El Congreso Nacional Indígena (CNI) y la lucha electoral

Adversus Populus

«Los espejos se han roto —decía Manuel Vázquez Montalbán en 1995—, los imaginarios se han esfumado y las razones que generaron las ideas sobreviven, pero, desorientados entre puntos cardinales trucados, ninguna respuesta nos cabe esperar de los horizontes donde en otro tiempo permanecían las siluetas que daban sentido a la Historia y a nuestra historia».

Es muy probable que, bajo esta premisa, la decisión que la asamblea constitutiva del Consejo Indígena de Gobierno (CIG) del Congreso Nacional Indígena (CNI), por la que se determinó nombrar a la indígena náhuatl María de Jesús Patricio Martínez como vocera y representante de los pueblos originarios del CIG para el proceso electoral del año 2018, no sea bien recibida por líderes y militantes de la «izquierda» partidista en México.

María de Jesús Patricio Martínez, vocera y representante de los pueblos originarios del CIG para el proceso electoral del año 2018. Fotografía: Víctor Camacho.

Hay quienes consideran que la participación de una candidata indígena —e independiente— a la presidencia del país, abona a los intereses de la clase política en México y a los del gran capital internacional que la controla, en demérito del «proyecto de nación» del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), liderado por Andrés Manuel López Obrador. Para algunos más, el sólo hecho de la participación electoral brinda de legitimidad al sistema político mexicano que se sostiene, en parte, gracias al modelo extractivo que afecta a la totalidad de los territorios indígenas concesionados o en vías de serlo al gran capital internacional.

Sin embargo, la defensa de sus territorios y, junto con ello, el de sus formas de organización social estrechamente vinculadas a la naturaleza, encuentra en la competencia electoral el último de sus recursos. Como lo ha señalado Víctor Toledo, «intentar una transformación de las sociedades mediante la vía de las armas es el acto más descabellado que se conoce» (La Jornada 2016/03/15), de tal forma que, en su propósito, los pueblos indígenas representados por el CNI, apelan a la capacidad de la sociedad civil en México para organizarse y sentar las bases de un nuevo modelo de sociedad.

No se trata, desde luego, del viejo dilema entre reforma y revolución, sino de un llamado a la movilización pacífica emplazada por un horizonte completamente distinto al que nos advirtió Vázquez Montalbán; se trata de comenzar a construir las bases de un mundo que es a la vez biológica y culturalmente diverso.


El Congreso Nacional Indígena, desde su constitución en 1996, ha insistido en un concepto de autonomía basado en la comunidad y el municipio como espacios privilegiados para la toma de decisiones en asuntos que les son inherentes, como el derecho sobre la tierra o las formas de representación. Un principio que se encuentra garantizado en el Artículo 115 de nuestra Constitución, en el que se señala que la célula básica del pacto federal es el municipio que, no obstante, siempre ha estado subordinado a los dos órdenes superiores de gobierno, como son los estados y la federación.

Compartimos con los pueblos indígenas las ideas y los conceptos que les motivan a la competencia electoral, por lo que, de cierta manera, su agenda es la nuestra. Se trata de una apuesta arriesgada, pero, en las circunstancias actuales, respaldar esta iniciativa de los pueblos originarios es un acto más allá de lealtades ideológicas, sino de congruencia con nuestra propia humanidad.

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Los insurgentes

Adversus populus

I

Cuando niño, aprender a conducirme bajo los preceptos de la doctrina católica era la razón por la que me enviaban a la escuela y al catecismo; porque, hay que decirlo, fui educado bajo un sistema que juzgaba inconcebible la distinción entre las creencias religiosas y la vida en sociedad. Nací y crecí en una región a la que se le atribuía ser un bastión del catolicismo, quizá siga siendo así.

Los libros de texto gratuitos, aquellos que aún despiertan gran animadversión entre algunos sectores de la población (no sólo católicos, conste), nunca los consulté. Algunas veces nos eran dados para colocarlos sobre o dentro de nuestros mesa-bancos, con el propósito de simular ante el inspector de zona de la SEP que el colegio cumplía con la exigencia de emplear esos materiales en las clases; para después confinarlos nuevamente en el almacén de la escuela.

El colegio al que asistí no era el único en su tipo, pero sí el más radical. Durante algún tiempo creí que el nombre Insurgentes le había sido dado en honor a los héroes de la independencia. Después comprendí que ese nombre se refería a los niños, y solamente niños pues las niñas asistían a colegios exclusivos para ellas, que habrían de convertirse en los nuevos defensores de las «libertades» de la Iglesia católica. Puesto que el Insurgentes había sido fundado en la década de los años 50 del siglo XX, en el contexto del fin del modus vivendi entre la Iglesia y el Estado en México; un periodo en el que, en palabras del profesor Roberto Blancarte, la Iglesia superó la situación defensiva en la que se encontraba para erigirse, nuevamente, como una fuente autónoma de poder.

Así, por más de 40 años, varias generaciones fueron educadas en su interior bajo los principios de una moral religiosa. ¿Cuántos de estos insurgentes, de esta u otras escuelas católicas en el país, atendieron el llamado del Frente Nacional por la Familia; en lo que consideran una «cruzada» por el matrimonio, los niños y la familia [sic]?

II

Como una paradoja, de esas que abundan en las cuestiones humanas, el Insurgentes ocupaba el edificio que alguna vez fue la Casa del Agrarista en mi pueblo, inaugurada por el presidente Lázaro Cárdenas, a quien la jerarquía católica señalaba como un enemigo de la Fe, por sostener la educación socialista y los artículos 3º, 5º, 24, 27 y 130 de la Constitución.

Otra paradoja estriba en el hecho de que la disputa entre la Iglesia católica y el Estado, por las reformas constitucionales que reconocen el legítimo derecho del matrimonio entre personas del mismo sexo, ocurre bajo la supuesta laicidad del espacio público y la evidente imbricación entre la sociedad mexicana y la práctica religiosa. Dicha imbricación se articula a través del número de escuelas, asilos, orfanatos y todo tipo de organizaciones e instituciones, en las que aún pervive una visión integral e intransigente sobre los cambios de la vida en sociedad. Ciertamente no representan la totalidad de las corrientes que coexisten al interior de la Iglesia, pero sí lo son del discurso dominante representado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Legalmente, las reformas constitucionales que han dado lugar a la movilización de los sectores afines a la Iglesia, suceden en el marco legítimo y deseable de la relación entre el individuo y el Estado. Sin embargo, una perspectiva más útil para comprender la naturaleza del conflicto, es que en esa relación individuo-Estado debemos considerar la estructura de grupos y asociaciones que se sitúan en un lugar intermedio de esos extremos.

Es decir (y aquí nada tiene que ver el dogma), cualquiera que sea la capacidad del Frente Nacional por la Familia, en términos de movilización, se trata de un poder corporativo sustentado en el amplio y diverso número de organizaciones presentes en la estructura social mexicana; de aquella que reivindica un sistema de valores emplazado por una visión religiosa de la vida en sociedad.

