Contra el Atlas

Adversus populus

Atlas

Para Román Villalobos

Tengo a la mano una bolsa de papel –de esas de papel de estraza, con la cual al momento de concluir este crónica, ceremoniosamente, me cubriré el rostro. Desde luego, no es literal, pero la metáfora funciona.

I

Quienes tienen el gusto –por no decir el placer, de conocer la bella ciudad de Colima pueden constatar que por el rumbo de la Comercial Mexicana –aunque por ahí no ha habido, no hay y no habrá una Comercial Mexicana, hay un anuncio de esos que llaman «espectaculares» que no he visto en ninguna otra parte, en el que puede leerse: «Porque los plazos se cumplen y los compromisos adquiridos se pagan»; a través del cual, una «empresa» dedicada a la cobranza ofrece sus servicios a quien esté dispuesto a acosar con toda la mala leche posible a los incaustos que, ¡oh tragedia!, caigan en moratoria de pago.

Pues bien, me dispongo a pagar mi deuda. Misma que adquirí al apostar a favor de mi equipo de fútbol en el reciente clásico tapatío, el sesenta y cuatro veces glorioso ¡Atlas! de Guadalajara. ¿Qué puedo hacer?, bien dicen que, después de todo, la de Atlas es la historia de un titán condenado a soportar el peso del mundo sobre su espalda. Y algo más. «Bienpensantes» y demás «bien-intencionados» absténganse, se cambia más fácil de pareja que de equipo de fútbol –conste.

II

Todo comenzó hace un par de semanas, quizá más. Me había estado vanagloriando de la penosa situación por la que atraviesa el club de fútbol Guadalajara. Si se están preguntando si me refiero a la A.C. o la S.A., es cosa que me tiene sin cuidado, como también me importa mucho menos que nada la situación sentimental y legal de sus dueños. El punto es que no faltó quién estuvo dispuesto a tasar monetariamente la rivalidad, a lo que me negué categóricamente. Después de todo, tratándose de un clásico tapatío, de lo que se trata es de hacer pasar un mal rato al rival. Y créanme, la estoy pasando mal.

¿Qué puede agraviar más a un afligido espíritu rojinegro como el mío, que el acto de hablar bien de «las Chivas»? Porque, hay que decirlo, el «rebaño sagrado» es el equipo de México. Un equipo que ha sabido obtener once títulos para la alegría de su afición. Es la representación de todo aquello que distingue a la identidad nacional, como también encarna el símbolo de la resistencia popular frente al poder central y burgués de la capital de la República y de las Águilas del América –chale. Por la boca muere el pez.

III

Para ser honesto, el juego ni lo vi. Sólo me enteré del resultado, un miserable 0-1 a favor de «las Chivas». Supongo que si se presta atención a las crónicas minuto a minuto de los diarios deportivos, el de anoche, fue un juego trepidante y lleno de emociones. Pero en honor a la verdad, con ese resultado, con toda seguridad fue un juego para el olvido. Pero no para mí. Esta breve crónica quedará como mi agravio personal e íntimo, como recordatorio de este día triste en el que mi ¡Atlas! me defraudó. Pero, no hay que olvidar que cada vez que el ¡Atlas! tiene la oportunidad de defraudarnos, lo hace.

Me parte el alma esto que voy a decir, pero tengo que decirlo. ¡Arriba las Chivas! –Judas.

Críticas, comentarios y el pago de las 30 monedas a v4l3nc14@gmail.com

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