La feria

Da gusto ver al pueblo lleno de fuereños, que traen sombreros y cobijas de otro modo, guaraches que no se ven por aquí.
(…) En todas las casas hay parientes de visita y duermen de a tres y de a cuatro en cada pieza.

La feria, Juan José Arreola

—¿Qué opinas de la feria?
Como buen laguense contesto: ¿la feria?
— “Ei”, inquiere.
—No lo sé, respondo.
—¿No sabes?
—No.
—Pues estará muy mal —me dice—. Con esta gente —continúa—, nada bueno se puede esperar, han hecho las cosas muy mal y en este asunto no se puede esperar que lo vayan a hacer mejor.
—¿Por qué? —pregunto.
—¿Por qué?, ¿cómo por qué?, ¿no te das cuenta?. ¡Todo mundo lo sabe!; bueno, todos menos tú. Otro día te cuento.

Sí, sí señor licenciado, por supuesto. Usted sabe que en su tierra se le quiere y se le estima, la noticia de que vendrá ha caído con mucho entusiasmo. Los preparativos van muy bien, justo el otro día me informaron del avance y van de maravilla, ya verá usted. No, no señor licenciado, no haga caso, ya sabe que la gente habla sin saber, nomás por hablar. El pueblo, la gente está muy contenta, si viera, yo creo que no se veía una feria como esta desde hace mucho tiempo. Sí, sí señor licenciado, ahora que esté usted aquí nos vamos al rancho a comer un borreguito, ya lo tengo escogido; también he conseguido muy buen tequila de Arandas, del que le gusta. No, no señor licenciado, botellas de coñac no, el procurador me las pidió, pero le dije “¿qué pasó?” hay que consumir lo que la región produce, “no se diga más” —me dijo.

—Oye Benigno, estamos tan salados que el mero día nos llueve a cántaros y adiós negocio.
—Como eres negativo, ¿por qué todo lo tienes que problematizar?. En lugar de andarla haciendo cardiaca, deberías de ir a ver cómo estará lo de la entrada y salida del estacionamiento, donde salgan con que los locatarios también tenemos que pagar, entonces sí, ahí ya nos jodimos.
—“Ei”. ¿Con quién hay que ir pa’ver eso?
—Sabe.

Hija:
—¿Puedo ir con mis amigas a la feria? Es que es cumpleaños de Elena y su familia le ha organizado una  comida ahí, van a estar su mamá, sus hermanas, la madre del colegio…
Papá:
—No.
Hijo:
—¡Ya me voy!
Papá:
—¿A dónde vas?
Hijo:
—A la feria.
Papá:
—Ta’bien.

Fuentes bien informadas de Miami, aseguran que Lagos de Moreno, pese a los asesinatos, secuestros y asaltos, es un lugar seguro. Mientras tanto, se ha confirmado la fuga de bellezas alteñas al vecino estado de Guanajuato, despreciando las “encomiables” oportunidades que aquí reciben. De acuerdo con información tomada de redes sociales, como Facebook, los integrantes del cabildo tienen muchos amigos, aunque en la calle no saluden a nadie. Anuncian el programa de la feria Lagos; “la fiesta la haces tú”, dicen.

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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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