estrictamente personal

Posts tagged “Rousseau

Volver a los clásicos

En la Europa del Siglo XVIII surge uno de los documentos que más han influenciado en el pensamiento político del sistema mundo occidental; este texto aborda al individuo con respecto a su relación con el conjunto de su grupo y cuestiona la manera en que ese grupo reconoce a un limitado segmento de la población llamado monarquía. Un tratado que postula la idea de un pueblo soberano capaz de cambiar en cualquier momento sus leyes o sus gobernantes y modificar la forma de su administración gubernamental y la constitución del Estado. El autor asegura: “Entro en materia sin demostrar la importancia de mi tema. Se me preguntará si soy príncipe o legislador para escribir sobre política. Contesto que no, y que por eso escribo sobre política. Si fuera príncipe o legislador no perdería el tiempo en decir lo que hay que hacer; lo haría o me callaría.”

¿Por qué retroceder dos siglos en busca de soluciones para los problemas actuales? ¿Por qué Rousseau? André Singer al hacerse estas preguntas, concluye: “Mi hipótesis es que la superación de la crisis democrática deberá pasar por la combinación entre participación directa local (y en asuntos generales donde haya un amplio consenso), de un lado, y representación en las unidades políticas más amplias (y en los temas en los que haya divisiones), del otro.”

Por mi parte, comienzo por compartir la idea de una crisis democrática en el caso de México; donde los actores políticos y sociales, entendiendo a estos últimos como individuos, organizaciones, asociasiones, empresas e instituciones, se han apartado de los conceptos fundamentales de la llamada representación. Cuando al interior del Estado se reconoce la diversidad étnica, religiosa, sexual, cultural y todo aquel concepto bajo el cual los individuos se reconozcan y diferencien con respecto a otros, surge la representación como una figura de unidad e integración del Estado como tal; durante la segunda década del Siglo XX, comenzó el proceso de consolidación del moderno estado mexicano, apoyado por la idea de una identidad nacional; tal como lo establecieron las leyes de reforma: “todos somos iguales ante la ley” (la llamada homegeneidad jurídica). Así, el régimen revolucionario adoptó e inculcó varios iconos, valores y costumbres basados en mitos de los pueblos prehispánicos y las relativamente nuevas prácticas mestizas y criollas. Hasta entonces la representación se dio únicamente entre los actores políticos y militares de la época que habían incursionado en la etapa armada; y la población civil (o mejor dicho el pueblo, ya que hablar de sociedad civil entonces, es exedernos), era sólo el instrumento mediante el cual se adquiría poder.

El acceso al poder político o control del aparato estatal no es tema que deba tomarse a la ligera o trivializarse como varios analístas, funcionarios y periodistas lo intentan al proclamar el triunfo de cualquier candidato a la presidencia de la república por la mínima diferencia de un .58%, y mucho menos en un régimen tripartita, como el que ahora tenemos; donde una tercera parte de la población ha elegido un gobernate que habrá de ejercer funciones sobre el resto que no simpatiza con él, y que sí lo hacen por un proyecto económico diametralmente diferente al del candidato ganador. A lo largo de la campaña, organizaciones como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), y otras organizaciones patronales, se dieron a la tarea amenazar, asustar y, en general, de lograr por todos los medios de construir una imagen de la oposición como totalitaria y dispendiosa en el gasto público; intolerante y peligrosa. Efectivamente, en estos momentos manifestar un proyecto económico diferente al emprendido por México desde los tiempos del GATT (por sus siglas en inglés mejor conocido como el Acuerdo General de Aranceles) es peligroso. Peligroso desde la lógica de entrar en franca contradicción con los intereses del capital extranjero, ejercido por una clase económica ascendente; todas aquellas empresas que se dedican a la importación de bienes y servicios son concesionarias de marcas como Domino´s, KFC, Wall Mart, etc., que si bien no generan producción o riqueza, sí generan cuantiosos ingresos para sus operadores en nuestro país y aun más para los titulares de las marcas en las grandes capitales económicas del mundo.

La situación queda reducida a una simple cuestión económica, el temor de los empresarios en México o el peligro que representaba la oposición no era otra que la pérdida de privilegios de una clase que en los últimos 15 años ha logrado controlar los flujos de inversión y gasto público, sacrificando programas de desarrollo social que vayan más allá del mero paternalismo o peor aun la filantropía.