III

En este sentido, una hipótesis sugiere que la pretendida laicidad de la educación, y en general del espacio público, ha fracasado. O, por lo menos, las instituciones del Estado se encuentran fuertemente disminuidas; a tal grado que un poder corporativo, como el de la Iglesia católica, es capaz de desafiarlo puesto que, después de todo, ¿quién puede negar la existencia legal de esas organizaciones y su derecho a manifestarse? Además, ¿no han sido algunas de estas organizaciones un contrapeso a los excesos o a las ausencias del Estado de Derecho en nuestro país?

Nos encontramos ante una encrucijada. Ante una situación que recuerda un pasaje de El luto humano; en el que, en medio de la noche, aparece la fuerza de un río desbordado como metáfora de la vida, acaso de la historia; en donde, para poder sobrevivir, un cristero, un agrarista y un puñado de miserables, se ven entre sí como necesarios, como los únicos artífices de su propia redención, desprovistos del manto protector de la Iglesia y el Estado que uno y otro defendían.

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La palabra con «d»

Adversus populus

 

I

Si hubiera un pueblo de dioses –escribía hace más de dos siglos Jean Jacques Rousseau­– la palabra con «d» sería su forma de gobierno. Pero no creía conveniente que los seres humanos intentáramos regirnos bajo un sistema tan perfecto. Sin embargo, la palabra con «d» constituye la base del pensamiento político moderno y; a partir de entonces, no ha habido ideología política que no la incluya entre los valores que diga defender o representar.

Visiblemente entusiasmado por su viaje al interior de los Estados Unidos de Norteamérica, Alexis de Tocqueville escribió una de las obras fundacionales de la sociología y de la ciencia política contemporáneas. En donde analiza cómo es que la palabra con «d» ocurre con «naturalidad» entre los ciudadanos, organizaciones e instituciones en los primeros años de aquel país y por qué el mundo civilizado debía seguir su ejemplo. Poco después, en el contexto revolucionario de la Europa decimonónica, Karl Marx y Friedrich Engels proporcionaron a los proletarios del mundo un manual de lucha en el que categóricamente hablaban de la palabra con «d» como uno de los objetivos que la revolución proletaria internacional debía alcanzar. Pero no solo liberales y comunistas han reivindicado a la palabra con «d» entre sus valores, hacia finales del siglo XIX el pensamiento político conservador, aquel que encontrara su sustancia en la obra de Edmund Burke, también habría de incluir la palabra con «d» entre el repertorio de ideas por las que emplazaba su propio horizonte utópico.

II

En México, personajes académicos e intelectuales como José Revueltas, Pablo González Casanova, Roger Bartra, Octavio Paz, Enrique Krauze y Jorge Alonso, por citar a algunos que, a mi entender, han logrado influir en el debate político nacional, sobre la palabra con «d» han dicho que es bárbara, pero que es posible, que se encuentra ausente, aunque es absoluta pero a su vez relativa, que no lleva adjetivos o que ha sido vulnerada. Incluso, la Iglesia católica en nuestro país, una vez concluido el periodo que conocemos como el modus vivendi, se pronunciaba sobre este tema para exigir la abolición de las leyes antirreligiosas que aún seguían vigentes. En todos ellos subyace un discurso por la legitimidad de las instituciones políticas, económicas, sociales y culturales que los mexicanos nos hemos dado a partir del establecimiento del moderno Estado-nación, de aquel al que dio lugar la Revolución mexicana, como requisito necesario e inequívoco para que la palabra con «d» ocurra con «naturalidad» entre los mexicanos, y esto nos conduzca a mejores condiciones de bienestar.

De los tiempos del sistema autoritario, que se vio obligado a la apertura por la presión que desde la oficialidad o la clandestinidad ejercieron los movimientos sociales en el país, hasta llegar a la supuesta transición que significó el triunfo de la oposición electoral en el año 2000; al día de hoy, la palabra con «d» ha sido constreñida a un formalismo administrativo y esto, en cualquiera de las definiciones que le queramos dar, la ha vuelto una palabra estéril. Esto se debe, en parte, al hecho de haber confinado a la palabra con «d» al ámbito de las instituciones. Porque, hay que decirlo, uno de los mayores obstáculos para que la palabra con «d» vuelva a gozar de algún lugar entre los anhelos de la sociedad mexicana en su conjunto, es el uso que de las instituciones ha hecho la clase política en México, que las han vuelto sus feudos personales e instrumentos de control y dominación tanto burocrática como de fuerza. Quizá, en su estado actual, nuestras instituciones son insalvables.

III

Resulta encomiable que los movimientos indígenas hayan sido los primeros en darse cuenta de la decadencia de las instituciones que dan forma al Estado moderno. Es por ello que al interior de los territorios o de los espacios en los que han constituido sus autonomías, podamos hablar de democracia. Las instituciones que comunidades indígenas y campesinas dentro y fuera de México se han dado en los últimos cuarenta años, cumplen con las necesidades para las que han sido creadas, no constituyen formas de dominación sino de representación y, de igual forma, esas mismas instituciones articulan sus formas de resistencia al embate que, desde el exterior, el aparato de estado acomete en su contra. Entre sus formas de resistencia, el movimiento indígena en México, que bien representa el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, no ha buscado el diálogo con las élites que monopolizan al aparato de estado y sus instituciones; en su búsqueda, el zapatismo ha intentado comunicarse con la sociedad civil organizada y movilizada, con la que comparten la necesidad de establecer nuevas formas de relaciones sociales, democráticas.

Corresponde a nosotros, miembros de la sociedad civil en México, debatir sobre las formas de participación y representación política venideras, quizá al margen de las actualmente existentes. Pero no por ello, debemos mantener una actitud de indiferencia a lo que ocurre en la arena de lo electoral, en donde la palabra con «d» debe ser resignificada. Un primer paso es recuperar experiencias, comprender en qué momento las luchas populares, locales e inmediatas a nosotros, fueron desarticuladas y si esto ocurrió por haber incursionado en la insurgencia o en la competencia electoral. Hay que pensar más allá del 2018, pero con una estrategia que, en ese año, nos permita evitar que las elecciones sean un festín para los cerdos. Con la consumación de la serie de reformas que la actual administración federal impulsó, el gobierno de Peña Nieto ha cumplido su objetivo, el de desmantelar el estado de bienestar en México. Lo que sigue, es el empleo de la fuerza en contra de cualquier expresión que cuestione los privilegios que la clase política está obteniendo de ello.

En algún lugar se ha dicho que la posibilidad de hablar de una falta de democracia es la prueba de su existencia. Habría que poner a prueba ese supuesto y, a través de las urnas y de las calles, presentar nuestras demandas y hacer saber a la clase política y a las élites en México que, la nuestra, es una sociedad agraviada.

IV

Además, al igual que el poeta Javier Sicilia, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, boicotear las elecciones, devolverle su programa a Carmen Aristegui, cancelar definitivamente la construcción de la presa El Zapotillo y exhumar e identificar los cuerpos de las fosas de Tetelcingo.

