Dijo el cuervo: Nunca más

No lo tengo claro. ¿Habrá sido la tristeza y melancolía de sus poemas? ¿la innegable naturaleza humana reflejada en sus narraciones? O tal vez, sólo fue la empatía que todo lector siente por ese obscuro personaje nacido en Boston, Massachusetts, poeta de tragedias y tempestades, lo que me llevó a la bahía de sus páginas. Pasando de la furia e ímpetu de Un descenso al Maelström, hasta la inverosímil historia de El gato negro y llegar al poema que provocara la presencia de «esa negra y torva ave», confundida con el viento, «¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal? Dijo el cuervo: Nunca más».

Edgar Allan Poe ha vencido a la muerte tomándola de la mano y recitándole un poema. A doscientos años de su nacimiento, el 19 de enero de 1809, su legado es fundamental para la literatura universal, creador del llamado género policiaco y considerado uno de los últimos románticos, Allan Poe, fue un crítico de su tiempo, del sistema de valores y de relaciones interpersonales hipócritas  y de doble moral, que llevaban casi naturalmente al crimen. Víctima él mismo de la tragedia, escribió sobre el pulso de la transformación sociocultural de los Estados Unidos de Norte América, del impacto de la industrialización y del creciente poder del capital en las vidas de los seres humanos. Pionero en muchos aspectos del mundo editorial de su país, su carrera marcó un hito en la profesión periodística que sin duda alguna ha inspirado a periodistas escritores como Manuel Vázquez Montalbán, Paco Ignacio Taibo II, e incluso, me atrevo a aventurar,  Ryszard Kapuscinski.

Edgar Allan Poe
(Boston, 19 de enero de 1809 – Baltimore, 7 de octubre de 1849)

The Raven*

(fragment)

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore—
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
«‛Tis some visiter,» I muttered, «tapping at my chamber door—
Only this and nothing more.»

El Cuervo**

(fragmento)

Una media noche lóbrega abismado en la lectura
de raros libros de oscura y trasnochada cultura,
por el cansancio los ojos entornábanseme ya,
cuando oí de pronto incierta, tenue llamada a mi puerta;
«Un visitante —me dije— que llamando está a mi puerta;
esto es sólo y nada más.»

*Del libro
Works of Edgar Allan Poe, 1849.

**Traducción de Enrique González Martínez,
publicada en Occidente, 1945.

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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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