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Programa del XV encuentro de la RIFREM. Zapopan, 13 al 16 de marzo de 2012

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Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México. La RIFREM es una agrupación de académicos adscritos a diversas instituciones de educación e investigación


El contrato social en México*

una aproximación desde el pensamiento de Rousseau

La prosperidad de esta república vecina ha sido y está siendo el disparador de nuestras Américas, porque no se ha ponderado bastante la inmensa distancia que media entre ellos y nosotros. (…) Federarnos nosotros estando unidos, es dividirnos, y atraernos los males que ellos procuraron remediar con esa federación

Fray Servando Teresa de Mier, Profecía política

En una entrevista que el presidente Felipe Calderón concedió al periodista Javier Moreno, publicada en el diario El país el 27 de marzo de 2011, se le preguntó si «¿Existe alguna posibilidad de que México acabe siendo un Estado fallido?»; en su respuesta, el presidente aludió a los acontecimientos del mundo árabe, en particular, al derrocamiento de Hosni Mubarak en Egipto y señaló: «Yo veo ahora el mundo y pregunto dónde están los que dijeron que México era un Estado fallido». En su definición, un Estado fallido se caracteriza por un fracaso social, político y económico, por tener un gobierno débil o ineficaz. Desde la óptica del titular del poder ejecutivo en México, éste no cabe en esa definición, las instituciones económicas, sociales y políticas no se encuentran subordinadas a grupos o a individuos ajenos a los poderes legalmente instituidos, el estado de derecho existe en todo el territorio nacional. Ante ello, nominalmente, se cumple una de las características que Rousseau plantea para la existencia de un pacto social. Donde: «Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la dirección suprema de la voluntad general, y recibimos además a cada miembro como parte indivisible del todo». Este acto en sí da origen a «un cuerpo moral y colectivo»; el cual recibe el nombre de república, cuerpo político o estado. Quienes participan de esa asociación, reciben de forma colectiva el nombre de pueblo y en lo particular el de ciudadano. La existencia de hecho, de estas características, implican el respeto y reconocimiento a la «voluntad general», en este caso, representada por las leyes y códigos que los mexicanos nos hemos dado; no hacerlo, es atentar contra nuestros propios intereses y debemos ser obligados a respetar. Si esto es así ¿cuáles son las causas, por las cuales, el tráfico, el robo, la extorsión, el secuestro, el asesinato y, en general, todas las expresiones que desprecian la vida de ese cuerpo, del soberano, se han convertido en una forma y estilo de vida en nuestro país?, ¿goza el Estado mexicano de autoridad suficiente para enfrentar este fenómeno?, ¿el pacto social que dio origen a nuestra sociedad continúa vigente? O bien, por el contrario, ¿es necesario la reformulación del mismo?, ¿quiénes y cómo han de responderlo?.
En su argumento, Rousseau expone que las formas de gobierno, sean democracias, aristocracias y monarquías, son producto de las condiciones específicas de cada pueblo y de la manera que éste organiza y da forma al soberano, el cual parte la voluntad general. En su origen, el estado mexicano hubo de definir la forma de gobierno, bajo la cual se conduciría luego de la guerra de independencia con España. Por un momento de su historia, tornó en imperio, después, los magistrados de los que El contrato social habla, debatieron sobre la adopción de un gobierno central o del establecimiento de una federación de estados. Esta última prevaleció y continúa hasta la fecha, con la excepción del periodo de Maximiliano de Habsburgo. Con ello, México ingresó a la modernidad y mostró a Europa ser una sociedad civilizada, libre, en apego a la definición del término que la obra ofrece sobre el estado civil; «(…) la adquisición del estado civil la libertad moral, lo único que hace al hombre auténticamente dueño de sí; pues el impulso sólo del apetito es esclavitud, y la obediencia a la ley que se ha prescrito es la libertad.»
En diferentes momentos de su historia, la sociedad mexicana se ha visto en la necesidad de reafirmar y suscribirse contractualmente al soberano y la forma que sus magistrados conciben. Nos referimos al desenlace de las distintas guerras civiles internas e intervenciones militares de otros países. ¿Es válida esta afirmación?, ¿la suma de voluntades, por determinación propia, es la generadora del estado mexicano?, o, por lo contrario, ¿el estado mexicano es producto de la voluntad personal de quienes, por poseer riqueza y poder, logran sus objetivos a costa de la masa y no del pueblo del que habla Rousseau?. «Tan pronto como el servicio público deja de ser la cuestión principal para los ciudadanos y éstos prefieren servir con su dinero antes que su persona, el Estado se encuentra ya cerca de su ruina. (…) En cuanto alguien dice de los asuntos del Estado:‘¿A mí qué me importa?’, hay que considerar que el Estado está perdido». Esto, en cuánto a quién abandona su libertad ¿qué ocurre con los estados donde todos sus habitantes no poseen el estatus de ciudadano, aquellos quienes no pierden nada, pues nada han aportado al soberano?. En términos del contrato, ¿todos los habitantes de México han sido y son ciudadanos?
Las distintas revoluciones y conflictos políticos sucedidos en México, encontraron en la promulgación de leyes las bases para dar respuesta a las exigencias de su origen. Los representantes, al existir en nuestro país el cuerpo legislativo, fueron los depositarios de salvaguardar el interés del pueblo; encontramos que en estos procesos, ha existido la voluntad general de donde mana el soberano, pero la adopción de la figura de representantes, como lo describe Rousseau, ha significado un distanciamiento del pueblo con el gobierno, no con el soberano, sino con el gobierno.

