Diario de un loco

Hay quienes sostienen que la literatura tiene una gran influencia sobre la revolución. En cuánto a mí, lo dudo. La literatura es a fin de cuentas un producto del ocio que expresa la cultura de una nación
Lu Hsun

Diario de un LocoLlegó a mí de forma inesperada. Los estantes de la librería «Efraín Huerta» del Fondo de Cultura Económica en León de los Aldama, Guanajuato, lucían abarrotados y mostraban cierto desorden; supongo, derivado del inventario que los «libreros» realizaban. Libros iban y venían. Por mi parte, trataba de no estorbar y solicitaba información sólo de ser estrictamente necesario; al cabo, una librería íntima como esa, permite al visitante un vínculo directo con lo que busca y con lo que finalmente encuentra.

No buscaba nada. Por circunstancias —que no cabe señalar—, disponía del tiempo suficiente para ir al «Fondo», elegir un libro (o dos) y buscar un sitio dónde entregarme a la lectura. Mi primera selección fue una recomendación que, un par de días atrás, me había hecho un gran amigo: La obra de arte en la época de su reproductividad técnica de Walter Benjamin. Me sentí afortunado de dar con ese libro a un precio tan accesible; por lo regular, la obra del filosofo alemán no es —digamos— económica. Resolví que esa sería mi única adquisición. Anduve un rato más por la librería sin prestar demasiada atención a los libros, en parte por la laboriosa actividad del inventario y, principalmente, porque ahora, sólo me interesaba consumar algo de tiempo. Entonces, lo encontré.

Llamó mi atención ver la imagen de Sergio Pitol a manera de viñeta, con la leyenda: «Sergio Pitol Traductor». La monumental obra del escritor, se enriquece con la infinidad de textos que han llegado a nosotros gracias a su labor como traductor. Se trata de Diario de un loco, compuesto por tres cuentos: «Diario de un loco», «La verdadera historia de Ah Q» y «La lámpara eterna», escrito por el literato chino Lu Hsun.

En el prólogo Pitol señala: «Lu Hsun constituyó hacia la segunda y tercera décadas de este siglo una de las personalidades morales e intelectuales de mayor prestigio entre las combatidas fuerzas democráticas de China.» Su obra fue enarbolada como estandarte durante la Revolución Cultural, lo que posiblemente le ha significado lectores y quizá, también, le ha significado perderlos. Sobre ello, Pitol nos dice: «Su pensamiento político y su obra carecieron, por fortuna, de la linealidad ideológica que hoy se le atribuye».

Los personajes de Lu Hsun oscilan entre un pasado inerte y un futuro incierto. El pasado se ha derrumbado, la vieja moral ha dejado de ser válida, el futuro aún no se vislumbra; no se ha creado una nueva ética que sustituya los principios caducados. El presente se tiende en el vacío. El hombre es oprimido por sistemas en los que ha dejado de creer. El mundo entonces se convierte en una figuración de la locura.
En fin —dice Sergio Pitol—, leed a Lu Hsun…

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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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