«Los Nones», Agustín Rivera y Sanromán

Llega hasta nosotros, en un momento en el que la laicidad del espacio público es cuestionada, un texto del humanista, sacerdote, y autor de ciento ochenta títulos Agustín Rivera, donde este notable laguense reflexiona hacia fines del siglo XIX, sobre la necesidad de una educación libre de dogmas y fanatismos, en busca del progreso e ilustración de la nación.


«Los fanáticos que han leído la historia, saben que desde que una nación comienza a ilustrarse y a progresar, a ellos se les descubren las costillas, y van en escala descendente hasta quedar reducidos a un corto número. Ellos no cesan de imprimir sus libros y periódicos, de publicar sus pequeños milagros y gritar y maldecir a su enemigo el progreso; pero una nación estando ya ilustrada en la inmensa mayoría de sus habitantes, se ríe de ellos y prosigue firme, adelante en su marcha de progreso. Los fanáticos recurren al principal apoyo y medio que han tenido en los siglos anteriores para seducir a los pueblos, el de hacer algunos bienes a la sociedad; algo de colegios de educación de la juventud, algo de hospitales, algo de orfanatorios y otros semejantes. Más el siglo XIX tiene su balanza social, coloca en un platillo los bienes que hace esa gente y en otra los males, y dice Nones, porque conoce que los males son mucho mayores que los bienes, pues uno solo de dichos males, que es el fanatismo, es tan grande y la raíz de todos los males sociales, que hace que no compensen todos los bienes. ¿Colegios de educación de la juventud, eh?, ¿colegios de pseudometafísicos que viven en la región de las quimeras?, ¿semilleros de una generación de fanáticos, que después con sus ideas, con sus conversaciones, con sus periódicos y con sus libros van a dar mucho quehacer y a retrasar mucho el progreso social? Nones. ¿Orfanatorios, y al calce de cada orfanatorio una sociedad de beatas y otra de beatos, que van a propagar el fanatismo en el seno de las familias y a crear un obstáculo al adelanto social con las ideas y costumbres de la familia? Nones. ¿Hospitales, y con motivo de los hospitales una multitud de testamentos favorables, de herencias, de legados, de pingües fincas urbanas rústicas y de una riqueza, dominación y preponderancia social que hará a los gobiernos tirarse de una oreja y no alcanzarse la otra? Nones. Otro de los males que pesa muchísimo en la balanza social y que no compensan colegios de educación, hospitales ni orfanatos son las guerras de religión, que durante largos siglos han hecho derramar torrentes de sangre y conmovido a todas las sociedades. El fanatismo extravía las ideas en una nación, extravía las conciencias y desequilibra los intereses materiales, dando por resultante y dividiendo una sociedad en dos clases, la una de ricos opulentos, déspotas, egoístas y avaros, y la otra de una inmensa clase proletaria que se muere de hambre; y por lo mismo el fanatismo es el mayor de los males en los tres órdenes de la civilización: en el orden de la civilización intelectual, en el orden de la civilización moral y en el orden de la civilización material.»

«Los fanáticos de gran talento se parecen a un animal que los latinos llamaban stellio (de donde se deriva la palabra estelionato), que cambia de colores según el tiempo. Conociendo que el espíritu de nuestro siglo es de democracia y libertad, se muestran muy demócratas y liberales. Los progresistas del estado llano, semejantes al viajero que se encuentra al hermoso stellio, se quedan admirados y baten palmas creyendo que han conquistado a su partido a los fanáticos, siendo así que aquéllos son los que han caído en las redes de éstos. Entre tanto el siglo XIX con su balanza en la mano dice como el gachupín: ‘Nones. Aunque mudes de vestido, te conozco en el zumbido’. En los siglos pasados, en que los pueblos eran menos ilustrados y los fanáticos eran sus dominadores, a guisa del león les sacaban el pan por las vías del temor: ceño en el semblante, grande aparato de dignidad en el trato social, amenazas, castigos. En el siglo XIX, en que los pueblos han despertado y recobrado sus derechos y los fanáticos van cuesta abajo, éstos han adoptado el papel de la zorra: grande mansedumbre en el trato social, sonrisas angelicales, elogios, abrazos, y esto hace recordar la fábula del clásico Fedro, a quien Dios haya dado una eternidad feliz por las lecciones de moral que nos dejo a todos los hombres y a todas las naciones en unas páginas breves y sencillas. En la cumbre de un árbol estaba un cuervo con un queso en el pico, y abajo estaba una zorra que no hallaba cómo quitarle el queso. Entonces ella comenzó a decirle que era muy hermoso por su plumaje y que su canto era armonioso y dulcísimo, y él, muy apagado de lo que decía la otra, quiso cantar, graznó, se le cayó el queso y lo agarró la zorra. Los fanáticos son en sustancia los mismos de siempre; la forma es la única diversa: antes con la fuerza les sacaban a los hombres el pan, y hoy con halagos les hacen soltar el queso. Todo va a dar a lo mismo. Nones.»¹

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¹Copiado de mi libro La Soberanía del Pueblo, pág. 113 (nota del autor)

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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

3 comentarios en “«Los Nones», Agustín Rivera y Sanromán”

    1. Recientemente, la UNAM y El Colegio de Jalisco publicaron, en tres tomos, el “Catálogo del Archivo Agustín Rivera y Sanromán”. Como sucede en estos casos, caro y de difícil acceso, pero de mucho interés. ¡Saludos!

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