Finalmente, cuando el Estado, cerca de su ruina, no subsiste más que de una forma ilusoria e inútil, cuando el vínculo social se ha roto en todos los corazones, cuando el más vil interés se ampara descaradamente en el sagrado nombre del bien público, entonces la voluntad general enmudece y todos, guiados por motivos secretos, no opinan ya como ciudadanos, como si nunca hubiera existido el Estado, y se hace pasar falsamente bajo el nombre de ley decretos inicuos que no tienen otro fin que el interés particular.

Compartimos la idea del autor, donde afirma que pese a un escenario como el arriba descrito, la voluntad general no sucumbe. Ésta es constante en el pueblo mexicano, muestra de ello han sido las respuestas y las reacciones a los distintos episodios trágicos que desastres naturales han ocasionado: terremotos, inundaciones, sequías, afrontados en la mayoría de las veces por el pueblo, mucho antes que la acción organizada por el gobierno. Las prácticas que atentan contra el estado civil en México, no deben ser aprobadas o justificadas bajo ninguna circunstancia. Éstas, son muestra del grado de descomposición por el que atraviesa el gobierno que faculta el soberano, son un reflejo de lo que en la práctica sucede con el ejercicio del poder público, cuando prevalece la voluntad particular por encima de la voluntad general.
«¿Existe alguna posibilidad de que México acabe siendo un Estado fallido?» La respuesta a la que llegamos, comparte la visión oficial, la del presidente, el Estado, entendido como el cuerpo moral y político que la suma de la voluntad general crea por el simple hecho de existir, existe y mantiene la cohesión de nosotros como ciudadanos y es lo que ha evitado que todo el país sucumba a la barbarie. La pregunta, en ese sentido, está mal planteada; proponemos formularla de la siguiente manera: ¿Existe alguna posibilidad de que México siga teniendo un gobierno fallido?. El gobierno actual, en su aparato orgánico, entra en el marco de la legalidad que él mismo se ha dado, en detrimento del pueblo que dice beneficiar. Pero, la legitimidad por la cuál sus ciudadanos debemos aceptar la libertad que el contrato social otorga, está perdida. La legalidad, por encima de la legitimidad es un aspecto que debe ser ponderado y resuelto de manera tal que el gobierno instituido, goce de plenitud y sea lo que la sociedad espera de él. Dadas las circunstancias bajo las cuales el actual representante del poder ejecutivo en México asumió la toma del poder político en 2006, de forma legal, más no legítima, ha tenido un impacto cuyo alcance es aún incierto, pero sus efectos, hasta ahora, han costado la vida a miles de ciudadanos y con ello, alimenta sentimientos que nos alejan del estado civil.
En esta primera aproximación, encontramos que la violencia plantea una encrucijada, la recuperación del imperio de la voluntad general a fuerza de la acción de sus ciudadanos, o la radicalización de la violencia, proporcional a la que ejerce el gobierno para mantener el control del Estado. Éste, al ser producto en su devenir histórico, de la voluntad general de permanecer organizados, «divididos» como lo apuntaba el fraile dominico Teresa de Mier, en una federación, nos da pauta para preservarlo:

