que la controla, en demérito del «proyecto de nación» del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), liderado por Andrés Manuel López Obrador. Para algunos más, el sólo hecho de la participación electoral brinda de legitimidad al sistema político mexicano que se sostiene, en parte, gracias al modelo extractivo que afecta a la totalidad de los territorios indígenas concesionados o en vías de serlo al gran capital internacional.

Sin embargo, la defensa de sus territorios y, junto con ello, el de sus formas de organización social estrechamente vinculadas a la naturaleza, encuentra en la competencia electoral el último de sus recursos. Como lo ha señalado Víctor Toledo, «intentar una transformación de las sociedades mediante la vía de las armas es el acto más descabellado que se conoce» (La Jornada 2016/03/15), de tal forma que, en su propósito, los pueblos indígenas representados por el CNI, apelan a la capacidad de la sociedad civil en México para organizarse y sentar las bases de un nuevo modelo de sociedad.

No se trata, desde luego, del viejo dilema entre reforma y revolución, sino de un llamado a la movilización pacífica emplazada por un horizonte completamente distinto al que nos advirtió Vázquez Montalbán; se trata de comenzar a construir las bases de un mundo que es a la vez biológica y culturalmente diverso.


El Congreso Nacional Indígena, desde su constitución en 1996, ha insistido en un concepto de autonomía basado en la comunidad y el municipio como espacios privilegiados para la toma de decisiones en asuntos que les son inherentes, como el derecho sobre la tierra o las formas de representación. Un principio que se encuentra garantizado en el Artículo 115 de nuestra Constitución, en el que se señala que la célula básica del pacto federal es el municipio que, no obstante, siempre ha estado subordinado a los dos órdenes superiores de gobierno, como son los estados y la federación.

Compartimos con los pueblos indígenas las ideas y los conceptos que les motivan a la competencia electoral, por lo que, de cierta manera, su agenda es la nuestra. Se trata de una apuesta arriesgada, pero, en las circunstancias actuales, respaldar esta iniciativa de los pueblos originarios es un acto más allá de lealtades ideológicas, sino de congruencia con nuestra propia humanidad.

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La palabra con «d»

Adversus populus

 

I

Si hubiera un pueblo de dioses –escribía hace más de dos siglos Jean Jacques Rousseau­– la palabra con «d» sería su forma de gobierno. Pero no creía conveniente que los seres humanos intentáramos regirnos bajo un sistema tan perfecto. Sin embargo, la palabra con «d» constituye la base del pensamiento político moderno y; a partir de entonces, no ha habido ideología política que no la incluya entre los valores que diga defender o representar.

Visiblemente entusiasmado por su viaje al interior de los Estados Unidos de Norteamérica, Alexis de Tocqueville escribió una de las obras fundacionales de la sociología y de la ciencia política contemporáneas. En donde analiza cómo es que la palabra con «d» ocurre con «naturalidad» entre los ciudadanos, organizaciones e instituciones en los primeros años de aquel país y por qué el mundo civilizado debía seguir su ejemplo. Poco después, en el contexto revolucionario de la Europa decimonónica, Karl Marx y Friedrich Engels proporcionaron a los proletarios del mundo un manual de lucha en el que categóricamente hablaban de la palabra con «d» como uno de los objetivos que la revolución proletaria internacional debía alcanzar. Pero no solo liberales y comunistas han reivindicado a la palabra con «d» entre sus valores, hacia finales del siglo XIX el pensamiento político conservador, aquel que encontrara su sustancia en la obra de Edmund Burke, también habría de incluir la palabra con «d» entre el repertorio de ideas por las que emplazaba su propio horizonte utópico.

II

En México, personajes académicos e intelectuales como José Revueltas, Pablo González Casanova, Roger Bartra, Octavio Paz, Enrique Krauze y Jorge Alonso, por citar a algunos que, a mi entender, han logrado influir en el debate político nacional, sobre la palabra con «d» han dicho que es bárbara, pero que es posible, que se encuentra ausente, aunque es absoluta pero a su vez relativa, que no lleva adjetivos o que ha sido vulnerada. Incluso, la Iglesia católica en nuestro país, una vez concluido el periodo que conocemos como el modus vivendi, se pronunciaba sobre este tema para exigir la abolición de las leyes antirreligiosas que aún seguían vigentes. En todos ellos subyace un discurso por la legitimidad de las instituciones políticas, económicas, sociales y culturales que los mexicanos nos hemos dado a partir del establecimiento del moderno Estado-nación, de aquel al que dio lugar la Revolución mexicana, como requisito necesario e inequívoco para que la palabra con «d» ocurra con «naturalidad» entre los mexicanos, y esto nos conduzca a mejores condiciones de bienestar.

