En celebración

Estás sentado en una silla, nada te toca, sientes cómo se vuelve el viejo un ser más viejo, imaginas sólo la paciencia del agua, el fastidio de la piedra. Piensas que el silencio es la página de más, piensas que nada es bueno, ni malo, ni siquiera la sombra que invade la casa mientras tú miras, sentado, cómo la invade. Otras veces la has visto. Tus amigos pasan tras la ventana, en sus rostros la marca de la pena.

Quisieras saludarlos pero no puedes ni alzar la mano. Estás sentado en una silla. Te vuelves hacia la yerbamora que extiende sobre la casa su red ponzoñosa. Pruebas la miel de la ausencia. Es lo mismo. Donde quiera que estés, es lo mismo que se pudra la voz antes que el cuerpo o que se pudra el cuerpo antes que la voz. Sabes que el deseo lleva a la pena, la pena a la consumación, la consumación al vacío. Sabes que esto es diferente, esto es la celebración, la única celebración, sabes que si te das entero a la nada habrás sanado. Sabes que hay alegría en sentir cómo tus pulmones preparan su futuro de ceniza, y así esperas, miras y esperas: el polvo se establece.

Rondan la sombra las horas milagrosas de la infancia.

—Mark Strand

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