Treinta y cinco

Estoy por retirarme a dormir, me doy cuenta que hace casi tres semanas cumplí 35 años, pero antes quise compartirles estos sentimientos expresados en palabras. Vienen a mi momentos maravillosos, recuerdos muchos que no siempre tengo presentes pero que están ahí; algunos lejanos, otros aún frescos, pero todos ellos vivos, vitales como la amistad y el aprecio que siento por todos ustedes, como yo sé que muchos de ustedes lo sienten por mi.
Contrario a lo que siempre he intentado proyectar, nunca he tenido buena memoria, pero ello, quizá, no es una desventaja, tal vez sea una forma de recordar únicamente lo que debe ser, quizá lo más grande que nos ha sucedido en la vida, o que tiene algún significado profundo, lo que ha sido decisivo -para bien o para mal- en este complejo, contradictorio e inexplicable viaje que es la vida. De cualquier forma, ustedes son parte de ello y de eso estoy muy agradecido, con ustedes especialmente y conmigo por haber llegado a sus vidas. Con algunos de ustedes hace tiempo que no ha sido posible conversar directamente, apelo a esta comunicación para refrendar la amistad y sensibilidad al momento por el que sus historias personales transitan, sepan que cuentan en mi persona con un amigo, un hermano en el que pueden seguir depositando su confianza, de todo corazón lo ofrezco.

Por mi parte, me encuentro bien, en confianza les digo que siento un poco incertidumbre, ¡nunca nadie me habló de lo que sería llegar a este momento! Los primeros años de mi vida, por lo menos de los que tengo memoria, alguien me decía o me recordaba lo que debía hacer: “termina la escuela, elige una profesión, consigue un trabajo, forma una familia”. Estoy seguro de haber cumplido todo ello, no de la forma convencional en la que se me dijo que debía hacerlo, pero el viaje, aunque difícil, hasta el momento ha sido harto satisfactorio y edificante, tengo una profesión, he tenido trabajos y ustedes son mi familia.

Algunos de nuestros amigos han avanzado en el viaje y a ellos también dedico este mensaje, existimos en la medida que somos nombrados, que nuestra memoria es evocada y esa es una extraordinaria cualidad de nuestra condición humana, pese a los vicios y errores que nos caracterizan, conservamos la capacidad de conmovernos y crear, a través de la palabra y la memoria, a quienes han contribuido en nuestro camino.

Escribo esto con el propósito de seguir presente en sus vidas y decirles que ustedes siguen presente en la mía, que en verdad espero, pronto, volver a estrecharlos y decirles personalmente cuánto les agradezco.

Besos y abrazos para todos!!

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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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