Críticas, comentarios y sugerencias de sinónimos de democracia a v4l3nc14@gmail.com

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Los nuevos viejos tiempos

Adversus populus 17

 

I

Bajo ciertas circunstancias, la mayoría de la personas tendemos a pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Añoramos nuestra niñez o la juventud, debatimos con otras personas sobre lo bueno que eran «los viejos buenos tiempos»; cuando, de alguna manera, nos encontramos en un momento de la historia en la que todo se recicla, sobre todo aquello que culturalmente consumimos. La fecha del calendario es distinta, pero nuestros dilemas son los mismos.

Vivimos inmersos en una constante repetición de lo ya dicho, de lo ya vivido, de lo ya experimentado. Las nuevas tecnologías, sin lugar a dudas, facilitan la comunicación, acortan las distancias, mejoran en muchos sentidos la vida cotidiana de quienes tenemos acceso a ellas. Sin embargo, ello no nos vuelve seres cognoscentes distintos, lo que las tecnologías transforman son la forma, no así el fondo; es decir las emociones. Piénselo, la última tendencia de la moda, la música y otras expresiones de la llamada cultura popular, abrevan o derivan de los catálogos o álbums discográficos de hace 20 ó 30 años y éstos, a su vez, de otros idénticos anteriores. La innovación, hoy en día, en el mejor de los casos no es otra cosa que la reinterpretación, en la mayoría burda repetición. En «el mundo visto desde la ventana de un 3er piso», el poeta Charles Bukowski (Andernach, Alemania, 1920-1994) lo expresa así: «[…] y yo estoy acá arriba en calzones con barba de tres días, bebiendo cerveza esperando a que ocurra algo literario o sinfónico; pero todos siguen dando vueltas […]» (Los poetas de la banda eriza, 2005).

II

Sobre este tema, el filósofo George Steiner (París, 1929) sugiere que durante el proceso de secularización del mundo occidental, se originó un vacío que afectó «al centro mismo de la existencia intelectual y moral de Occidente» (Ediciones Siruela, 2004). A partir de entonces, ha habido una serie de intentos por llenar ese vacío. Sostiene que los seres humanos, por lo menos aquellos que coexistimos bajo el esquema del mundo occidental, padecemos la nostalgia de un saber absoluto, de aquello que normaba y conducía «las percepciones esenciales de la justicia social, del sentido de la historia humana, de las relaciones entre la mente y el cuerpo, del lugar del conocimiento en nuestra conducta moral» (Ediciones Siruela, 2004). Es por ello, quizá, que el estado actual de las cosas ha sido incapaz de ofrecernos respuestas a los dilemas que, como individuos y como sociedad, cotidianamente afrontamos.

Si bien, las nuevas tecnologías ofrecen oportunidades y herramientas novedosas para el trabajo, la educación, el ocio y otros ámbitos de la actividad humana, la era digital no ha generado relaciones sociales que modifiquen sustancialmente la manera en la que entendemos nuestro papel en el mundo. Existe un orden global de tipo económico el cual genera serias y profundas desigualdades y, por esa misma característica, carece de un valor ético o moral globalmente aceptable.

III

Además de la moda o productos culturales en lo general, presenciamos la vuelta de valores, organizaciones e instituciones de todo tipo. El auge y la recuperación de espacios perdidos por parte de dos de las más importantes religiones de masas, como son el cristianismo o el Islam; valores ideológicos nacionalistas sustentados por varios movimientos sociales en Europa; la vuelta de organizaciones o Partidos Políticos como el caso del PRI en México, son muestra de cómo los valores que representaban adquieren relevancia ante el vacío que la llamada modernidad o la globalización generan. En su momento se creyó que la razón, la ciencia y las artes sustituirían el papel que los dogmas religiosos desempeñaban en la vida cotidiana de las personas; creíamos que por los horrores que les caracterizaron, no volveríamos a afrontar la xenofobia o el racismo; como también supusimos que luego de la transición política en México sucedería la democracia y, con ella, nuevas formas y organizaciones políticas. En cada caso, al parecer, estos supuestos no se cumplieron.

La vuelta de éstos valores, organizaciones, instituciones, creencias o productos culturales, ocurren, en buena medida, por la ausencia de nuevas expresiones que les suplan. Los dilemas que contemporáneamente afrontamos tienden ante el vacío, «[y] Y donde existe un vacío —nos dice George Steiner— surgen nuevas energías y realidades que sustituyen a las antiguas» (Ediciones Siruela, 2004). Agregaría que éstas no surgen solas, debemos inventarlas, dejar atrás la nostalgia de «los viejos buenos tiempos». Así, tal vez, podremos lograr algo literario o sinfónico.

Críticas, comentarios e invitaciones a beber cerveza a: v4l3nc14@gmail.com

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 21 de marzo de 2014 [haz click en la imagen]
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Casa Serrano: El espacio de libertad para la ciencia y el arte que fue

Adversus populus (16)

Casaserrano
Para leer el artículo de Baudelio Lara haz click en la imagen

I

Si se dejan de lado las memorias y numeralias que, como el presente escrito, despiertan siempre ciertas suspicacias, el estado de Casa Serrano no ha suscitado muchas reflexiones, al menos no en su inminente cierre. Sin embargo, desde su apertura el 28 marzo de 2003, como un homenaje por parte de la Universidad de Guadalajara a la fundación de Lagos de Moreno, gracias a una constante programación de actividades académicas, científicas y culturales, de entonces a la fecha, este espacio logró posicionar al Centro Universitario de los Lagos y a Lagos de Moreno en el panorama científico y cultural de Jalisco y el país.

II

La creación de la Red Universitaria de Jalisco, desde el año de 1994, constituye uno de los grandes logros de la Universidad de Guadalajara. Son innegables los beneficios que ha aportado a la sociedad jalisciense en su conjunto, el que la máxima casa de estudios en el estado ofrezca programas de pregrado y posgrado, junto con la infraestructura a su disposición, através de los seis centros temáticos de la Zona Metropolitana de Guadalajara, los, ahora, nueve centros regionales, el Sistema de Educación Media Superior y el Sistema de Universidad Virtual. Además de los beneficios académicos, la presencia universitaria en las regiones, contribuye al desarrollo de una sociedad del conocimiento extramuros, respaldada en una estrategia de extensión y divulgación; misma que, en el caso de Lagos de Moreno, se impulsaba desde la Casa Serrano.

El próximo mes de marzo, el espacio de libertad para la ciencia y el arte Casa Serrano, cumpliría once años. Digo cumpliría pues, al parecer, ha dejado de figurar en los planes de extensión del Centro Universitario de los Lagos; esto pese a que, insisto, el conocimiento, la transmisión de ese conocimiento, las expresiones artísticas y las expresiones de la cultura en general que durante más de diez años albergó la Casa Serrano, justifican su continuidad y respaldo institucional. Con el cierre de ese espacio, la Universidad de Guadalajara pierde un importante referente de divulgación en la región, muestra de sus logros como una red universitaria y, lamentablemente, pierde la ciudad de Lagos de Moreno.