La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder publico dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.**

*Reflexión sobre «El contrato social». En: Rousseau, Jean-Jacques, El contrato social, Madrid, España, Edimat libros.

**Artículo 39. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Título Segundo, Capítulo I De la Soberanía Nacional y de la Forma de Gobierno.


No + sangre

 

¡Basta de sangre! Tenemos que hacerle saber a los de la estúpida guerra que estamos hasta la madre de ellos, que también los muertos tienen familia


Xochimilco 1914

Animado, Ilustrado, Pensado y Digerido por…

Israel Hernández
Simón Gerbaud
Rodrigo Imaz
Guicho Nuñez
Jose Miguel Enriquez
Enoc Leaño
Carlos Gamboa
Mara Soler
Rubén Imaz
Esteban Azuela

Producido por AXOLOTE y animado por VIUMASTERS, éste corto se hizo gracias a la convocatoria de Apoyo a Productores Independientes del Canal 22.

Está basado en la versión taquigráfica de la conversación que tuvo lugar en Xochimilco el 4 de diciembre de 1914 entre Villa y Zapata, la primera vez que cruzaron palabras frente a frente.


Volver a los clásicos

En la Europa del Siglo XVIII surge uno de los documentos que más han influenciado en el pensamiento político del sistema mundo occidental; este texto aborda al individuo con respecto a su relación con el conjunto de su grupo y cuestiona la manera en que ese grupo reconoce a un limitado segmento de la población llamado monarquía. Un tratado que postula la idea de un pueblo soberano capaz de cambiar en cualquier momento sus leyes o sus gobernantes y modificar la forma de su administración gubernamental y la constitución del Estado. El autor asegura: “Entro en materia sin demostrar la importancia de mi tema. Se me preguntará si soy príncipe o legislador para escribir sobre política. Contesto que no, y que por eso escribo sobre política. Si fuera príncipe o legislador no perdería el tiempo en decir lo que hay que hacer; lo haría o me callaría.”

¿Por qué retroceder dos siglos en busca de soluciones para los problemas actuales? ¿Por qué Rousseau? André Singer al hacerse estas preguntas, concluye: “Mi hipótesis es que la superación de la crisis democrática deberá pasar por la combinación entre participación directa local (y en asuntos generales donde haya un amplio consenso), de un lado, y representación en las unidades políticas más amplias (y en los temas en los que haya divisiones), del otro.”

Por mi parte, comienzo por compartir la idea de una crisis democrática en el caso de México; donde los actores políticos y sociales, entendiendo a estos últimos como individuos, organizaciones, asociasiones, empresas e instituciones, se han apartado de los conceptos fundamentales de la llamada representación. Cuando al interior del Estado se reconoce la diversidad étnica, religiosa, sexual, cultural y todo aquel concepto bajo el cual los individuos se reconozcan y diferencien con respecto a otros, surge la representación como una figura de unidad e integración del Estado como tal; durante la segunda década del Siglo XX, comenzó el proceso de consolidación del moderno estado mexicano, apoyado por la idea de una identidad nacional; tal como lo establecieron las leyes de reforma: “todos somos iguales ante la ley” (la llamada homegeneidad jurídica). Así, el régimen revolucionario adoptó e inculcó varios iconos, valores y costumbres basados en mitos de los pueblos prehispánicos y las relativamente nuevas prácticas mestizas y criollas. Hasta entonces la representación se dio únicamente entre los actores políticos y militares de la época que habían incursionado en la etapa armada; y la población civil (o mejor dicho el pueblo, ya que hablar de sociedad civil entonces, es exedernos), era sólo el instrumento mediante el cual se adquiría poder.

