Lea la etiqueta

RAÚL VALENCIA RUIZ

Tome un respiro, suspenda momentáneamente las actividades que cotidianamente realiza y observe. Dese un momento, relájese, dedique algo de su tiempo a contemplar los objetos que le rodean, los productos que consume, los programas televisivos que le entretienen, las estaciones radiofónicas que escucha, este periódico que usted lee. ¿Qué ve? Dedique su atención a las texturas, los colores, las formas, los sonidos, las palabras, los diálogos. Hágalo una, dos, tres, las veces necesarias; ¿nota algo?
Seguramente ya se habrá dado cuenta; la mayoría de los objetos que le rodean, los productos que consume, las series televisivas que ha visto, los espacios radiofónicos que escucha e impresos en los periódicos que lee, condicionan sus hábitos, determinan su gasto, le asignan un lenguaje; incluso, le indican los ademanes, poses y actitudes a seguir; la conducta más deseable. Básicamente nos dicen qué, cómo y cuándo pensar. ¿No lo cree? Observe a cualquier niño.
Hay quien afirma que actualmente vivimos en la cúspide de nuestra civilización, que la ciencia trabaja para nuestro beneficio, vivimos más y mejor, con más hospitales, mejores escuelas; que el campo y la industria en México funcionan y van en incremento; sin embargo, observando detenidamente, leyendo entre líneas, escuchando atentamente nos podemos dar cuenta de una realidad diferente, oculta, desconocida y todo delante de nosotros, integrado en nuestra vida cotidiana. Justo a nuestro alrededor.
No se alarme, esto no es del todo malo. Malo es no darse cuenta de ello. Desde que el mundo es mundo, y seguirá siéndolo pese a nuestros líderes, la realidad no es una si no varias; cada pueblo, país, nación, tribu o grupo étnico ha otorgado significados diferentes a situaciones tan comunes y cotidianas como los amaneceres o los atardeceres, los nacimientos o las muertes, la salud y la enfermedad; todo esto nos define culturalmente y diferencia de otras regiones y mentalidades. Sería un error creer en la supremacía de uno sobre otro, despreciar a un grupo cultural o imponer nuestra manera de pensar.
Justo a eso nos referimos, el mercado, ese concepto tan en boga entre analistas y especialistas, funciona bajo premisas que unifican el comportamiento humano; los hábitos de consumo y producción en La India, China, El Salvador o México deben ser los mismos, integrados, eficientes: un mercado común, una moneda común, un idioma común, un horario común; es por ello que las fábricas trabajan de día y de noche, sin descanso, sin tregua para las personas que ahí laboran, consumiendo el recurso más valioso con el que contamos: nosotros mismos. Maderas, frutas, carnes, leche, azúcar, petróleo, todo producto de la actividad humana, pero destinados no a preservarla, sino a mantenerla en un estado permanente de producción y consumo, donde prevalecerán aquéllos que controlen los recursos y abaraten la mano de obra.
Los mismos productos, las mismas marcas, las mismas series, las mismas noticias ¿no me creé? Lea la etiqueta.


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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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