III

No bastaría la página dedicada a esta colaboración para enumerar todas y cada una de las actividades que en Casa Serrano tuvieron lugar. Nombre usted las suyas. Baste mencionar algunas: Por igual, las salas de la vieja casa neoclásica fungieron como sedes, por mencionar algunas, de las representaciones diplomáticas de las embajadas de Israel, Irán o Bolivia, a través de sus embajadores David Dannon, Mohammad Hassan Ghadiri Abyaneh y Jorge Mansilla Torres respectivamente; como aulas para cátedras de Marcelino Cereijido, Rafael Ángel Barrio Paredes, Ruy Pérez Tamayo o José Antonio de la Peña; sus muros exhibieron obra de Vicente Rojo, Julín Contreras o la fotografía de José Hernández-Claire; en la música contó con una larga lista de géneros e intérpretes, los amplios programas de los miércoles de concierto de música clásica dan muestra de ello.

Casa Serrano
Sesión solemne del Consejo de Rectores de la Universidad de Guadalajara en 2009, como respuesta a la violación de la autonomía universitaria por la irrupción de inspectores municipales a un taller de dibujo al desnudo en Casa Serrano. Fotografía: Archivo Husocrítico.

En lo personal, de capital importancia en la historia de la Casa Serrano, figura la sesión del Consejo de Rectores de la Universidad de Guadalajara, el 16 de febrero de 2009, en apoyo a la autonomía universitaria y solidaridad con las actividades artísticas y culturales que habían sido censuradas por una de las administraciones más cuestionable, por no decir corrupta, que ha tenido la ciudad de Lagos de Moreno. En aquella ocasión, la administración municipal de Francisco Rafael Torres Marmolejo, Paco Torres, había amagado con el cierre y clausura del espacio, así como «regular» la agenda de las actividades universitarias.

Ahora, algunos años después, lo que la censura y la intolerancia a las expresiones artísticas no lograron, ocurre por la indiferencia y la falta de reconocimiento a la trayectoria de un espacio que, vuelvo a insistir, rebasó el ámbito de lo regional, universitario y estatal, para proyectar a la Universidad de Guadalajara y a la ciudad de Lagos de Moreno, en el panorama de la ciencia y el arte en México.

Cualquier espacio que supla a la Casa Serrano es bienvenido; sin embargo, mejor sería preservarla, renovarla sí, pero no renunciar a los logros que éste recinto alcanzó y al posicionamiento que obtuvo en la agenda cultural y científica de la ciudad, en mi opinión, la principal afectada por su cierre.

IV

El miércoles 8 de octubre, en el marco del Festival Cultural Otoño en Lagos 2008, fue inaugurada la exposición «Los poderes de la Iguana. La medicina tradicional, psíquica y la herbolaria del istmo de Tehuantepec», de la pintora oaxaqueña Julín Contreras. Además de la obra plástica, la invitada se hizo acompañar por una curandera tehuana que ofreció limpias con ramas de árbol de pirul a los asistentes a la inauguración. Pese al escepticismo inicial, en pocos minutos el espacio reservado para ello se vio rebasado; después, ante el anuncio de que no había más limpias pues no había más pirul, en minutos, alguien irrumpió en la casa con una rama gigantesca de ese árbol. Las limpias debieron de seguir.

Al día siguiente, la ciudad despertaba con la noticia de que varios policías estatales habían sido masacrados a tiros en la gasolinera de estación San Pedro. La inseguridad y el miedo hicieron suponer la clausura de las actividades de aquella edición del Festival; sin embargo continuaron, desde la Casa Serrano se anunció que el arte y la cultura en las calles serían, por mucho, la mejor manera de afrontar, como institución, el miedo que produce el narcotráfico.

Críticas, comentarios y anécdotas a: v4l3nc14@gmail.com

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del sábado 1º de marzo de 2014 [haz click en la imagen]
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Estudios Sociales

Adversus populus (15)

Dr. Manuel Rodríguez Lapuente. Foto: Miguel Sánchez. Fuente: Gaceta de la Universidad de Guadalajara
Dr. Manuel Rodríguez Lapuente. Foto: Miguel Sánchez. Fuente: Gaceta de la Universidad de Guadalajara

I

Con toda razón el Dr. Héctor Raúl Solís Gadea (rector del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, CUCSH), sobre el legado del Dr. Manuel Rodríguez Lapuente (Teziutlán, Puebla, 1927/2003) a la Universidad de Guadalajara, escribió: «Si hoy la Universidad de Guadalajara tiene una infraestructura diversa y productiva de investigación, pregrado y posgrado en ciencias sociales, ello se debe, en buena medida, al liderazgo de Rodríguez Lapuente» (Milenio Jalisco, 24/06/2013).

Miembro de nuestra comunidad académica desde 1968, en 1976 fundó el Instituto de Estudios Sociales que después sería renombrado como Departamento de Estudios de la Cultura Regional, mismo que desapareció en la administración del maestro Pablo Arredondo en el CUCSH, sin más, hace un par de años y sin ningún otro centro o dependencia que diera continuidad al trabajo desde ahí realizado. Para 1978, el Dr. Lapuente estableció el primer programa de posgrado en ciencias sociales dentro de la universidad. A su muerte, el poeta Hugo Gutiérrez Vega escribió: «No se me ocurre decirle adiós porque los catedráticos de alma y cuerpo, como los viejos soldados, nunca mueren. Se quedan en sus palabras, en sus libros, en sus dudas, sus certezas y su alegría. Eso es lo que importa… lo demás es silencio…» (Jornada Semanal, 29/06/2003).

II

En octubre de 2004, el Consejo General Universitario le concedió post mortem el grado de Doctor Honoris Causa; a partir de entonces, se han impulsado varias iniciativas para conmemorar la memoria del doctor Rodríguez Lapuente. Algunas de ellas han sido la creación de cátedras con su nombre, por parte de Centros Universitarios o el sindicato de trabajadores académicos de la universidad; otras, como ya se ha dicho, ha sido la interrupción o el cierre definitivo de las instituciones creadas por éste universitario emérito. Para comunicar y acercar la labor académica del Instituto de Estudios Sociales a públicos académicos y no académicos, a principios de los años ochenta comenzó a editarse la revista Estudios sociales. Esta publicación constituye uno de los antecedentes de divulgación sobre el trabajo que, en ciencias sociales, realiza la máxima casa de estudios en Jalisco; sin embargo, pese a la trayectoria de su fundador y al esfuerzo sostenido e ininterrumpido de quienes la editan, la revista no recibe la atención ni los recursos necesarios para su continuidad.

En julio de 2007, la revista entró en una nueva fase, sus editores lo expresaban así: «Estudios Sociales. Nueva época, de periodicidad semestral, aparece con nuevo formato, tamaño y estructura con el fin de publicar, tras dictaminación anónima, con libertad y autonomía editorial, artículos dirigidos a un público académico» (Estudios Sociales, 2007). De entonces a la fecha, el apoyo a esta publicación decreció en la medida que se especulaba sobre el cierre del departamento desde donde se editaba, el de Estudios de la Cultura Regional. En el dictamen CE/CN/101/2011, de fecha 8 de diciembre de 2011, en el que se propone y finalmente se consumó la supresión del Departamento de Estudios de la Cultura Regional, sobre la revista se afirma: «Que la revista “Estudios Sociales” que atiende el Departamento, también puede seguir su cauce y desarrollo sin que sea necesaria la adscripción al DECUR». No obstante, desde enero del año 2012 la revista ha visto interrumpida su publicación, pese al compromiso administrativo por hacerlo y a que sus editores han hecho entrega en los plazos y términos que este trámite requiere.

