Anduve

Ayer, lejos de casa, comenzó a llover. Iba en bicicleta y mi paso exaltaba la fuerza con la que el agua caía; asumí que no había de qué preocuparse, que sólo era agua, que no importaba si detenía para guarecerme de ella. Marché, la prisa tornó en calma, en precaución, en gozo. Entonces pasó, llegó a mi boca un gusto distinto al del sudor, era la lluvia combinada; esa sensación me hizo tomar conciencia de la escena, mi propia escena me sublimó, me conmovió de tal manera que comencé a llorar.

Así, sudor, lluvia y lagrimas se hacían una; y no sabía por qué lloraba, pero lo hacía. Trato de no pensar en ello, pero lo hago. ¿Fue acaso el sentimiento de libertad? ¿La sensación de volverme niño corriendo entre charcos? No lo sé, pero me sentía libre, como un niño andando entre charcos montado en su bicicleta, algo que me hacía feliz. Tal vez, y sólo tal vez, la causa del llanto era saber lo efímero de ese disfrute o que a ti ya no podría contártelo, pero lo hago.

Hoy, volví a salir, cambié el derrotero. Hice lo necesario para no repetir la escena y sirvió, ni lluvia ni lagrimas, solo sudor. Anduve.

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2 comentarios en “Anduve”

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