La fuerza de la protesta institucional

Adversus Populus (8)

Guadalajara, Jalisco. México. 2010/09/29. La mega marcha convocada por la UdeG reunió a miles en la plaza liberación y llenó varias calles del primer cuadro de la ciudad.  Alrededor de 86 mil personas marcharon desde 5 puntos y convergen en la plaza mas grande de Guadalajara. Foto José María Martínez, tomada de Marcatextos.
Guadalajara, Jalisco. México. 2010/09/29. La mega marcha convocada por la UdeG reunió a miles en la plaza liberación y llenó varias calles del primer cuadro de la ciudad. Alrededor de 86 mil personas marcharon desde 5 puntos y convergen en la plaza mas grande de Guadalajara. Foto José María Martínez, tomada de Marcatextos.

I

En su célebre novela gráfica Operación Bolívar (Ediciones del Castor, 1999), en voz de Leonel Arkángel [sic], Edgar Clément sentencia: «NECESITAMOS CAMBIAR. Pero el miedo a cambiar es cabrón y nos inventamos cambios que no cambian nada […]. Seguiremos comenzando revolucionarios y terminando partidistas, siendo buenos novios y malos maridos. Podríamos ser incluso unos grandísimos pendejos, pero hasta para eso nos falta ambición». Algunos años han transcurrido desde que esta genial novela salió de la imprenta por primera vez; sin embargo su mensaje, en estos días de Reformas y las protestas que desatan, me parece aún vigente.

II

Desde la crisis económica que ha sacudido a Europa y a los Estados Unidos (la cual presenta episodios crónicos en la periferia de esas zonas, es decir, el resto del mundo), hemos presenciado una serie de actos de protesta y movilizaciones sociales con las más variadas demandas, reivindicaciones y exigencias. Las hay en defensa del Estado de bienestar, la preservación de recursos naturales y espacios públicos, la democratización del Estado e, incluso, hay quienes esgrimen ideas y valores nacionalsocialistas y fascistas. Sin ir más lejos, en nuestro país desde el año 2006, por efecto del desenlace de la elección federal de ese año, entramos en un ciclo de protestas que en distintas fases han desafiado a gobiernos locales, estatales y federal. Legítimas en su mayoría, sería ocioso enumerarlas todas.

Los teóricos y especialistas, dedicados al estudio de los movimientos sociales, no acaban por ponerse de acuerdo sobre el impacto de la acción colectiva en la constitución del mundo contemporáneo. Hay quines afirman que su impacto ha sido nulo debido a que, de manera indistinta a las acciones que se emprenden, el avance de los intereses privados prevalece sobre el interés público, donde los gobiernos, pese a ser representantes populares, actúan de consuno con el capital. Por otra parte, hay quienes afirman que las acciones de protesta y movilizaciones impactan de manera objetiva en las agendas de los agentes del Estado y, gracias a ello, hay ciertas concesiones favorables a la sociedad civil. Así, sin entrar en detalles, éstas son las dos posturas antagónicas sobre la «utilidad» de la protesta social.

Claro, hay quines optan por una posición intermedia. Todo depende del lugar y el contexto en el que surge la acción colectiva. Lo cierto es que los gobiernos de distintos países, han comenzado una serie de cambios y reformas encausados a endurecer las penas a quienes ejercen el derecho a la protesta política, México incluido. Los gobernantes, concientes de la impopularidad que desatan las medidas y reformas, que para superar la crisis adoptan, saben que éstas no podrán realizarse sin garantizar antes el marco legal y jurídico para el «uso legítimo de la fuerza». En tanto, la pregunta que cabría hacernos ante las serie de «cambios» que desde el Estado se impulsan, a saber es: ¿Puede la protesta social conducir, de alguna manera, el cambio social hacia mejores relaciones sociales?

III

La paradoja —aunque pareciera ironía, es que el cambio social, con el solo recurso de la protesta, parece que no sucederá. En el momento de más fuerza de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), cuando la opinión pública daba por hecho la caída y enjuiciamiento del entonces gobernador del estado Ulises Ruiz, este no sólo se mantuvo en su puesto, por el contrario, fue respaldado por su partido, la clase política en general y el movimiento, ese sí, ferozmente reprimido.

Los movimientos o actos de protesta que algún éxito han obtenido en sus demandas, son aquellos que son respaldados por instituciones u organizaciones de varios tipos. En Jalisco, cuando el entonces gobernador Emilio González Márquez, en abierta confrontación con la Universidad de Guadalajara, grupos estudiantiles, académicos, de servicios, directivos y quienes comparten o no los valores de la institución, emprendieron una serie de actos de protesta y manifestaciones encaminadas al cumplimiento de los compromisos presupuestales del gobierno del estado para con la Universidad. Es decir, una institución con la capacidad y estructura organizacional como la que ostenta una universidad, por ejemplo, además del aliento ideológico o simbólico, ofrece medios y recursos efectivos para una movilización sostenida, sistemática y duradera.

La paradoja, entonces, reside en el hecho de que el cambio social (hacia una mejor democracia, garantías de salud, empleo, educación, vivienda, entre otros), mientras no cuente con un respaldo institucional, venga de donde venga, ocurrirá en el sentido que las élites políticas y económicas designen. Desde luego, seamos realistas, resulta por demás complicado que una institución, cual sea, se movilice. Ello depende de la relación de ésta con el Estado, y de la posición que sus dirigentes asumen ante el rumbo que la serie de cambios estructurales que las reformas impulsan.

IV

En tanto, la multiplicidad de demandas y reivindicaciones que persiguen los grupos movilizados ponen en jaque a los agentes del estado que a niveles locales actúan; sin embargo, en un siguiente nivel, esa misma multiplicidad de formas y demandas, carentes de una agenda común, seguirán actuando y tomando calles hasta que la «fuerza legítima del estado» lo permita. Si desde las instituciones que norman la vida cotidiana, no surge un programa alternativo de participación en la toma de decisiones, a los ciudadanos —o por lo menos quienes crean en la necesidad de un cambio social, las opciones se agotan. Por ello, hoy más que nunca, creo en la fuerza de la protesta institucional.

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 20 de diciembre [haz click en la imagen].
Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 20 de diciembre [haz click en la imagen].
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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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