III

Ahora que las revistas del CUCSH migrarán a formatos digitales, como fue anunciado por la coordinación de extensión de ese centro, en atención a los requisitos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), para el otorgamiento de recuros, se presenta una oportunidad para que Estudios sociales recupere el apoyo que hasta ahora le ha sido negado. Aprecio que en muchos sentidos el esfuerzo es necesario, con la desaparición de una publicación con los antecedentes de Estudios sociales, no sólo se pierde un medio para la divulgación del trabajo académico en ciencias sociales en Jalisco, se pierde parte del legado del Dr. Rodríguez Lapuente. El mejor reconocimiento a su trabajo, coincido con el Dr. Héctor Raúl, «es difundir su obra escrita, y fortalecer y renovar las instituciones que él contribuyó a formar. Quienes recibimos los beneficios de su positiva gestión estamos obligados a ello» (Milenio Jalisco, 24/06/2013).

IV

Además del rigor académico y seriedad hacia el trabajo que al Dr. Lapuente le caracterizó en vida, me dicen, poseía una gran agudeza mental y un fino sentido del humor. Derivado de su práctica docente, así como por su conocimiento del derecho y la sociología, lograba entender, de manera profunda, el sentido de muchas de las conductas humanas. Cuando, por ejemplo, alguien incurría en alguna falta o acción reprobable e intentaba justificarlo, con toda seriedad advertía: «Cuando la excusa sea más pendeja que la verdad, mejor diga la verdad».

Críticas, comentarios y excusas a: v4l3nc14@gmail.com

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La ley de hierro de la oligarquía

Adversus populus (14)

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I

Al analizar el efecto de la institucionalización del movimiento socialdemócrata alemán, en las primeras décadas del siglo XX, como el partido político socialdemócrata alemán, el sociólogo Robert Michels (Colonia, Alemania, 1876/1936) concluyó que ese proceso condujo a la pérdida de los objetivos que alentaron a su surgimiento. A lo largo de su exposición, describe varios elementos que intervienen en ese cambio de objetivos; entre ellos el papel de los líderes del movimiento, la ampliación de su base territorial y militante, así como el incremento de los recursos materiales a su alcance. Una vez que el movimiento se institucionaliza, apunta, el objetivo superior de crear nuevos marcos jurídicos y de relaciones sociales en lo general, es sustituido por el objetivo de preservar la organización en sí misma y la posición que en el marco del Estado les proporciona.

Sugiere que ese proceso ocurre, de manera más o menos homogénea, en todas las organizaciones creadas por un movimiento social, político o revolucionario. Por ello, sintetizó su argumento en la formulación de la «ley de hierro de la oligarquía»: «La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización dice oligarquía» (Amorrortu editores, 2008). En un país como México, donde actúan organizaciones sociales y políticas de varios tipos, valorar estas ideas y su pertinencia me resulta por demás necesario.

II

La institucionalización de un movimiento social no sólo ocurre hacia partidos políticos; pueden convertirse en sindicatos, cámaras, federaciones, organizaciones no gubernamentales, entre otros. El interés de quienes buscan esa institucionalización, tiene que ver con el reconocimiento de sus medios y sus fines por parte del Estado; en el mismo sentido, las clases políticas ven como deseable la institucionalización de ciertos grupos, justo para legitimar o preservar la posición del sistema político. Pensemos, por ejemplo, en dos casos extremos.

Al día de hoy, varias Agrupaciones Políticas Nacionales (APN) en el marco que el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) ofrece, han logrado su reconocimiento oficial como un partido político; otras han fracasado en su intento. Al final de ese proceso, pocas lo habrán logrado y serán puestas a prueba en las siguientes elecciones federales, donde habrán de obtener por lo menos el dos por ciento de la votación para mantener su registro. Podríamos suponer que esos nuevos partidos, junto con los ya existentes, en verdad persiguen un fin superior, de crear mejores condiciones de trabajo, justicia, etcétera; sin embargo, hasta ahora, la experiencia ha mostrado que creerlo así es pecar de inocentes, por decirlo de forma amable.

En otro extremo, veamos el interés del gobierno federal en que los grupos de autodefensa en Michoacán (los cuales pese a la legitimidad de su origen son organizaciones de civiles armados fuera del marco de derecho), se registren, formen parte del Plan de rescate a Michoacán y, con ello, comiencen con un proceso de institucionalización; es decir, actuar en los marcos del derecho. El resultado de ese proceso aún es incierto, quizá no ocurra en todas las regiones de Michoacán u otros estados del país donde las autodefensas han surgido. La única certeza en ello, es que su inclusión pretende matizar el abandono, en cuanto a seguridad, trabajo, etcétera, del Estado mexicano en los territorios por las autodefensas sostenidas.

III

Hoy en día, hemos visto cómo algunas organizaciones de movimientos sociales han logrado alcanzar sus objetivos, sin que la ley de hierro se cumpla. No obstante, en otros casos, la mayoría quizá, en lo tocante a los partidos políticos, la advertencia de Michels parece ser vigente. Ninguna organización política en México, que en algún momento haya operado desde la clandestinidad, para, posteriormente hacerlo desde el terreno electoral, ha sido inmune a la corrupción y excesos del sistema político de nuestro país. Se convierten en organizaciones clientelistas; sus fines tienen que ver más con su capacidad de negociación para lograr posiciones en los órganos de representación, así como ocupar cargos de elección popular y los beneficios que ello supone.

En tanto, más que nuevas organizaciones políticas, planteo la necesidad de crear nuevas organizaciones culturales. Hablo de aquellas que no tengan como propósito actuar desde el bienestar que les proporciona recibir recursos públicos. Me refiero a aquellas nuevas organizaciones que cubran en el corto, mediano y largo plazo, las necesidades que como sociedad de manera cotidiana deben ser atendidas y han sido abandonadas por las instituciones oficiales.

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Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del sábado 1 de febrero de 2014 [haz click en la imagen].

Violencia sin culpa

Adversus populus (13)

395

I

Una escena inquietante, pero con toda seguridad se repite en varios momentos y lugares dentro y fuera de México, donde la violencia que genera el narcotráfico es narrada por quien menos lo esperas, a través de un narcocorrido. En una mano, quizá, empuña las monedas devueltas por el tendero; con ambos brazos sostiene, contra su pecho, el refresco negro y azucarado en extremo de tres litros que alguien le ha encargado. Con un andar lento, pero desenfadado, el niño de ocho o nueve años entretiene su paso cantando una canción: «Lo he visto peleando también torturando // cortando cabezas con cuchillo en mano // su rostro cenizo no parece humano // el odio en sus venas lo habían dominado…». Al momento de cruzar nuestro camino, interrumpe su canto, me mira, sonríe, me sede el paso en la banqueta y se va dedicado a lo suyo.