De los tiempos del sistema autoritario, que se vio obligado a la apertura por la presión que desde la oficialidad o la clandestinidad ejercieron los movimientos sociales en el país, hasta llegar a la supuesta transición que significó el triunfo de la oposición electoral en el año 2000; al día de hoy, la palabra con «d» ha sido constreñida a un formalismo administrativo y esto, en cualquiera de las definiciones que le queramos dar, la ha vuelto una palabra estéril. Esto se debe, en parte, al hecho de haber confinado a la palabra con «d» al ámbito de las instituciones. Porque, hay que decirlo, uno de los mayores obstáculos para que la palabra con «d» vuelva a gozar de algún lugar entre los anhelos de la sociedad mexicana en su conjunto, es el uso que de las instituciones ha hecho la clase política en México, que las han vuelto sus feudos personales e instrumentos de control y dominación tanto burocrática como de fuerza. Quizá, en su estado actual, nuestras instituciones son insalvables.

III

Resulta encomiable que los movimientos indígenas hayan sido los primeros en darse cuenta de la decadencia de las instituciones que dan forma al Estado moderno. Es por ello que al interior de los territorios o de los espacios en los que han constituido sus autonomías, podamos hablar de democracia. Las instituciones que comunidades indígenas y campesinas dentro y fuera de México se han dado en los últimos cuarenta años, cumplen con las necesidades para las que han sido creadas, no constituyen formas de dominación sino de representación y, de igual forma, esas mismas instituciones articulan sus formas de resistencia al embate que, desde el exterior, el aparato de estado acomete en su contra. Entre sus formas de resistencia, el movimiento indígena en México, que bien representa el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, no ha buscado el diálogo con las élites que monopolizan al aparato de estado y sus instituciones; en su búsqueda, el zapatismo ha intentado comunicarse con la sociedad civil organizada y movilizada, con la que comparten la necesidad de establecer nuevas formas de relaciones sociales, democráticas.

Corresponde a nosotros, miembros de la sociedad civil en México, debatir sobre las formas de participación y representación política venideras, quizá al margen de las actualmente existentes. Pero no por ello, debemos mantener una actitud de indiferencia a lo que ocurre en la arena de lo electoral, en donde la palabra con «d» debe ser resignificada. Un primer paso es recuperar experiencias, comprender en qué momento las luchas populares, locales e inmediatas a nosotros, fueron desarticuladas y si esto ocurrió por haber incursionado en la insurgencia o en la competencia electoral. Hay que pensar más allá del 2018, pero con una estrategia que, en ese año, nos permita evitar que las elecciones sean un festín para los cerdos. Con la consumación de la serie de reformas que la actual administración federal impulsó, el gobierno de Peña Nieto ha cumplido su objetivo, el de desmantelar el estado de bienestar en México. Lo que sigue, es el empleo de la fuerza en contra de cualquier expresión que cuestione los privilegios que la clase política está obteniendo de ello.

En algún lugar se ha dicho que la posibilidad de hablar de una falta de democracia es la prueba de su existencia. Habría que poner a prueba ese supuesto y, a través de las urnas y de las calles, presentar nuestras demandas y hacer saber a la clase política y a las élites en México que, la nuestra, es una sociedad agraviada.

IV

Además, al igual que el poeta Javier Sicilia, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, boicotear las elecciones, devolverle su programa a Carmen Aristegui, cancelar definitivamente la construcción de la presa El Zapotillo y exhumar e identificar los cuerpos de las fosas de Tetelcingo.