El acceso al poder político o control del aparato estatal no es tema que deba tomarse a la ligera o trivializarse como varios analístas, funcionarios y periodistas lo intentan al proclamar el triunfo de cualquier candidato a la presidencia de la república por la mínima diferencia de un .58%, y mucho menos en un régimen tripartita, como el que ahora tenemos; donde una tercera parte de la población ha elegido un gobernate que habrá de ejercer funciones sobre el resto que no simpatiza con él, y que sí lo hacen por un proyecto económico diametralmente diferente al del candidato ganador. A lo largo de la campaña, organizaciones como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), y otras organizaciones patronales, se dieron a la tarea amenazar, asustar y, en general, de lograr por todos los medios de construir una imagen de la oposición como totalitaria y dispendiosa en el gasto público; intolerante y peligrosa. Efectivamente, en estos momentos manifestar un proyecto económico diferente al emprendido por México desde los tiempos del GATT (por sus siglas en inglés mejor conocido como el Acuerdo General de Aranceles) es peligroso. Peligroso desde la lógica de entrar en franca contradicción con los intereses del capital extranjero, ejercido por una clase económica ascendente; todas aquellas empresas que se dedican a la importación de bienes y servicios son concesionarias de marcas como Domino´s, KFC, Wall Mart, etc., que si bien no generan producción o riqueza, sí generan cuantiosos ingresos para sus operadores en nuestro país y aun más para los titulares de las marcas en las grandes capitales económicas del mundo.

La situación queda reducida a una simple cuestión económica, el temor de los empresarios en México o el peligro que representaba la oposición no era otra que la pérdida de privilegios de una clase que en los últimos 15 años ha logrado controlar los flujos de inversión y gasto público, sacrificando programas de desarrollo social que vayan más allá del mero paternalismo o peor aun la filantropía.

La tesis de Rousseau, supone como una condición necesaria de la formulación de un pacto social la voluntad. El mismo autor asegura que quien ha perdido su libertad, con el tiempo también pierde la voluntad de recuperarla, la clase política mexicana lo ha hecho, ha perdido la voluntad de llevar a nuestro país a mejores escenarios de participación en el concierto internacional, aceptando el papel que la división internacional del trabajo nos ha otorgado, esa división que consiste en que algunos países se dedican a perder y otros a ganar y nosotros amigos míos, somos de ese último grupo. Y lo seguiremos siendo si de manera derrotista o triunfalista aceptamos el resultado de la elección, para quienes creíamos en un cambio no resta más que hacer las cosas mejor de lo que se han hecho, demostrar con trabajo y hechos la posibilidad real de superar un nivel terciario de participación; y quienes ostentaran el poder y control del estado demostrar que no sólo les interesa el bien personal y el capital sino que son consientes de las necesidades sociales.


Compañero Calderón

El cúmulo de malas decisiones en los últimos años, en materia de inversión y distribución del circulante y capital en México, arrojan sus primeros resultados:

El lunes Lula contó que recibió un telefonema de Felipe Calderón proponiéndole pedir un préstamo conjunto al FMI.
–Yo le dije: «Compañero Calderón, invítame a otra cosa. Brasil no necesita del FMI»

Ancelmo Gois, Jornal O Globo


al grito de Guerra

Ante, durante y ahora, la respuesta que el Estado mexicano ha dado a las demandas de justicia, inclusión, desarrollo y democracia a lo largo y ancho de la república mexicana, ha sido la violencia en sus múltiples representaciones. Habitantes de Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Sinaloa, Jalisco, Chihuahua, etc., padecieron y padecen la sistemática acción de las agencias de «seguridad» del régimen.