II

En su ensayo Para una crítica de la violencia (Editorial Leviatán, 1995), el sociólogo Walter Benjamin (Berlín, Alemania, 1892/1940) sostiene que en el sentido exacto de la palabra, hablamos de violencia cuando su causa incide en las relaciones sociales moralmente aceptadas. Advierte que cualquier crítica de la violencia debe ir más allá de la moral que transgrede y entender la relación que entre moral y violencia existe. La esfera de esa relación es definida por los conceptos de derecho y justicia. En el primero, la violencia se encuentra en los medios y no así en los fines; es decir, la violencia en sí no es un propósito del derecho, es un medio a través del cual se obliga a respetarlo. En la segunda esfera, la de la justicia, la violencia sería aceptable cuando es legítima. No obstante, hablar de la violencia en los marcos del derecho o la justicia, sólo ofrece criterios para su aplicación, no resuelve el problema moral de su empleo.

A lo largo de su exposición, distingue entre una violencia mítica y otra creadora. La primera funda y conserva el derecho; sabemos que, por ejemplo, en esencia la costumbre crea jurisprudencia y de ella deriva algún tipo de derecho. En ello, el uso de la fuerza, los medios violentos se ejercen para garantizar el orden que esa costumbre genera, lo que nos conduce a aceptarla mientras provenga de quien «legítimamente» está facultado a ejercerla, es decir el Estado. Este es el tipo de violencia que actualmente domina, la de los aparatos militares o policíacos, con todas las contradicciones que les caracterizan. Si partimos de esta violencia mítica las acciones que el crimen organizado, como individuos no legitimados para el uso de la violencia, realizan, nos encontramos ante el dilema de la incapacidad del Estado para contenerlas y garantizar, justamente, el estado de derecho que le justifica. Por otra parte, la violencia creadora tiene que ver con la capacidad de los individuos, fuera de las instituciones oficiales, de emplearla con el propósito de una causa justa o un objetivo superior y; en ello, crear nuevos marcos jurídicos. Fue el caso, por ejemplo, de las acciones de los movimientos obreros en busca de mejores condiciones de trabajo, salario y retiro en los siglos XIX y XX, los cuales, no estaban garantizados por ley o jurisprudencia alguna.

III

La frase «la violencia es la partera de la historia», atribuida al filósofo Karl Marx (Tréveris, Alemania, 1818/1883), aparece en «La llamada acumulación originaria» en su libro El capital; donde habla del paso del sistema de producción feudal al sistema capitalista, textualmente dice: «La violencia es la partera de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva» (FCE, 1975). Se refiere a la «potencia» económica de la violencia para abrir paso a nuevas formas y nuevos valores en las relaciones sociales.

A diferencia de los ciclos revolucionarios en los siglos XIX y XX, la de hoy (no me atrevería a decir nueva), es una violencia distinta. La novedad reside en el hecho de que a diferencia de los programas políticos de los revolucionarios del mundo, la violencia que hoy afecta a buena parte del orbe, del Norte y del Sur, tiene que ver, primeramente, con el uso de los aparatos estatales para reprimir o imponer las agendas económicas del orden global actual. Esta es una violencia a escala sin precedentes, emprendida por los estados en contra de sus ciudadanos en lo económico-social y contra los disidentes en lo político. Por otra parte, nos enfrentamos a la violencia de quienes no están legitimados a ejercerla, el narcotráfico junto con las demás actividades por él derivado, proporcionan no sólo los medios necesarios para garantizar su capacidad de fuego; además, su influencia les ha permitido constituirse, en muchos casos, como una actividad económica a gran escala y como una fuerza política, en varios niveles de gobierno, encaminada a garantizar su continuidad.

De manera indistinta a las causas que alientan la violencia, ésta habrá de generar, como lo está haciendo ya, una nueva sociedad. El resultado no obedece a leyes universales o naturales, tiene que ver con la manera en la que socialmente la entendemos y enfrentamos. Podríamos, como hasta ahora, asumir una actitud cínica ante lo hechos que a diario lastiman a miles de personas, mientras no nos afecten a nosotros; o bien, tomar acciones drásticas, radicales, armarnos nosotros mismos y proveernos de lo que sea entendamos por justicia. Una tercera vía, propongo, es asumir la responsabilidad que el desafío de la violencia plantea y, sin negar el hecho que la violencia se ha «normalizado» de tal forma que ahora nos resulta cotidiana, actuar en consecuencia. No se trata, por la fuerza de la censura, de negar u ocultar las atrocidades y las manifestaciones culturales que el narcotráfico genera, tales como los narcocorridos. Estas expresiones, hasta cierto punto son necesarias, útiles para conocer el momento en el que nos encontramos. De otra manera, seguiremos en la simulación que hasta ahora impera.

IV

Luego de mi encuentro con el pequeño cantante, hay que decirlo, me di a la tarea de escuchar narcocorridos. Los hay de todos tipos, de la vieja y nueva escuela; sus narraciones describen, por igual, hechos ocurridos en países de Europa, estados de la Unión Americana, México y, desde luego, países de Centro y Sudamérica. Algunos celebran la impunidad y la violencia, otros lamentan la pérdida de vidas humanas o exaltan el heroísmo de quienes combaten al crimen. Incluso, los hay sobre traficantes ficticios que desde la televisión son creados. En todos ellos, subyace el carácter económicamente transnacional del narcotráfico y su penetración en todo orden de la actividad humana. Lo cual, muestra al narcotráfico y la violencia sin culpa que genera, como una cualidad intrínseca del capital en estos nuestros tiempos.

Críticas, comentarios, coplas o estribillos a: v4l3nc14@gmail.com

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 31 de enero de 2014 [haz click en la imagen].
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El día que nos despedimos de Gelman

Adversus populus (12)

juan gelman

Para Alejandra Aguiñaga Torres

I

Hay quienes acusan a algunos poetas como panfletarios para después enaltecerlos. Ocurre con cierta frecuencia; una vez que el autor abandona este mundo tienden a mostrarlo como «inocuo», se intenta convertirlo en un icono inofensivo, canonizarlo, por decirlo así. Se evoca parte de su obra, la que resulta «cómoda», para después ignorar la denuncia y la crítica que en vida le caracterizó. Quienes en algún momento le acusaron de «radical», «socialista», «comunista» o «anarquista», prefieren ocultar la dignidad que brinda a millones de personas actuar en contra del «orden» que legitima la injusticia.

II

Durante el diálogo de que sostuvo Juan Gelman (Buenos Aires, Argentina 1930/2013) con los asistentes al acto donde recibió el Premio Juan Rulfo en el año 2000, en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, alguien del público le preguntó qué libro, de los que hasta entonces había publicado, era para él el mejor y recomendaba a sus lectores. La respuesta sorprendió a todos, la mayoría le aplaudió y otros guardaron silencio, los editores y organizadores seguramente quedaron helados. Palabras más, palabras menos dijo: «El mejor de mis libros que usted, o quién así lo desee, puede leer, es el robado».