Críticas, comentarios y sugerencias de sinónimos de democracia a v4l3nc14@gmail.com

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Cuando los muertos hablan (homenaje a Manuel Vázquez Montalbán)

Raúl Valencia Ruiz

Más o menos, un homenaje debe versar sobre lo bueno y trabajador que “era” quien es objeto de uno; sin embargo, el punto se acentúa en el “era”, ya que lamentablemente en la mayoría de los casos, un personaje es engrandecido una vez que ha dejado de estar entre nosotros para convertirse en mito o héroe, sin habérsele preguntado siquiera alguna vez si desearía convertirse en icono de las juventudes o modelo de trabajo y constancia. Este es uno de esos homenajes póstumos a quien fuera en vida Manuel Vázquez Montalbán, catalán de nacimiento, pero de esos que después se convierten en ciudadanos del mundo.

Entre sus múltiples publicaciones que suman más de cien, Marcos: el señor de los espejos, fue la obra que me dio la oportunidad de conocer a tan noble personaje cuando éste lo presentaba en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, acompañado de Paco Ignacio Taibo II. ¿Por qué un homenaje ahora? Siendo que falleció hace poco más de un año en el aun lejano mes de octubre en el exótico Bangkok, ¿Por qué a él?

Varias ocasiones visitó nuestro país y en una de ellas lo hizo para entrevistarse con el Subcomandante Insurgente Marcos, cuyo resultado fue el libro que arriba menciono. En una de esas visitas y entrevistado por el diario la Jornada, Montalbán opinaba que la poética del neocapitalismo, es la novela policíaca. Entendido por neocapitalismo no el que ahora avanza, sino el puro y duro, el que estalla en Estados Unidos en los años 20 y es un ensayo general de lo que será el sistema productivo.

”Eso genera una sociedad cargada de tensiones, de relación entre política y delito, de doble moral. La poética de la novela negra describe todo eso. A medida que las otras sociedades se han ido pareciendo a ésa es que se hace verosímil la lógica y el discurso de la novela negra. Es una poética adecuadísima para describir los conflictos sociales de cada época. Por eso hay toda una tendencia, incluso trotskista, de narradores inspirados por Mandel, quien llegó a escribir un libro en el cual sostiene que la única novela legítima y ética de nuestro tiempo es la policíaca.”

El antagonismo de lo que es bueno frente a lo que es malo, no es exclusivo del mundo literariodonde se desarrolla la novela negra policíaca; tal como lo dice nuestro homenajeado, el sistema económico y político bajo el cual normamos nuestra vida como nación, crea tensiones a todos los niveles: institucionales, productivos, educativos, de grupos e incluso de individuos.Acaso, ¿no es novelesco el asesinato de seis custodios del penal federal en Matamoros Tamaulipas como contestación del narco a los operativos y medidas tomadas por el gobierno federal en el penal de la Palma? Qué el presidente de la república suspenda una gira de trabajo por el norte del país y su secretario de gobernación explique que no es por miedo a ir para allá. Lamentablemente, en México la realidad supera a la ficción, tal vez por ello Montalbán fijo su atención sobre lo que en nuestro país acontece y a mi me gusta escribirle un homenaje ahora que no es aniversario de su muerte, ahora que no es su natalicio y hacerlo sobre el trabajo que nos lego y la novela que en México se desarrolla.

No es secreto para nadie la simpatía de Vázquez Montalbán por el movimiento indígena denominado Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), basta con leer sus columnas, artículos y libros para saberlo; en la carta que dirige el Sub Marcos a la viuda y al hijo del escritor “Doña Ana y Don Daniel”, se menciona la intención de escribir una novela a ratos en las montañas del sureste mexicano y otros en las Ramblas catalanas; esto ya no pudo ser. Sin embargo, el creador del heredero del investigador Pepe Carvalho, Paco Ignacio Taibo II, ha resucitado al detective independiente Héctor Belascoarán Shayne para elaborar una compleja investigación. Por su parte, el enmascarado del sur ha elegido al finado Elías Contreras comisión de investigación (y zapatista muerto el 1 de enero del 94), para buscar… al mal y al malo. Ahí lo ves si también le entras o según cómo es tu pensamiento.

Le entro– Le entramos por que a no ser por la genialidad del relato de Taibo y el espíritu crítico de Montalbán presente en la novela, ésta carece de originalidad y recursos literarios que ofenden nomás de pensar relacionarlos con uno y otro. Le entramos por que la novela más que eso, es una clave, una nueva declaración de la selva lacandona, un mensaje que los rebeldes comunican a todo el que quiera oír, o en este caso leer.

