The Wall Live (Ciudad de México 19 de diciembre de 2010, El drama humano del Muro)

«….we came in?»

Personalmente no cuento con un antecedente que me ayude a explicar la emoción, la sensación que produjeron en mí los primeros acordes de In the flesh? Una apertura memorable, potente, dramática, intensa. Las luces constituían la base a la que uno a uno fueron incorporándose los elementos del drama del Muro (así, con mayúscula): los martillos cruzados como eje del espectáculo, banderas ondeantes, marchas marciales, fuegos artificiales emulando la tragedia que está por venir; el trágico arribo de Pinky al mundo, a un mundo que 30 años después no ha entendido nada —o tal vez lo sabe todo— sobre la condición humana. «So ya’ / Thought ya’ / Might like to Go to the show».

La esencia del espectáculo de Waters sigue siendo exactamente la misma que le fue dada en 1979: el individuo y su eterno conflicto con su entorno y con otros individuos (con su madre, sus maestros, sus amigos, su pareja); una crítica a las características de la posmodernidad que exige la segregación voluntaria, la pérdida de la conciencia colectiva y la posterior incorporación al Muro, del cuál sólo somos un ladrillo más. Sin embargo, algo hay distinto. Ya no es solamente el tema de la Segunda Guerra Mundial como excusa: el aniquilamiento del hombre blanco por el hombre blanco. Una característica esencial de la forma en la que las potencias occidentales entendieron el costo del conflicto.

Ahora, se incorpora el reconocimiento del «otro» como capaz, digno, humano. Árabes, negros, asiáticos, latinoamericanos, pieles rojas, mestizos. El Muro que comienza a erigirse entre el escenario y el público nos cuenta historias, historias como la de Jean Charles de Menezes, un joven brasileño muerto en el año 2005 por la policía de Londres, «confundido» con un terrorista. El color de la piel como una muestra de nuestra naturaleza «maligna»:

Thats a weapon. Yeah. Hotel Two—Six; Crazy Horse One—Eight. Fucking prick. Have individuals with weapons. So, uh, you are free to engage. Over (Fragmento de la conversación que sostuvieron elementos del ejercito de EEUU antes de asesinar al fotógrafo de Reuters Namir Noor-Eldeen y su conductor, Saeed Chmagh, el 12 de julio de 2007 al «confundir» sus cámaras con rifles AK-47).

Al finalizar la primera parte del concierto, se presenta uno de los momentos más emblemáticos del performance: Waters despidiéndose del mundo, del mundo cruel, desde el último recoveco del Muro, solo para dar parte al segundo momento de la presentación, una experiencia multimedia, digna de la teatralidad que caracterizó a Pink Floyd, superándolo a la vez.

El éxtasis invadió a una gran parte de los asistentes —me atrevo a decir todos— cuando comenzó Hey you. Un cúmulo de emociones comenzaron a invadirme, tal vez por la atmósfera que comenzaba a inundar el Palacio, o sólo porque yo, como muchos de los que ahí nos encontrábamos hemos apropiado esa historia como nuestra, esa historia en la que en diferentes momentos de nuestro crecimiento como mujeres y hombres nos ha llevado por sitios recónditos, aislados, tenebrosos, al encuentro con nosotros mismos.

Cuando comenzamos a recordar a Vera Lynn a muchos de nosotros nos había invadido el sentimiento, la necesidad de liberarnos, de desterrar la angustia que nuestros miedos habían sembrado en nuestros espíritus. Así lo hice. ¿Recuerdas la vez que ella me dijo que nos volveríamos a ver, ¡quizá en un día soleado!? ¿Qué ha pasado con ella? ¿Siente lo que yo siento?

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 La ética kantiana sostiene que debemos «obrar de tal modo que se trate a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio». Pregunto, en ésta lógica y ante los avasallantes hechos de la realidad, ¿qué clase de humanidad ha construido la razón? ¿qué sucede cuando la angustia no logra ser desterrada, cuando el miedo, la ira, la intolerancia son parte de nosotros? ¡Corre como endemoniado!

El momento final se acerca, esperamos la llegada de los gusanos y el juicio está por comenzar, el fiel de la balanza parece no favorecernos y ser, finalmente, consumidos por nuestra cómplice complacencia a todo aquello que decimos aborrecer y en el fondo toleramos. Pero, no hay vicio que no conlleve su propio tormento.

Ojalá nos encontremos —pronto— al otro lado del Muro.

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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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