El que en aquella edición de la feria de libro más importante de América Latina, el homenajeado invitara, de esta manera, a leer su obra, significó problemas para los expositores. Pero también, puso en evidencia a una industria editorial que antepone el interés económico al fin que en sí debiera tener toda feria del libro, como lo es la promoción de la lectura.

A partir de esa edición de la FIL, soy el feliz poseedor de Hacia el sur y otros poemas (Espasa Calpe, 1995).

III

Juan Gelman dejó este mundo el martes 14 de enero en la Ciudad de México, apenas el domingo anterior hablábamos de él. Entre los bolillos, el vino y demás comestibles que llevábamos en la canasta, tuvimos el cuidado de no olvidar la poesía, su poesía. Me gustaría decir que acampamos frente a un lago, pero la verdad es que fue en una presa; también quisiera decir que fue debajo de un árbol, pero nos cubrimos de la lluvia y el frío en la cajuela de mi auto. Podría ser más poético lo primero que lo segundo, pero es como fue, como debió haber sido.

Así, rodeados de agua, luego de comer tortas y mientras bebíamos vino, el día que nos despedimos de Gelman, te leía: «No sé por qué te amo. Sé que por eso te amo. Cae mi lengua, como la de Catulo, en su doble noche de deseo. Nadie vuelve de vos a lo que fue. Cuando callan las palabras inevitables, las repeticiones del dolor y los huecos de la tiniebla alta, conozco tu pacto que sucede de pronto. Nacer es el apetito que das. Caballa de la boca».

IV

En la película Underground (1995) dirigida por Emir Kusturica, en una escena por demás dramática, los hermanos Marko e Ivan se reencuentran, luego de muchos años de no verse, durante un enfrentamiento entre bosnios y servios. Marko es un traficante de armas e Ivan es una víctima de ellas. Decepcionado y ofendido, Ivan comienza a golpear a Marko quien yace indefenso en una silla de ruedas, éste último le amenaza y después le implora que por favor deje de hacerlo, ¡porque es su hermano! Ivan no le escucha. Antes del último golpe, las últimas palabras de Marko son: «¿Te volviste loco? ¡Matar a tu hermano es pecado! Ninguna guerra es guerra hasta que un hombre mata a su hermano».

Aunque se empeñen en negarlo, lo que ocurre en Michoacán y otros Estados del país, es una guerra.

Críticas, comentarios y poesía a: v4l3nc14@gmail.com

 

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del sábado 18 de enero de 2014 [haz click en la imagen].
Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del sábado 18 de enero de 2014 [haz click en la imagen].

La fuerza de la protesta institucional

Adversus Populus (8)

Guadalajara, Jalisco. México. 2010/09/29. La mega marcha convocada por la UdeG reunió a miles en la plaza liberación y llenó varias calles del primer cuadro de la ciudad.  Alrededor de 86 mil personas marcharon desde 5 puntos y convergen en la plaza mas grande de Guadalajara. Foto José María Martínez, tomada de Marcatextos.
Guadalajara, Jalisco. México. 2010/09/29. La mega marcha convocada por la UdeG reunió a miles en la plaza liberación y llenó varias calles del primer cuadro de la ciudad. Alrededor de 86 mil personas marcharon desde 5 puntos y convergen en la plaza mas grande de Guadalajara. Foto José María Martínez, tomada de Marcatextos.

I

En su célebre novela gráfica Operación Bolívar (Ediciones del Castor, 1999), en voz de Leonel Arkángel [sic], Edgar Clément sentencia: «NECESITAMOS CAMBIAR. Pero el miedo a cambiar es cabrón y nos inventamos cambios que no cambian nada […]. Seguiremos comenzando revolucionarios y terminando partidistas, siendo buenos novios y malos maridos. Podríamos ser incluso unos grandísimos pendejos, pero hasta para eso nos falta ambición». Algunos años han transcurrido desde que esta genial novela salió de la imprenta por primera vez; sin embargo su mensaje, en estos días de Reformas y las protestas que desatan, me parece aún vigente.

II

Desde la crisis económica que ha sacudido a Europa y a los Estados Unidos (la cual presenta episodios crónicos en la periferia de esas zonas, es decir, el resto del mundo), hemos presenciado una serie de actos de protesta y movilizaciones sociales con las más variadas demandas, reivindicaciones y exigencias. Las hay en defensa del Estado de bienestar, la preservación de recursos naturales y espacios públicos, la democratización del Estado e, incluso, hay quienes esgrimen ideas y valores nacionalsocialistas y fascistas. Sin ir más lejos, en nuestro país desde el año 2006, por efecto del desenlace de la elección federal de ese año, entramos en un ciclo de protestas que en distintas fases han desafiado a gobiernos locales, estatales y federal. Legítimas en su mayoría, sería ocioso enumerarlas todas.

Los teóricos y especialistas, dedicados al estudio de los movimientos sociales, no acaban por ponerse de acuerdo sobre el impacto de la acción colectiva en la constitución del mundo contemporáneo. Hay quines afirman que su impacto ha sido nulo debido a que, de manera indistinta a las acciones que se emprenden, el avance de los intereses privados prevalece sobre el interés público, donde los gobiernos, pese a ser representantes populares, actúan de consuno con el capital. Por otra parte, hay quienes afirman que las acciones de protesta y movilizaciones impactan de manera objetiva en las agendas de los agentes del Estado y, gracias a ello, hay ciertas concesiones favorables a la sociedad civil. Así, sin entrar en detalles, éstas son las dos posturas antagónicas sobre la «utilidad» de la protesta social.

Claro, hay quines optan por una posición intermedia. Todo depende del lugar y el contexto en el que surge la acción colectiva. Lo cierto es que los gobiernos de distintos países, han comenzado una serie de cambios y reformas encausados a endurecer las penas a quienes ejercen el derecho a la protesta política, México incluido. Los gobernantes, concientes de la impopularidad que desatan las medidas y reformas, que para superar la crisis adoptan, saben que éstas no podrán realizarse sin garantizar antes el marco legal y jurídico para el «uso legítimo de la fuerza». En tanto, la pregunta que cabría hacernos ante las serie de «cambios» que desde el Estado se impulsan, a saber es: ¿Puede la protesta social conducir, de alguna manera, el cambio social hacia mejores relaciones sociales?

III

La paradoja —aunque pareciera ironía, es que el cambio social, con el solo recurso de la protesta, parece que no sucederá. En el momento de más fuerza de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), cuando la opinión pública daba por hecho la caída y enjuiciamiento del entonces gobernador del estado Ulises Ruiz, este no sólo se mantuvo en su puesto, por el contrario, fue respaldado por su partido, la clase política en general y el movimiento, ese sí, ferozmente reprimido.

