Ciborg Manifiesto*

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Sueños Ciborg

Cuando las máquinas comenzaron a ser empleadas en la informática, dijeron que ésta no era el comienzo de la experiencia humana; después, cuando las máquinas se diseñaron para ensamblar objetos, afirmaban que esa tarea no era central del desarrollo humano; posteriormente, se esforzaron para que las máquinas aprendieran a escuchar, hablar, realizar tácticas y estrategias avanzadas (como en un juego de ajedrez), con la justificación de que esas habilidades cognoscitivas no eran centrales del quehacer humano. Todo progreso tecnológico se orienta, ahora, hacia la redundancia del ser humano, tal como lo conocemos actualmente. ¿Esto le asusta?

Usted ya es un ciborg. Sin pensarlo, usted se une con las máquinas y ellas con usted todos los días; cuando conduce su automóvil controla una tonelada de metal, entre usted y el camino el vehículo es absolutamente sensible, una extensión de sus sentidos, ajustándote al asfalto como si fueses la rueda. Ahora, conéctese a la red y vea como su cuerpo desaparece del espacio físico, de su estudio, y entra en un mundo más amplio. Somos ciborgs cuando respiramos, nos alimentos con productos procesados o dormimos delante del televisor encendido y escuchamos, entre sueños, los infomerciales.

Hay quienes se sienten intimidados por este fantasmal «otro», este nuevo compañero de vida al que muchos han decidido abrazar. Pero los niños no se sienten atemorizados por él; en ellos, la conciencia del ciborg crece. Los smartphone que llevan en los bolsillos están «vivos», sienten toda lealtad hacia el XBox y se afligen por la pérdida de «amigos» de la televisión. Simplezas, pero con potencial para crear un trauma. ¿Se atreve a decir que el amor de un niño hacia el mundo virtual es menor al amor que usted siente por su perro, sus amigos, su madre envejecida?

¿Qué es la «vida»?, la definición cambia y extiende. La línea entre lo natural y lo artificial está marchitándose. A diario estrechamos vínculos con máquinas de todo tipo.

Las capacidades cognoscitivas y habilidades de los robots avanzan vertiginosamente, para el 2020 los robots emplearán más neuronas y sinapsis —más «pensamientos»— de los que los humanos ahora utilizan. Ellos verán, escucharán, entenderán y desplazarán de manera independiente, conectados automáticamente a fuentes de energía tan rápido como correr cuesta abajo. Lucharán contra la contradicción, la paradoja y prevalecerán; serán tan inteligentes como lo somos nosotros, se seguirán reproduciendo, produciendo mejores versiones de ellos mismos con una eficacia que avergonzaría a la selección natural.

Los humanos también creceremos más inteligentes y más fuertes. Desarrollaremos cuerpos más saludables gracias a la bioingeniería, alteraremos nuestras funciones metabólicas, reforzaremos nuestro ego a través de la farmacología. Con el tiempo, proponemos la superación del gran golfo ontológico entre la programación de la máquina y la conciencia humana. Nuestros robots evolucionarán gradualmente en algo como nosotros y nosotros en algo como ellos.

Juntos nos aventuraremos más allá de la tiranía de los genes. No volveremos a ser simples «sacos» de químicos y células que empiezan a deteriorarse tan pronto nacen; encontraremos la solución a todas nuestras deficiencias —las arrugas, la obesidad, la pérdida de cabello, el trastorno sexual— y curas para cada enfermedad.

Éste será el siglo de los milagros. Los miembros amputados crecerán, los ciegos recuperarán la vista. Nanobots inteligentes del tamaño de moléculas, cruzarán el torrente sanguíneo humano para despejar arterias obstruidas y reparar órganos deteriorados. Ninguna debilidad genética o accidente del destino se tolerará cuando tomemos el poder para controlar nuestros egos.