Al día de hoy, en diversos puntos del país, se erige una estructura administrativa y operativa, capaz confrontar al Estado. El crimen organizado en diferentes niveles, toma y ha tomado atribuciones exclusivas de las instituciones. La impartición de justicia, la edificación de obra pública, etc. En otros casos, el Estado ha tomado actitudes del crimen organizado. La tortura, las ejecuciones, las desapariciones forzadas, violaciones, etc.

Con este ensayo proponemos al lector la posibilidad de que la sistemática represión estatal a las legítimas exigencias de amplios sectores de la población, en materia de desarrollo social, preservación del medio ambiente, derechos humanos, participación política, entre otros, han generado, como consecuencia, la aparición de organizaciones delictivas, cuyos cuadros han sido formados y adiestradas con recursos públicos, estatales y federales, para luego, ser «privatizados» los conocimientos tácticos al mejor postor, el cual, hasta ahora, parece ser el crimen. Irónicamente, el cause de los acontecimientos demuestra que como muchos monopolios, el «monopolio del poder» que ejerce el Estado, también puede ser cedido o ejercido por particulares.

Días de combate

Fue allá en Guerrero, señores, / donde se prendió la mecha; / ayer con los zapatistas, / hoy con los vázquez-rojistas. // Zapata dijo a su gente: / «al gobierno hay que acabar»; / Genaro proclama ahora: / «el sistema hay que cambiar». // Reunido ya todo el pueblo, / se cansaron de pedir / y vieron que por la buena / el opresor no iba a oír. // Y a la sierra remontaron / en busca de un gran cuartel / y desde entonces se encuentran / luchando hasta vencer. Corrido de Genaro Vázquez.

Cumplidos cuarenta años de «los consabidos sucesos de Tlatelolco»1, son más las dudas que las certezas, entorno a aquel trágico episodio de la vida política en México, brindadas por la malograda Fiscalía Especial para los Crímenes del Pasado, creada durante la presidencia de Vicente Fox, para que la actual administración de Calderón Hinojosa se encargara de desaparecer junto con los expedientes de los cientos, miles de jóvenes, hombres y mujeres, víctimas de la represión díazordacista, echeverrista, lópezportillista, delamadrista, salinista, zedillista, foxista y calderonista; que si bien, algunos de ellos se han deslindado de toda relación con la matanza del 2 de octubre de 1968 y posteriores, su silencio y protección a los criminales les convierte en cómplices.

El 27 de junio del 2005, la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos, «Todos los derechos para Todos» hace público el boletín 20/2005 En México, no hay voluntad de Estado para sancionar los crímenes del pasado. En él, las organizaciones firmantes lamentan la resolución de la Magistrada Herlinda Velasco Villavicencio, del Quinto Tribunal Unitario del Primer Circuito, de negar las órdenes de aprehensión e iniciar un proceso penal contra el ex presidente Luis Echeverría Álvarez y su ex Secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, por la matanza del 10 de junio de 1971, conocido como «el halconazo». De acuerdo con la Juez, el crimen ha prescrito; dando trato, con ello, a crímenes de lesa humanidad como si fuesen delitos comunes. El mensaje que dan las autoridades judiciales con este tipo de resoluciones, en torno a sucesos de más de cuarenta años atrás es claro; permítanme construir hipotéticamente el enunciado: ninguna persona que ejerza u ostente un cargo público de alto nivel, será presentada ante autoridad alguna, por acciones ejercidas en el ejercicio de sus funciones.

