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1968-2008 El legado ¿incierto? del 68

Cito «La Historia de México ha dado un veredicto definitivo sobre el 2 de octubre de 1968, al menos en su terrible significación moral. (Las negritas son mías)». De esta manera, el empresario del arte y la cultura Enrique Krauze, inicia su participación en el número más reciente de Letras Libres (septiembre 2008, año X, número 117).

Krauze sostiene que el moviendo político-estudiantil contiene en esencia una contradicción: libertaria e ideológica, capaz de derrumbar paredes pero incapaz de levantar una sociedad democrática, ajena a la violencia revolucionaria. El espíritu del 68, como varios historiadores y especialistas lo refieren, fue un movimiento político en esencia, que adquirió las peculiaridades de cada uno de los países en los que ocurrió; las calles fueron escaparates para algunos, escenarios para otros, donde se representaron por igual , la resistencia civil pacífica, las pintas y las sentencias libertarias en muros de los anquilosados edificios públicos de París, Praga, Berkeley, y por supuesto la Ciudad de México (que cabe aclarar, no es México), así como el asesinato y el crimen de Estado. ¿A qué veredicto se refiere? ¿cuál moral? ¿a la del filósofo de San Luis? «La moral es un árbol que da moras o sirve pa’ pura…»

Hablar de una dualidad, de una contradicción en 1968 era moneda de uso corriente, recordemos que el mundo estaba sumergido en plena Guerra Fría, la mutua amenaza de la aniquilación por medio de armas nucleares que la entonces URSS y su par norteamericano EEUU, blandían a la menor provocación. Las contradicciones eran el sustento mismo de todo movimiento civil, la existencia misma se explicaba en función de la contraparte negada. Es importante que el lector distinga que en términos filosóficos e históricos, no podemos «juzgar» acontecimientos o sucesos con una escala moral; mucho menos si los valores y conceptos vigentes no comparten la misma base epistemológica; es decir, un mundo que entonces era explicado en función de sus respectivas contradicciones, no puede ser juzgado bajo los conceptos del mundo contemporáneo regido por el pensamiento único.

Es en este punto que cuestionamos la «lectura crítica» de Krauze, debido a que él, a lo largo del ensayo, explica los diferentes momentos de la historia posmoderna del país en función de la analogía con la escala de tiempo, de la indudable causalidad de que si A entonces B. El movimiento estudiantil en sus términos, es sólo el inicio de una transición izquiedista fallida; manifiesta en el resultado electoral de 2006, donde los actores involucrados no cuentan con una base ideológica firme, debido que el movimiento mismo fue tergiversado por los líderes, por los actores que participaron entonces; y hoy, ocupan lugares privilegiados en la escena política actual.

 

Los estudiantes del 68 pensábamos en la Revolución, no en la democracia. La izquierda mexicana sigue atrapada en ese dilema y por eso el legado de 1968 está inconcluso. Esa indefinición es una desgracia porque sólo una izquierda moderna y liberal puede transformar a México.

 

 

Retomo un consejo que Manuel López Gallo ofreció a Krauze: «Kike, un historiador para empezar a serlo, no puede sacar conclusiones de la nada; primero investiga, después muestra su documentación y al último emite sus juicios.»
(López Gallo Manuel, Las grandes mentiras de Krauze, Ediciones El Caballito, 1997, México, D.F.)

 

Raúl Valencia Ruiz

Publicado el viernes 19 de septiembre por elPeriódico de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco


Octavio Paz

Reproducimos a continuación una importante crítica del editor, catedrático e investigador Manuel López Gallo al trabajo, a una afirmación que sobre Octavio Paz expresa Enrique Krauze, el principal heredero del pensamiento político del poeta. La cita es tomada del libro Las grandes mentiras de Krauze en su tercera edición.

 

 

Krauze: Al conocer la noticia de la masacre de Tlatelolco, el poeta Octavio Paz, entonces embajador en la India, renunció a su puesto: «no estoy de acuerdo en lo absoluto –escribió a Carrillo Flores- con los métodos empleados para resolver [en realidad: reprimir] las demandas y problemas que ha planteado nuestra juventud.» En noviembre de aquel año, Paz concedió una entrevista a Le Monde en donde sostenía que el gobierno mexicano había cometido un acto de «terrorismo de Estado» y daba su visión de los hechos: «No es causal que los jóvenes mexicanos hayan caído en la antigua plaza de Tlatelolco: ahí precisamente se encontraba el templo azteca (teocalli), donde se hacían sacrificios humanos… el asesinato de los estudiantes fue un sacrificio ritual… se trataba de aterrorizar a la población, usando los mismos métodos de sacrificios humanos de los aztecas…»

 

Manuel López Gallo: Aquí el poeta incurre en una ironía involuntaria, muy fuera de lugar debido a los sangrientos acontecimientos deleznables por todos motivos: ¿se imagina usted a los aztecas disparando metralletas y prendiendo una bengala desde un helicóptero? ¿o a los soldados y al batallón Olimpia echando mano a sus pedernales como queriendo pelear? Sin embargo hay algo en donde el vate sale bastante más mal parado: a unos días de dejar la presidencia Díaz Ordaz, fue entrevistado el sábado 18 de noviembre de 1970, por el doctor Ernesto Sodi Pallares en el canal 2, a las 17:50 horas. La entrevista se publicó íntegra en todos los diarios importantes de la ciudad. Tomamos la versión del Excelsior:

 

Pregunta: ¿Qué opina usted, señor Presidente del libro escrito por Octavio Paz y que trata sobre los consabidos sucesos de Tlatelolco?

 

Respuesta: Pues oiga usted, no lo conozco, honradamente. Si no me equivoco, en la época de lo que usted llama «consabidos sucesos de Tlatelolco» el señor don Octavio Paz era nuestro embajador en la India.

 

Pregunta: ¡Ah! ¿Entonces fue cuando renunció?

 

Respuesta: ¿Qué cree usted que va a renunciar? Mire usted muy cómodamente pidió que se le pusiera en disponibilidad, es decir, acudió al expediente burocrático de asegurar la «chamba». Pero claramente está con licencia indefinida. Eso es todo.

 

Una declaración tan contundente, tan definitiva, no creo que Gustavo Díaz Ordaz la haya lanzado sin tener los pelos de la burra en la mano. No era su estilo. En cualquier forma, la acusación presidencial, nunca fue rechazada por el poeta y premio Nobel de literatura, don Octavio Paz. Incluso pudo esperar menos de dos semanas para que no lo alcanzara la famosa y dura mano de Gustavo. Ni modo, la actitud de don Octavio me recuerda: «el que calla, otorga»


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