Como las diferencias entre los humanos y los robots se disuelven, no sucumba a la paranoia, no pierda el control. Las biomáquinas no son fantasmales y aterradores «otros»; ellas son las sagradas generadoras de vida y usted debe aprender a amarlas, tal como se ama a si mismo.

La derrota de la materia

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La realidad física es la gran barrera de nuestro tiempo. Hay benceno en el agua que bebes, dióxido de carbono en el aire que respiras, así como tampoco puedes desplazarte libremente. Padeces aglomeraciones en los aeropuertos, congestionamientos en las carreteras, las personas son conducidas como rebaños en los supermercados y en las filas de los bancos. Han sufrido la realidad material con extrema obsolescencia y más allá.

Claro, todos han contribuido en aumentar este problema: erosionaron los bosques, desperdiciaron y contaminaron el agua, debastaron las tierras, la pesca fue colapsada, especies animales de todo tipo desaparecen a diario, hay un calentamiento global… ¡El mundo natural está muriendo!

Gracias a «Dios» el mundo de la naturaleza no es tu única opción.

Enfrentémoslo, «el mundo real» simplemente no puede competir con el mundo virtual. Al refugiarse en su casa usted se aísla del mundo; mientras, en su vida virtual, deja entrar al mundo. Por primera vez en la historia tiene una opción; ahora, puede llevar su negocio a otra parte; dirigir sus asuntos románticos, sociales y de mercado al límite. En el ciberespacio, la materia es obsoleta, pronto no tendrá sentido en absoluto.

En un estanque callado como un templo… una rana salta. ¡Plaf!

Bienvenido a la nueva realidad.

Somos exploradores por naturaleza, pero la naturaleza de la exploración ha cambiando. Alguna vez, y de buena gana, habríamos pagado para viajar a hasta un bosque de lluvia tropical, soportando la humedad sofocante, arriesgándonos a contraer malaria, todo por la oportunidad de vislumbrar a un mono oscilando en una rama a gran distancia. Ahora podemos quedarnos en casa y conjurar la selva, vestir algún atuendo de seda desde un satélite en orbita. Inserte un DVD en su equipo para ello e invoque un animal en la pantalla de plasma, con ojos grandes y encendidos, el rugido es lo bastante fuerte como para despertar a los vecinos.

Somos sexuales por naturaleza, pero la naturaleza de la sexualidad está cambiando. Alguna vez habríamos manejado de buena gana por la ciudad, incluso por el país, para ver a nuestra novia o novio. Ahora podemos encontrarnos con ese amante, de forma instantánea, en un café virtual en París o en una playa virtual en Acapulco. Pronto, estos tipos de encuentros serán totalmente frecuentes, convencidos absolutamente de que son reales.

El encuentro de la tarde: Las expectativas están desbordadas, los tragos se han terminado, sus jeans están en el suelo, deslizas tus manos sobre el cuerpo de tu pareja —encajas tan cómodamente como un condón—, mientras la pasión es incontrolable. Tus sentidos perciben el cuerpo de tu amante a kilómetros de distancia, en una secuencia de sensaciones se activan en la sucesión correcta, la frecuencia correcta, estimulan el tacto, la percepción, la pasión, exactamente de la manera que lo deseas. Vienes volcánicamente, imposibilitado de resistir el placer. Entonces ha terminado. Pero no, nunca termina. Viajemos en el tiempo y elige un compañero virtual de un menú ilimitado. Podrías poseer a Helena de Troya en un maizal, verde como la mesa de un billar, a Isis, María Félix; conseguirías, incluso, fornicar con Sócrates, Cristo, Freddy Mercury, el mismísimo Satanás.

Ésta es la naturaleza de la nueva exploración. Más allá del género, más allá de la ética, serás libre de complacer cualquier fantasía, con cualquier cosa que te estimule: zapatos, maniquíes, lisiados, calvos, mujeres gordas, el que hace de payaso en el circo, animales… cagárte en tu amante o matarle. Hacer cualquier cosa que quieras cuando quieras, sin consecuencias o pesares.

