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VII Congreso Nacional de Contracultura

Roberto Castelán Rueda

Hace ya siete años, en una reunión solemne y formal como las que se acostumbraban en la casa del Negro Guerrero en Lagos de Moreno, acordamos organizar asociados a Carlos Martínez Rentería, director de la revista Generación y con la parafernalia que establecen los cánones académicos, un pomposo Congreso Nacional de Contracultura.
En realidad la idea era mas amplia, ya que se pretendía crear un Centro de Estudios de la Contracultura dedicado al estudio, la experimentación y publicación de aquellos movimientos considerados por los azahares del destino como contraculturales. Pero esa es otra historia.
La organización del congreso quedó de la siguiente manera: Carlos Martínez, con la venia y el subsidio del CONACULTA traía de la Ciudad de México un camión lleno de músicos, pintores, poetas, performanceros y todo tipo de sujetos que juraban y perjuraban que algo tenían que ver con la contracultura.
El Centro Universitario de los Lagos invitaba a artistas locales, tapatíos y de otros lugares del país, especialmente Monterrey y Tijuana. También organizaba las distintas mesas de discusión y escenarios para el desarrollo de actividades artísticas, como la Casa Serrano y el Bar Lagos, entre otros.
El Negro Guerrero, generalmente renuente a este tipo de actividades ofensivas a la buena moral, decadentes y falsamente transgresivas, ofrecía a regañadientes su casa para la fiesta después del festejo en el que se convertían las mesas de discusión, la lectura de poesía, los conciertos o los performances.
De esa manera y poco tiempo después sin los auspicios del CONACULTA, durante la última semana del mes de noviembre de cada año, pasaron por Lagos de Moreno una gran cantidad de artistas de todas las disciplinas y se trataron todo tipo de temas generalmente controversiales de los cuales, como en todo buen congreso que se respete, nunca se llegó a ninguna conclusión ni se lograba el consenso necesario para aprobar los manifiestos que por diversas causas se ponían a votación en el generalmente etílico pleno del congreso.
Entre los temas recurrentes y nunca agotados, sobresalen los relacionados precisamente con la vigencia de la contracultura, la cual jamás salió bien librada y su muerte se anunciaba desde distintos ángulos en cada congreso para revivir y volver a ser sacrificada en el próximo.
La contracultura resultó ser una entelequia, una necedad de Carlos Martínez, el esnobismo de algunos intelectuales decadentes, la justificación de la falta de creatividad de pseudoartistas, el refugio de marihuanos y consumidores de toda especie y una gran cantidad de adjetivos destinados a desacreditar a tan acreditado congreso.
Que eso no es arte. Que esos son marihuanos no artistas. Vaya poesía, solo habla de sexo. Son pretextos para exhibir su inmoralidad. Ahora resulta que hasta los drogadictos tienen derechos. Y los homosexuales también. Mira que celebrar una boda entre lesbianas. Y con un niño. Y la Universidad en vez de cumplir con su función de educar anda organizando esto.
Total, nunca se ha quedado bien con nadie. Nunca se le ha podido dar gusto a nadie. Misión cumplida. El Congreso Nacional de Contracultura cumple siete años.
Otro tema recurrente es el de los derechos de los consumidores de drogas y la legalización de las mismas. En la mayoría de los congresos se denunció la persecución, extorsión y maltrato al que constantemente son sometidos por las distintas fuerzas del orden los consumidores de drogas quienes son considerados como delincuentes por las autoridades y por la misma sociedad.
En el congreso se presentaron sendas ponencias a favor de la legalización de las drogas que en su momento fueron presentadas también con el mismo objetivo en el Senado de la República.
Los derechos y el reconocimiento legal a las formas de sexualidad diferentes y a las nuevas estructuras familiares también son temas que han estado presentes con cierta regularidad en el Congreso Nacional de Contracultura.
A través de diversos performances se hicieron presentes la exclusión, la sumisión y la explotación sexual a las que las mujeres son sometidas con la aceptación y el beneplácito de gran parte de la sociedad.
De alguna manera, sin proponérselo el Congreso Nacional de Contracultura también fue un escenario en donde de múltiples formas encontró cabida la denuncia y el rechazo a la hipocresía con que la sociedad califica y excluye a aquellos a quienes considera ajenos por el hecho de ser diferentes.
Ahora sin la presencia del Negro Guerrero para que preste su casa, con Carlos Martínez casi abstemio y herido de amor, con la administración del CULagos al final de su ejercicio, el Congreso Nacional de Contracultura, convertido en una entelequia de la entelequia celebrará una edición mas el 26 y 27 de noviembre en la hermosa ciudad de Lagos de Moreno.


