Contemplaciones contra el tedio

Adversus populus (4)

I

Bajo este título, en las páginas de distintos medios impresos con sus respectivas versiones electrónicas en Jalisco, David «el Negro» Guerrero (Cd. de México, 1966/2009) daba cuenta del quehacer cultural y artístico en el estado. Además, en sus «piensos» nos compartía experiencias profesionales y personales como productor y conductor de El fonógrafo, La cuenta de los guías, La hora del Jefe o Los sueños del éter, espacios radiofónicos transmitidos, en varios momentos, por Radio Universidad de Guadalajara. Periodista cultural de los «chidos», a cuatro años de su partida, aquel jueves 29 de octubre, su ausencia aún me resulta difícil de asimilar, como también me lo parece el lamentable deceso de su compañera Frida, apenas un par de años después el primero de octubre de 2011.

II

Conocí a David en su etapa como director de la estación de radio universitaria en Lagos de Moreno; en ese momento, a petición mía, me brindó la oportunidad de iniciarme en la radio y colaborar para el noticiario conducido en aquel entonces por Celia Espinoza Serrano. Años formativos y mucho aprendizaje sucedieron entonces. El equipo de noticias era integrado por colaboradores voluntarios, entre ellos Juan Antonio Rocha (a quién agradezco la apertura para escribir en a.m.), en la jefatura de información; Héctor Chávez Villanueva y José Luis González Atilano en información; junto con varios entusiastas por contribuir en el desarrollo de un espacio de comunicación universitario, pero, sobre todo público. Concepto, éste último, de gran importancia para entender la manera en la que David ejercía el periodismo.

Para muchos un provocador que gustaba denostar o criticar sólo por el gusto de hacerlo; no lo sé, quienes así lo creían seguramente poca atención brindaban a sus Contemplaciones o ignoraban el contenido editorial de sus mensajes radiales, claro, tampoco era un santo. No me toca a mi decir o contradecir lo que David afirmaba o negaba; hablo de su actitud y el compromiso hacia el trabajo, la responsabilidad que advertía conlleva dirigirse a una audiencia desde un medio público y buscaba hacer patente en su ejercicio profesional. Era conocido su gusto por la obra literaria de Bertolt Brecht, en particular un pasaje de El compromiso social en literatura y el arte (Península, 1973), donde el filósofo alemán se refiere a la práctica y contenidos radiofónicos: «Un hombre que tiene algo que decir y no encuentra oyentes, está en una mala situación. Pero todavía están peor los oyentes que no encuentran quien tenga algo que decirles». Basta prestar atención a la «oferta» informativa o de entretenimiento de muchos medios, para darnos cuenta que no es tan amplia y variada como quisiéramos o quisieran hacernos creer; intereses de mercado privan sobre el interés general, del que de forma vehemente hablaba Rousseau (Taurus, 2013) hace unos siglos, tratante a la búsqueda de las mejores condiciones posibles de convivencia.

III

La incesante repetición, una y otra vez de la canción de moda, la casi ininterrumpida transmisión de mensajes en los que nos recuerdan consumir ropa, cosméticos, cerveza o fútbol, como también a estar de acuerdo con la opinión del presidente, el gobernador, el alcalde, el director técnico, de López Dóriga o quién sea, crean y dan forma al contenido mediático que consumimos. El espacio público, en tanto, es nuestro campo de acción, de resistencia ante la «normalidad» que los intereses particulares imponen; esos son los molinos gigantes contemplados por «el Negro», erigidos ahí, impávidos, garantes del tedio en el que con frecuencia incurre la vida.

En algún lugar, el historiador Fernand Braudel (FCE, 1986) dice que la humanidad se «halla algo más que sumergida en la cotidiano. Innumerables gestos heredados, acumulados confusamente, repetidos de manera infinita hasta nuestros días, nos ayudan a vivir, nos encierran y deciden por nosotros durante toda nuestra existencia»; darse cuenta de ello no es fácil, por lo regular quienes lo advierten les resulta innecesario o inútil de enfrentar, como también hay otros que actúan pero son ignorados. David encontró en la radio y el periodismo cultural una manera de confrontarlo. A cuatro años de su partida, no encuentro otra manera de conmemorarlo que recordarme y compartir con ustedes, estimados lectores, lo que entiendo fue su intención de vida: tener el valor de ir más allá de lo normal, contemplar aquello que lo sostiene y, desde nuestras respectivas trincheras, transformarlo.

IV

Por último, en estos tiempos propicios para ello, además de conmemorar a quienes fueron en vida David «el Negro» Guerrero y su compañera Frida, deseo evocar la memoria del psicólogo J. Gabriel Valencia Ruiz (Lagos de Moreno, 1974/2005), mi hermano, quién dejó una huella profunda e indeleble en mi vida y cuya ausencia, desde noviembre ocho años atrás, aún padecemos amigos y familiares y recordamos con profundo amor.

Críticas, comentarios y anécdotas sobre «el Negro» a: v4l3nc14@gmail.com

Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 01 de noviembre [haz click en la imagen].
Puedes leer esta columna en la edición digital e impresa del «Periódico AM» en su edición Lagos de Moreno del viernes 01 de noviembre [haz click en la imagen].
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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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