A quién le hayan mentido, estafado, arrastrado por las piedras y abandonado; quién haya sufrido terriblemente, considere el llamado de esta nueva realidad, de esta filosofía extraña, esta política de «no veo y no oigo». Sumérgete en la nueva aventura de la humanidad, permítenos conducirte por esta gran ola de desterritorialización a un lugar dónde la memoria y el placer se fusionan con el dolor, mezclándose y dopándote para siempre. Entra, siéntete bien, ahora estas seguro, respira, relájate. Bienvenido a casa.

Economía virtual

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La naturaleza humana, el riesgo, el conflicto, la imaginación, el olvido —son los factores reales de la economía global. Billones de eventos psicológicos en una interacción interminable de imágenes y señales. Si pudieras estar detrás de él, comenzarías a entender todo lo que hemos tratado de explicarte. La «megaconciencia» —el génesis de un solo, último mercado de ideas y emociones—, es el paso final de la humanidad hacia el ego —la creación.

El dinero contribuyó al surgimiento de una nueva narrativa planetaria y sigue cambiando nuestra percepción de la realidad. El grueso en toneladas del producto interno bruto en Estados Unidos creció un 25 por ciento durante las últimas dos décadas, mientras su valor se duplicó. Ésta es la tendencia de tendencias: el hardware pierde tanto como crecen las ganancias del software. Entramos en una nueva edad, en la que los productos virtuales —la información, los datos, los conceptos, los derivados— dominan. Las extensiones del dinero serán el lenguaje de la post humanidad, esto será a la próxima edad virtual, lo que la creación de las tecnologías fue en nuestra era.

Así es como trabaja el sistema: billones de dólares virtuales fluyen hacia dentro o fuera de una economía en segundos. Ninguna comunidad, región o nación pueden resistirse. Las personas e instituciones que controlan estos flujos suplen al fantasma de los Estados. Las grandes decisiones son preestablecidas por instituciones globales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC) cuyo peso, poder y decisión exceden, por mucho, a la mayoría de individuos de la élite que los sirven. La economía global es ahora una máquina viviente —un gran cerebro— compuesto de interruptores y rotores, enlazados a los sistemas financieros, a los medios de comunicación, a sistemas educativos, a bolsas de empleo, a sistemas de gobierno, a los movimientos de protesta. Nada se interrumpe por preocupaciones del mundo material.

En el horizonte del infinito una economía de ideas conlleva y pone en evidencia problemas de Fe, espirituales. La Fe es la última frontera, la creencia precede el conocimiento. La lógica confidencial de creatividad y progreso siempre ha sido «pega antes de que te peguen».

Ningún volumen de datos, ninguna cantidad de innovación tecnológica puede animar a dar los próximos pasos a lo desconocido. La Fe puede. La Fe puede inducir al mejor de todos los mundos posibles, para multiplicar nuestra prosperidad cada diez años; para erradicar la pobreza, la polución, las frustraciones y el desempleo de la faz de la Tierra; tomar el carbón simple y recomponerlo átomo por átomo para convertirlo en diamantes perfectos; construir nuevas y enteras ecologías a partir de catástrofes nucleares; transformar los bosques tropicales del planeta, las sabanas y estuarios para «administrarlos» cuidadosamente; tomar cada baldío estéril y convertirlo, rasa tabula, en ecosistemas productivos.

En la economía virtual, nosotros no imitaremos la naturaleza, la naturaleza nos imitará.

La larga marcha de la historia

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Los primeros hombres gruñían, gesticulaban, gritaban y gemían; dibujaban sobre las paredes de las cuevas; no hablaban pero, tenían algo que ahora parece extrañamente familiar: una intensa relación con su medio ambiente. Existían dentro de la realidad física, inseparable e indistinguible de su todo. Éste fue nuestro ego original.