Contrabando y traición

Soy del grupo de los zetas / que cuidamos al patrón / somos 20 de la escolta / pura lealtad y valor / dispuestos a dar la vida / para servir al señor. // Desde que era muy pequeño / quise ser lo que ahora soy / siempre me dijo mi padre / no hay nada como el honor / el hombre con esta idea / es natural de valor. // somos 20 grupos zetas / unidos como familia / los 20 somos la fuerza / con diplomas de suicidas / consientes que en cada acción / podemos perder la vida. // Bonito mi Tamaulipas / donde no hay gente de miedo / para subirme a la sierra / aquí en Victoria me quedo / para servirle al patrón / de Tampico hasta Laredo. // Soy de mero Matamoros / Tamaulipas es mi tierra / mi capital es Victoria / y que esta al pie de la sierra / un saludo a XR / que es de la misma madera. // somos 20 grupos zetas / unidos como familia / los 20 somos la fuerza / con diplomas de suicidas / consientes que en cada acción / podemos perder la vida. Corrido de Los Zetas de Beto Quintanilla

En México, pese a los discursos oficiales, los poderes civiles están condicionados por los privilegios de la clase militar. El semanario Proceso en su edición especial número 23 ofrece un detallado recuento de las operaciones militares en contra de connacionales en territorio mexicano; la nula información que la SEDENA ha proporcionado al titular del ejecutivo federal en torno al caso de los presos políticos vinculados con el Ejercito Popular Revolucionario EPR, denunciada por la dirigencia de esa organización demuestra que los militares en México gozan de privilegios por encima de la constitución.

En abril de este año fuentes judiciales informaron que un tribunal federal restituyó en su cargo al general de división Jesús Gutiérrez Rebollo, ex comisionado del desaparecido Instituto Nacional para el Combate a las Drogas (INCD), pero confirmó su condena de 40 años de prisión por haber otorgado protección al fallecido Amado Carrillo Fuentes, fundador del cártel de Juárez; a el señor de los cielos le bastó un lustro para edificar una de las redes delictivas más extensas en el continente americano, la cual llegó a introducir unas 180 toneladas mensuales de cocaína a Estados Unidos y obtener 150 millones de dólares semanales en utilidades, según estimaciones de la agencia antidrogas de ese país. Nuestras estimaciones calculan que la guerra sucia que mantiene el estado en contra de activistas ha requerido de la formación de grupos de fuerzas especiales al interior del ejército, lo cual arrojaría datos por encima de los 250 mil efectivos que se dice integran el grueso del ejército nacional; es decir, habría un hueco informativo sobre la totalidad de las operaciones y grupos que actúan en el territorio.

Tal vez, amigo lector, usted sea de las personas que consideran necesario el patrullaje por parte del ejercito para salvaguardar la seguridad pública y no los cuerpos civiles como las policías municipales, estatales o federales. Estas últimas, pese a los sabidos vicios que las caracterizan, son dependencias sujetas al escrutinio público de otras instituciones u organizaciones no gubernamentales; no así el ejército cuyo arbitrio es exclusivo de un reducido grupo de individuos y que por ende son antidemocráticas en su estructura operacional.

¿Cuántos elementos a cargo de militares como Gutiérrez Rebollo se vieron cautivados por el color del dinero y prefirieron emplear sus conocimientos tácticos, no en la «defensa de la nación», si no en la mancilla de la misma?

1 A unos días de dejar la presidencia Díaz Ordaz, fue entrevistado el sábado 18 de noviembre de 1970, porErnesto Sodi Pallares en el canal 2, a las 17:50 horas. La entrevista se publicó íntegra en todos los diarios de la ciudad de México. Tomamos la versión del Excelsior que comienza con la siguiente pregunta: ¿Qué opina usted, señor Presidente del libro escrito por Octavio Paz y que trata sobre los consabidos sucesos de Tlatelolco? (las negritas son mías). (López Gallo Manuel, Las grandes mentiras de Krauze, Ediciones El Caballito, 1997, México, D.F.)


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