VI Congreso Nacional de Contracultura

La congelada de Uva

La congelada de Uva

Conoce las actividades del VII Congreso Nacional de Contracultura, noviembre de 2009

Quienes estuvieron la noche última del Primer Congreso de Contracultura, organizado por el Centro Universitario de los Lagos (CULagos), en el entrañable Bar Lagos –localizado sobre la calle Hidalgo, a unas cuantas cuadras de la respetadísima Parroquia de la Asunción, de la llamada Atenas de Jalisco (aunque a Hugo Gutiérrez Vega le dijimos, unos meses después, que más bien parecía la “a-penas” de Jalisco)-, jamás olvidarán lo que sucedió en esa desvelada del frío noviembre de 2003. Cuando la llamada Congelada de Uva –nombre artístico de la performancera Rocío Boliver- terminó su presentación, me dijo la artista, sudando e intentando recuperar algo del aire robado por las casi doscientas personas que atiborraron ese pequeño lugar, “en Lagos está el mejor público que he tenido”; en ese momento comprobé que no había sido una idea echada en saco roto el haber organizado, gracias a la confianza e inteligencia de ese funcionario sui generis en la Universidad de Guadalajara, Roberto Castelán Rueda, esta actividad impulsada por el director de la revista Generación –a estas alturas ya casi mítica y de referencia obligatoria a la hora de hablar de contracultura en México-, Carlos Martínez Rentería y la máxima casa de estudios de Jalisco. ¿Un congreso de “contracultura”? ¿En Lagos de Moreno? ¿Organizado por la principal universidad jalisciense? ¿En la tierra más mocha del estado del mariachi, los charros y el tequila? Pues fíjense que sí. Además, salió a toda madre. Prueba de ello ha quedado en el pequeño libro que me acompaña al redactar estas líneas –Memorias del Primer Congreso de Contracultura, editado por Generación, el CULagos y el Consejo Nacional de Cultura; con una reproducción de “La diabética”, pintura de Alejandro Colunga y viñetas en interiores de Felipe Posadas-, en donde se da cuenta no sólo de lo que motivó a esta actividad cultural, sino que sirve como una referencia necesaria –por las plumas registradas- de lo que esa etiqueta, la “Contracultura”, significa y ha significado, en el desarrollo cultural de nuestro vapuleado país.

Lo que en un principio nació a partir de una plática al calor de las copas se ha convertido en una de las actividades más atractivas organizadas por el CULagos, dentro del amplio y diverso panorama de actividades académicas y culturales que organiza este centro universitario, panorama que lo distingue, además y por mucho, de los demás centros que integran la red universitaria: el Seminario Internacional de Verano, el festival cultural Otoño en Lagos, el ciclo de conferencias del Seminario de Historia Mexicana, la cátedra Frank Durkheim, la puesta en marcha del centro cultural “para la difusión de la ciencia y el arte” Casa Serrano (¡nunca olvidaremos su atiborradísima inauguración, con la presencia de Jaramar Soto!), un envidiable programa editorial, con títulos tanto de divulgación académica y científica como literaria, son tan sólo algunos de los proyectos impulsados por este centro universitario regional y que han impactado, de manera evidente –y contundente-, no sólo en la comunidad propia del CULagos, sino en los habitantes de Lagos de Moreno, e incluso de los municipios vecinos.

El Congreso Nacional de Contracultura, aunque no se crea, se está convirtiendo en una cita obligatoria, y necesaria. Tan sólo hace unas semanas, Frank Lozano, editorialista del periódico Público, recordaba la noche inolvidable de la Congelada de Uva y hacía énfasis en la necesidad de la provocación. La provocación entendida como oportunidad para el cambio, como detonador, como palanca para impulsar otro tipo de reflexiones, más tolerantes e incluyentes, más abiertas y democráticas, mas plurales y sensibles. Y vaya que mucha falta hace este tipo de actitud en nuestro país hoy en día.

Por lo tanto, llegar a la sexta edición de una actividad aparentemente transgresora, irreverente y desmadrosa, confirma lo escrito por el propio rector del CULagos, el doctor Castelán, en el prólogo a las “Memorias…”: “la contracultura si no es libre y contestataria, no es. La contracultura es ruptura de órdenes y oposición a la forma de disciplina de cubículo”. Completamente de acuerdo. Y una contundente prueba de lo anterior radica no sólo en la continuidad del congreso, sino en sus temas a reflexionar para la edición de este 2008: los cuarenta años de la primera edición de la novela símbolo de la contracultura en México –Pasto Verde, de Parménides García Saldaña-, y los veinte años de existencia de la revista Generación, publicación que ha sabido mantener vigente el espíritu de la contracultura, no sólo por la era existencia de la revista sino por las actividades y proyectos editoriales que también ha organizado, siempre bajo la imprevista y telúrica presencia de Carlangas Rentería.

Recordando el título de la canción de José José, “cuarenta y veinte”, la edición de este año del Congreso Nacional de Contracultura, a realizarse los días 27 y 28 de noviembre, no sólo permitirá hacer un homenaje a un escritor outsider, inclasificable –aunque lo quieran mete en ese invento llamado “literatura de la onda”-, que fue Parménides; ni celebrar las dos décadas de existencia de Generación. Servirá, también, para debatir sobre la legalización de las drogas en México, tema traído de nueva cuenta al debate gracias a nuestros sabios diputados –que andan queriendo legalizar el consumo de mostaza y otras linduras en el país-; o para tener la oportunidad de saber si hay contracultura en Jalisco, e incluso hasta reflexionar si todavía es válido hablar de contracultura en tiempos en donde muchas manifestaciones de la rebeldía de hace algunos ayeres hoy son simpáticas y domesticadas manifestaciones artísticas sometidas ante el dios de la mercadotecnia y el alelamiento.

No hay en el país una iniciativa similar como el Congreso Nacional de Contracultura. Por ello la invitación no es simple: ¡tienen que acudir! Sólo estando en las calles de una de las ciudades más tranquilas y conservadoras del estado de Jalisco se podrá entender la efervescencia provocada, como si fuera un alka-seltzer, ante nuestra cotidiana, monótona, cruda, y a veces terriblemente aburrida, cotidianeidad.

David “el negro” Guerrero

Noviembre 2008


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