Más allá de la historia humana, en el punto donde la vida y la información fluyeron rápidamente, una serie de comunicaciones revolucionarias rompieron esquemas, cada una empujaron un ego nuevo, una cultura nueva, nuevas conciencias del ser.

El discurso —una extensión del pensamiento— fue el primero y más grande de los medios de comunicación. Imagine que los «gruñones» se volvieron raperos, pregoneros, sopranos. Nuestro ego oral había nacido.

Entonces perpetuamos el discurso. Primero lo escribíamos en la tierra, después en tablas de arcilla y papiros; nuestros pensamientos encontraron la durabilidad, hicieron el viaje por el espacio y el tiempo para las generaciones futuras. Nuestro ego continuo surgió.

Gracias a la prensa de Gutenberg el discurso fue perpetuado, se convirtió en cientos de libros. Estas impresiones llenaron archivos en forma de periódicos, códigos legales, textos científicos, planes de estudios, constituciones y, con ello, desovó una clase burocrática para ocuparse de todo el papel. La idea de la impresión floreció. Nuestro ego literario estaba vivo.

Entonces se aceleró el paso. La palabra fue suplida por la imagen, el pixel, el byte; hoy, navegamos como en olas el enorme ciberespacio, usamos bases de datos universales, montón de información íntima de múltiples dominios y usuarios. Nuestro ego literario conquistó el tiempo; nuestro ego virtual lo hizo con el espacio. Como los hombres originales, estamos totalmente sumergidos y somos inseparables de una realidad, del tiempo de nuestra propia construcción.

Empezamos esta jornada hace miles de años en un cuerpo de carne y hueso, pero gracias a «Dios», ahora poseemos dos cuerpos: un cuerpo físico, con su propio tiempo y espacio, camino a la muerte, y un cuerpo digital con su propia imaginación, recuerdos y voluntad.

Atrapados por millones de años en el Jardín del Edén, bajo la amenaza de «Dios» invocando relámpagos, finalmente descubrimos una puerta de escape. Los adelantos tecnológicos en la computación, la biotecnología y la nanotecnología han abierto la posibilidad de controlar nuestro propio futuro evolutivo; deshacernos del ADN viejo para, y por primera vez en la historia, poder trascender nuestros límites biológicos y poder decidir sobre lo que quiere ser el ser humano. Demasiado tiempo seguimos una estructura genética aleatoria; ahora, por fin conseguimos dirigirla para hacer la historia desde un lugar fuera de ella.

Es un momento delicioso, venimos de la era de las especies.

El débil tiene fantasías paranoicas, alimenta concepciones apocalípticas, siniestras, de computadoras que usan seres humanos sexualmente para reproducirse, no son más que fábulas y cuentos moralistas. Los rumores de plagas y las noticias de derrames tóxicos engañan y confunden la idea real de la máquina. No temas, no creas fantasías de ciencia ficción. La evolución siempre ha sido un negocio arriesgado. Hoy, vivimos como ganado exánime en un planeta agonizante, aburrido, enfadado, deprimido, equivocados por seguir un camino evolutivo condenado. Es tiempo de abandonar todo lo que pensábamos que sabíamos y empecemos a acercarnos a la luz.

Ecologistas y sus fundamentalismos nos instan a mirar hacia atrás y observar hacia adelante un infierno artificial. Deben estar aterrados, en el lado equivocado de la historia.

El destino al que nos dirigimos es inevitable. Somos parte de una explosión cósmica ocurrida 3.5 billones de años atrás, creados de materia estelar, somos la evolución encarnada, prevaleceremos, es nuestro destino.

*Este texto es mi versión al español del documento que bajo el mismo título, originalmente, fue publicado por adbusters Magazine en su edición impresa número 34, marzo/abril de 2001. En 2005, fue publicado por entregas en los primeros números de la revista cultural independiente Mientras pasa la tarde.

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Publicado por

Raúl Valencia Ruiz

Profesor de sociología en Universidad Iberoamericana León.

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