La tesis de Rousseau, supone como una condición necesaria de la formulación de un pacto social la voluntad. El mismo autor asegura que quien ha perdido su libertad, con el tiempo también pierde la voluntad de recuperarla, la clase política mexicana lo ha hecho, ha perdido la voluntad de llevar a nuestro país a mejores escenarios de participación en el concierto internacional, aceptando el papel que la división internacional del trabajo nos ha otorgado, esa división que consiste en que algunos países se dedican a perder y otros a ganar y nosotros amigos míos, somos de ese último grupo. Y lo seguiremos siendo si de manera derrotista o triunfalista aceptamos el resultado de la elección, para quienes creíamos en un cambio no resta más que hacer las cosas mejor de lo que se han hecho, demostrar con trabajo y hechos la posibilidad real de superar un nivel terciario de participación; y quienes ostentaran el poder y control del estado demostrar que no sólo les interesa el bien personal y el capital sino que son consientes de las necesidades sociales.


La cueva del Cíclope

Odiseo en la cueva de Polifemo, Jacob Jordaens, primera mitad del siglo XVII.

Inobjetablemente las formas y el modelo de producción adoptado, implementado y reestructurado a lo largo del siglo XX y principios del XXI, afrontan un auténtico momento de crisis estructural que posibilita la erradicación del mismo; sin embargo, para los líderes del mundo occidental abandonar el modo de producción capitalista no es una alternativa. Pese al empeño de innumerables teóricos orgánicos por convencernos de lo contrario -entre los que destacan los defensores de la teoría sistémica como Niklas Luhmann (1927-1998)-, el capital es el producto de relaciones sociales de explotación. El capital se moviliza por una inexorable lógica de generación de ganancias, cualesquiera sean los costos sociales o ambientales que ésta demande. A fin de maximizar las ganancias e incrementar la seguridad de largo plazo el capital viaja por todo el mundo, y es capaz de establecerse prácticamente en cualquier lugar (Boron, 2002).

Esto significa que la crisis por la que el actual sistema mundo atraviesa, implica una reasignación de la división internacional del trabajo; no una democratización político filosófica del papel que deben guardar los individuos con respecto a los Estados y la relación de éstos entre sí con base a su capacidad militar de preservar su forma de gobierno y recursos naturales al interior de sus territorios. En 1651 Thomas Hobbes afirmaba que «Los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al hombre, en modo alguno.» Tan contundente afirmación demuestra la línea política e ideológica bajo la cual se constituyó el sistema mundo que Immanuel Wallerstein y Ángel Palerm distinguieron en sus interesantes investigaciones; el primero de ellos bajo la visión sociológica y el segundo gracias al enfoque antropológico.

En suma, la economía es una actividad social condicionada, y no condicionante, de las formas de asociación humana. La mano invisible del mercado es solo una fantasía construida y enarbolada por un reducido grupo de personas enquistadas a todo nivel, bajo las diferentes formas de gobierno y división geo-política. El campesino o productor en general, arruinado por la competencia desleal, es condicionado a sobrevivir gracias a los programas de «apoyo» gubernamental creados implícitamente para mantener el control del sector productivo de un país; México por ejemplo, mantiene esta política no por que le permita transitar hacia mejores estadíos de la población en general, si no por que le permite actuar en el mercado internacional como una variable a considerar a la hora de tasar el precio de las mercancías y los bienes. Irónicamente, los defensores de éstos especuladores son la mayoría de los políticos que cada periodo electoral ofrecen su mejor sonrisa para lograr el apoyo de la mayoría de la población, dependiente de las políticas públicas asistencialistas; es decir, entre más pobres más votos. La miseria y el abandono que viven los miles de seres humanos en los campos y en las ciudades son la base de ese complejo sistema llamado de «libre mercado» y los políticos son sus guardianes. El argumento bajo el cual se ha justificado este modelo voraz de «desarrollo» es el de la «paz», «estabilidad» y «tranquilidad» que ha instaurado ¿basta eso para encontrarse bien en él? Los griegos encerrados en la cueva del cíclope vivían allí tranquilos, a la espera de que les llegara el momento de ser devorados.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 52 seguidores