De los miles de interlocutores a los que la novela busca llegar, aparece uno al cual parece explícitamente dirigida “al mas hijo de la chingada de todos los hijos de la chingada.” Salvador Morales Garibay alias Daniel, comandante Daniel, quien fuera la segunda persona en importancia en el EZLN hasta octubre de 1993, aportó a finales de 1994, los datos suficientes que permitieron identificar la identidad de los 40 principales líderes del EZLN, a cambio de tres mil dólares y un grado de capitán en la Secretaría de la Defensa Nacional, cuando existía un descontrol en las actividades de inteligencia de la PGR, Sedena y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).

Estos datos son señalados en un análisis sobre el movimiento zapatista elaborado por el Cisen, titulado “Análisis Político-Policiaco-Militar del EZLN, Salvador Morales Garibay, Comandante Daniel, El Gran Delator”.

En el documento en mención, se describen las contribuciones que esta persona realizó a los cuerpos de seguridad nacional del país, así como su separación del movimiento guerrillero y su inserción como capitán en las fuerzas armadas del país donde actualmente realiza labores de inteligencia.

¿Cuántos de los delitos y crímenes que se resuelven en México, serán producto de investigaciones serias y bien fundamentadas y no de señalamientos injustos y dolosos? Tal vez muy pocos o quizá ninguno, ya que las cárceles en nuestro país están llenas de gente que aun no tiene sentencia o de criminales de altura que gobiernan desde ellas. En la mayoría de los casos las delaciones son los únicos medios para solucionar crímenes, hechos que llevan a nuevos actos criminales cuando les cobran la factura a los “chivatones.” De ahí, el “gran servicio” que Morales prestó al estado mexicano, salvándolo del ridículo en sus servicios de inteligencia: proporcionar la identidad de Marcos.

Si, don Manuel tenía razón, la novela policiaca da cuenta perfectamente de lo que pasa en el mundo real, de una sociedad campesina empobrecida, de una casi extinta clase media, de un gobierno que vigila y castiga a sus detractores: la Realidad, Chiapas; Atenco, Edo. de México; altermundistas en Guadalajara; familias en San Nicolás y San Gaspar, delegaciones de Jalostotitlán en los Altos de Jalisco.En todos estos lugares observadores furtivos toman notas, capturan consignas, retratan líderes, relatan sus descubrimientos a auditorios reducidos de policías o militares interesados en la “seguridad nacional.” Intrigas, mentiras, senadores que demandan al estado que representan para beneficiar a quien les paga, hermanos de expresidentes, muertos o en la cárcel, sobornos multimillonarios, es lo que encontramos en varias capas del Estado mexicano. ¡Tal como en la novela! Sin embargo, el “interés nacional” debe imponerse sobre el interés particular, por esowall mart a Tenochtitlán, nuevo aeropuerto para el DF, terrenos que eran “propiedad de la nación” para construir resorts para turistas que los pueden pagar, agua a una ciudad irracionalmente sedienta. No cabe duda: “Cuando la vida se torna profundamente incoherente, llega la novela a repararla.”

Tal vez por todo esto, es que los muertos hablan. Le hablaban al hijo de Pedro Páramo en la abandonada Comala, aclarando el pasado de su madre y la tragedia de su padre; el difuntito Anacleto no dejaba en paz a don Timoteo Limón en “Al filo del agua.” Ahora, lo hacen con nosotros un zapatista de apellido Contreras, un detective independiente de apellido impronunciable (Belascoarán), y además cojo, muerto después de una saga de nueve novelas, para aclararnos y hablarnos de crímenes que pasaron hace treinta años vinculados a los que hoy se cometen y todo ¿por que? Por dinero y poder claro.

Manuel Vázquez Montalbán, simpatizó siempre de causas justas, crítico del franquismo del que recibió años en la cárcel, escritor prolífico donde a mi gusto, sobresale “el estrangulador.” Vio en la literatura (al igual que muchos otros), la oportunidad de hacer critica y proponer soluciones, señalar los vicios de los líderes y evidenciar los abusos de los regímenes, creo no hay mejor homenaje que leer su obra y sobre la novela que en México se desarrolla, actuar sobre las consecuencias a las que nos lleva.

r4ul@sociologist.com