Los movimientos o actos de protesta que algún éxito han obtenido en sus demandas, son aquellos que son respaldados por instituciones u organizaciones de varios tipos. En Jalisco, cuando el entonces gobernador Emilio González Márquez, en abierta confrontación con la Universidad de Guadalajara, grupos estudiantiles, académicos, de servicios, directivos y quienes comparten o no los valores de la institución, emprendieron una serie de actos de protesta y manifestaciones encaminadas al cumplimiento de los compromisos presupuestales del gobierno del estado para con la Universidad. Es decir, una institución con la capacidad y estructura organizacional como la que ostenta una universidad, por ejemplo, además del aliento ideológico o simbólico, ofrece medios y recursos efectivos para una movilización sostenida, sistemática y duradera.

La paradoja, entonces, reside en el hecho de que el cambio social (hacia una mejor democracia, garantías de salud, empleo, educación, vivienda, entre otros), mientras no cuente con un respaldo institucional, venga de donde venga, ocurrirá en el sentido que las élites políticas y económicas designen. Desde luego, seamos realistas, resulta por demás complicado que una institución, cual sea, se movilice. Ello depende de la relación de ésta con el Estado, y de la posición que sus dirigentes asumen ante el rumbo que la serie de cambios estructurales que las reformas impulsan.

IV

En tanto, la multiplicidad de demandas y reivindicaciones que persiguen los grupos movilizados ponen en jaque a los agentes del estado que a niveles locales actúan; sin embargo, en un siguiente nivel, esa misma multiplicidad de formas y demandas, carentes de una agenda común, seguirán actuando y tomando calles hasta que la «fuerza legítima del estado» lo permita. Si desde las instituciones que norman la vida cotidiana, no surge un programa alternativo de participación en la toma de decisiones, a los ciudadanos —o por lo menos quienes crean en la necesidad de un cambio social, las opciones se agotan. Por ello, hoy más que nunca, creo en la fuerza de la protesta institucional.

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 20 de diciembre [haz click en la imagen].
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«La basura de unos es el oro de otros»

Adversus populus (6)

I

En una breve pero afortunada visita a Lagos de Moreno, en ocasión de los días de asueto, durante «el puente» otrora dedicado a celebrar el episodio histórico de la Revolución Mexicana, hoy venida a menos por «el buen fin», tuve la oportunidad de andar por sus calles y conversar con amigos y familiares sobre temas varios.

Así, a primera vista, resalta la suciedad que en cada calle del ahora «pueblo mágico» se aprecia a lo largo de banquetas y arroyo vehicular, amén de los cestos de basura rebosantes de unicel en las más variadas presentaciones como vasos y charolas con restos de cualquier tipo de bebida y comida, algunos botes incluso exudaban lixiviados, muestra de la añeja podredumbre a su interior. Una imagen por demás bárbara por parte de nosotros los laguenses hacia los visitantes que, por el Campeonato Nacional Juvenil de Béisbol, como yo, tuvieron el gusto de recorrer sus calles. Habrá quién considere esto como problema del municipio o reflejo de ausencia de educación. Lo cierto es que además de exhibir nuestra incapacidad por ofrecer al visitante una ciudad limpia, ese estado de las cosas puede servir como una metáfora de lo que en otros órdenes ocurre.

II

No todo lo que cae en una alcantarilla es basura, esto lo saben muy bien todas aquellas personas que de manera ocasional o dedicadas de lleno a ello, recorren la ciudad en busca de plásticos PET, cartón, aluminio y demás objetos reutilizables o con algún valor monetario o de intercambio. Pese al valor o utilidad que de esos residuos se puede obtener, para muchas personas es preferible deshacerse de ellos en la calle, arrojarlos por las ventanas de sus autos o encomendar a alguien más su manejo. «La basura de unos es el oro de otros» podríamos decir, el mismo «recurso» con distintas apreciaciones sobre como manejarlo o qué hacer con él. Esta postura podría derivar de la posición que socialmente proyectamos de nosotros mismos, si aceptamos el hecho que en la basura, incluso, podemos encontrar algún bien ¿por qué, entonces, hay quines la botan y hay quienes viven de ella?

Si algo distingue a las sociedades humanas es el tipo de residuos que genera, los arqueólogos pueden constatar cómo, en realidad, muchos de los objetos recuperados en sitios arqueológicos son basura, restos tepalcates que en otro momento fueron vasijas de barro por ejemplo. La basura no es una novedad de las sociedades industriales o posmodernas, la novedad en ella radica en su generación a gran escala y la incapacidad que ha generado en nosotros por ser responsables de ella. Esto obliga a contar con grupos u organizaciones dedicados a su manejo; la administración de algo que nos es desagradable o simplemente ajeno a nuestro estatus o posición social. En la segunda mitad del siglo XIX, el sociólogo Emile Durkheim (Colofón, 1999), observó como la división social del trabajo condujo a la especialización de las personas en varios ámbitos de la vida cotidiana y asigna el papel que estamos destinados a representar.

Al igual que los recolectores de basura, otros «prestadores de servicios», a lo largo de la historia, no son o han sido, digamos, populares. Fue el caso de los verdugos, los porqueros, los carceleros, los sepultureros y un largo etcétera; podemos decir que pese a la importancia de la función que se cumpla, el reconocimiento que de ello se obtiene no siempre es proporcional o equivalente.

III

Arrojar basura en la calle, abandonarla en la esquina o cualquier práctica similar, desde luego, es un problema que puede ser resuelto con educación, sin embargo, y en esto distingo el mayor problema, en parte es reflejo del tipo de relaciones que socialmente hemos construido, donde nuestra posición social o económica nos exime de cualquier responsabilidad. Los influyentes abundan y pese a lo detestable de esa práctica gozan de cierta aceptación en varios niveles. Cuántos de nosotros nos hemos visto pidiendo «el favor» de agilizar un trámite o resolver cualquier asunto: «es un chingón» decimos cuando el resultado es el deseable o «es un pendejo» cuando resulta en revés.

Tirar basura como cualquier otra práctica nociva, puede ser entendida como una total falta de reconocimiento hacia «el otro»: «Ensucio tu calle, hurto tus bines, te privo de tu libertad o de tu vida porque simplemente puedo hacerlo y a nadie le importa; a quienes debería importarles, incluso, les es indiferente». Esta lógica de pensamiento, considero, es más o menos reproducida en distintos niveles y de varias formas. La vida cotidiana moldea y da sentido a la manera en la que nos relacionamos y resolvemos nuestros conflictos; en ella están contenido lo mejor y peor de nosotros como seres humanos, reservamos lo primero para nosotros mismos y para nuestros cercanos y lo segundo para los demás.

Tendríamos que construir extensas redes de solidaridad y confianza para privilegiar el tipo de relaciones benéficas, dejar a un lado la individualización que ha conducido a la nociva sociedad de la que somos prisioneros y captores a la vez. Así como la basura de unos es el oro de otros, la víctima de hoy puede ser el victimario de mañana, evitarlo es complejo, pero podemos comenzar a hacerlo con el sencillo reconocimiento del otro. ¿Cómo?, respetando su derecho a transitar en una calle libre de basura.

 

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 22 de noviembre [haz click en la imagen].
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