El costo de la economía

Octubre de 1929 marcó el inicio de lo que los historiadores y economistas llaman la Gran Depresión; una crisis económica, la peor hasta ese momento conocida, que significó el cierre de industrias, grandes, medianas y pequeñas a lo largo y ancho de los Estados Unidos, cuyo efecto se prolongó durante la década de los años 30. Otros especialistas refieren el acontecimiento como el Crash Bursátil.
Independientemente del nombre que le demos, al día de hoy, un acontecimiento similar parece avecinarse en la economía más influyente del mundo. La inversión de 700 mil millones de dólares que ha solicitado el presidente George W. Bush para el rescate financiero de los especuladores de Wall Street, ha desatado polémica en la opinión pública de aquel país, debido, principalmente, a que ellos nunca han socializado sus ganancias ¿por qué ahora se deben de socializar sus pérdidas?

El que hoy en día, de manera desinformada en muchos casos, se hable de «Políticas Neoliberales», se debe justamente a aquel jueves negro. La política económica en los Estados Unidos, hasta ese entonces, fue justamente la que ha seguido nuestro país desde que en 1986 ingresó al Acuerdo General sobre Tratados y Aranceles, GATT por sus siglas en inglés, convertido después al Tratado de Libre Comercio, TLC. Es decir, una política de Libre Mercado, donde «la  mano invisible del mercado» regularía las operaciones bursátiles, controlaría los flujos de capital y la producción de mercancías con una armonía que el director de orquesta más destacado envidiaría. El autor de aquella teoría fue Adam Smith. Hacia finales del siglo XIX, todo parecía funcionar, aquel país crecía de la mano de su industria y de su oportunismo militar en Europa y América Latina; pronto, mas preocupado por el business, el gobierno dejó de atender un aspecto importante de su función, la regulación de la actividad bursátil; así, los especuladores, perdón, inversionistas, comenzaron con prácticas como: La empresa A es dueña de B que a su vez es dueña de C que le debe a A, concluyendo en una maraña de operaciones bursátiles sin control.  Esto dio como resultado una economía inflada, improductiva, estable en el nivel macro, pero sin solvencia en el gasto corriente de la población. La imagen más célebre de aquella situación, es la de los inversionistas arrojándose desde lo alto de sus oficinas, suicidándose ante la desesperación.

La administración del presidente Herbert Hoover, poco pudo hacer por solucionar el problema; la solución vino, una vez más, de una teoría macroeconómica, la política keynesiana de déficit presupuestal. John Maynard Keynes su autor, un economista británico, que consideraba que el mercado debe ser regulado, intervenido por el estado. Idea que permitió una lenta, pero efectiva recuperación económica, el gasto del gobierno americano reincentivó la economía y permitió un periodo de bonanza, el destino de la inversión: la guerra, auspiciada por Franklin Delano Roosevelt.

A partir de entonces, la «teoría liberal», quedaría para mejor ocasión. Fue hasta la década de los ochenta que Ronald Reagan, decidió desempolvar los viejos libros de historia económica y recetar a muchos países del mundo, un refrito de las ideas de Adam Smith, lo que llamamos «Políticas Neoliberales». Nuevas con respecto a las primeras políticas liberales, pero cuya consecuencia parece ser la misma. Esperemos que no empiece a llover «trajeados».

Publicado el viernes 3 de octubre de 2008 por elPeriódico de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s